Más de 7 años

¿Cómo ayudar a tu hijo a aprender a redactar?

En el colegio enseñan a los niños a redactar, pero los padres, desde casa, también podemos echarles una mano.

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Redactar

Los siete años quizá sea demasiado pronto para que un niño redacte bien (hace nada que aprendió a leer de corrido) y, seguramente, escribir todavía sea para él algo parecido a dibujar.

Pero la caligrafía es más importante de lo que parece. Mientras la practica se pueden detectar defectos de visión y de estructuración del espacio, así como dislexia o algún otro problema. Desde las primeras letras es bueno que escriba en hojas cuadriculadas mejor que de rayas: le resultará más fácil hacer una letra legible al apoyarse en una estructura doble (la altura y la anchura del cuadro). Es importante que separe bien las palabras y que junte las letras que las conforman: aunque irá modificando su escritura a medida que crezca, interiorizará correctamente vocablos y frases.

¿Se expresa bien?


En el colegio, empiezan a desarrollar la estructura escrita a partir de los diez años, pero antes deben haber adquirido una base que les ayude a expresarse más adelante. El dominio de la expresión oral y el hábito de lectura son los pilares fundamentales.

Lo primero que necesita un niño para hablar correctamente es conversar a menudo con sus padres y con otros adultos. No utilicemos con él un lenguaje excesivamente infantil. Si no conoce el significado de una palabra, aclararemos sus dudas o, mejor aún, invitémosle a que consulte el diccionario.

¿Qué estrategias divertidas fomentan su imaginación y su capacidad expresiva?

Retomar el «¿por qué?». Cuando era más pequeño, a veces nos agotaba con su implacable «y ¿por qué?». Es el momento de volver a ello, pero justo en sentido contrario. Si vamos al cine, podemos ayudarle a reconstruir lo que ha visto, para que ejercite la memoria, imprescindible para expresarse bien por escrito.

Jugar a los adjetivos. «¿Cómo es el coche?». «Verde». «¿Y...?». «Grande». «¿Y...?». «Alargado». (Así, hasta que llegue a adjetivos supuestamente absurdos). «¿Y...?». «Tiene cara de bueno». «¿Y...?». «Por atrás parece que le da vergüenza algo»... Nos reiremos juntos y haremos volar su imaginación.

Al Veo, veo. Lo complicamos más o menos en función de su edad (sílaba, letra...). Este incombustible juego fomenta su fantasía y su capacidad de observación, dos condiciones básicas para redactar.

Palabras encadenadas. Desciframos las que le suenen a chino y, para que la cadena no se rompa cada dos por tres, fijamos normas sobre la marcha (por «-on» acaban muchas palabras, pero ¿cuántas empiezan? Una ayuda: «once», «onda». ¿Valen diminutivos?).

Ampliar las frases. Internet y los medios de comunicación en general utilizan un lenguaje muy sintético que puede influir en que nuestro hijo hable como un indio de película. Para contrarrestar, podemos pedirle que nos explique sus experiencias con detenimiento. Si fue de excursión: ¿qué hizo?, ¿cuánto duró el viaje?, ¿qué comieron?, ¿de qué color era el campo?, ¿había nubes?, ¿qué animales vieron?... (no valen monosílabos). También es eficaz prepararle antes un breve guión para que cuente su aventura o pedirle una pequeña redacción con sus vivencias.

Cuentos colectivos. Toda la familia participa: uno empieza y otro sigue, hasta el final. ¿Y qué tal si luego lo escribe él solo (resumidito, claro)?

Mesa redonda, pero informal. A los 9 o 10 años ya puede comentar con nosotros un programa de televisión, un cuadro, una película de cine...

Cómo convertirle en un apasionado lector

Lo más importante es demostrarle que leer no es aburrido:

  • Podemos jugar con él a cambiar los finales de los cuentos o comprarle libros con desenlace abierto para que pueda terminarlos.
  • Existen cuentos con los párrafos en lengüetas recortadas que van eligiéndose al azar y permiten construir muchas historias. Mejor aún si hacemos alguno con su ayuda, recortando y pegando párrafos de varios libros fotocopiados. Si son de tema parecido, no es difícil dar sentido a los diferentes relatos.
  • La lectura de comics es buena en su justa medida. Los tebeos emplean el lenguaje cinematográfico, con frases muy cortas, y, si es lo único que lee, solo aprenderá expresiones muy pobres. Podemos hacer una fotocopia del cómic y borrar con Tipp-Ex los textos de los bocadillos, para que invente su propia historia. Si le gusta dibujar, hasta puede fabricar sus propios tebeos.
  • Si le aburren las lecturas de las clásicas colecciones para niños, facilitémosle obras tan fabulosas como La isla del tesoro, Alicia en el país de las maravillas, Los viajes de Gulliver, El Principito o alguna de Julio Verne o Emilio Salgari. Y hay estupendas adaptaciones infantiles de los clásicos: La Ilíada, La Odisea, El Quijote...
  • Cuando se anime a escribir un cuento, recordémosle que ha de describir el lugar, los personajes, preparar el final (sin acabarlo de un plumazo)... Si describe algo o a alguien, ha de especificar su forma o expresión, la opinión que tiene él sobre ellos, etc.

Asesora: Manuela Martín Herranz,licenciada en Ciencias de la Educación, especialista en Formación del Profesorado.

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