COVID-19 en niños

Cómo ayudar en la escuela a los niños con COVID-19 persistente

Aunque las estadísticas señalan que la COVID-19 suele ser más leve en los niños, se han registrado muchos casos de COVID-19 persistente entre los más pequeños, la cual cursa muchas veces con fatiga y cansancio general.

Al igual que los adultos, tanto los niños como los adolescentes también pueden tener síntomas de COVID-19 persistente después de una infección con el SARS-CoV-2, aunque, como indican las estadísticas, la frecuencia tiende a ser algo mejor. 

De acuerdo a un estudio publicado en Lancet Children Adolescent Health, alrededor de un 4% de los niños de entre 5 a 17 años infectados con SARS-CoV-2 tienen síntomas persistentes cuatro semanas después de la infección. Y otras estadísticas aumentan ese porcentaje hasta el 8%.

Las familias describen múltiples síntomas, como: dolor, dolor de estómago, fatiga y dificultades de aprendizaje, a menudo síntomas inespecíficos, pero que pueden, en algunos casos, pesar mucho en la vida diaria del niño. Especialmente cuando también surgen otros síntomas, como dolores musculares y dificultad para respirar.

Tal y como señalan los expertos, es posible ver niños que asisten a los colegios y a las escuelas pero que, sin embargo, se encuentran demasiado cansados como para hacer deporte. Y mantienen que la COVID-19 persistente puede tomar la máscara de una depresión o un descenso en el rendimiento escolar de los más pequeños.

Lo que nos llevaría a la siguiente pregunta, ¿cómo se podría apoyar, en las escuelas, a los niños que han desarrollado COVID de larga duración? ¿Qué deben de saber los profesores?

¿Qué es la COVID-19 persistente y cómo puede afectar a los niños y adolescentes?

Como hemos visto, si bien muchas personas que contraen la COVID-19 se recuperan por completo en unos pocos días (o, como mucho, en unas pocas semanas), algunas continúan lidiando con síntomas que persisten durante meses, lo que dificulta llevar a cabo actividades normales, propias del día a día.

De acuerdo a los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC), cuando una persona experimenta problemas de salud nuevos, continuos o recurrentes, durante 4 semanas o más después de una infección inicial por COVID-19, está experimentando COVID persistente (o de larga duración).

COVID-19 persistente en niños
Foto: Istock

Al tratarse de una afección nueva, es normal que muchos padres de niños con COVID persistente no sepan cómo ayudarlo a regresar al estilo de vida activo y saludable que tuvo antes de la infección.

Como señalan los expertos, son los padres quienes, junto con el pediatra del niño, pueden evaluar los síntomas físicos que este tenga. Esto es importante, ya que una investigación publicada a principios de año señaló que, para algunos niños, la actividad mínima podría provocar una recaída.

También debemos tener en cuenta que la salud mental del niño es otro factor importantísimo, ya que permanecer aislado del resto de compañeros puede ser emocionalmente muy duro, especialmente cuando está lidiando con una enfermedad. 

No obstante, cuando el niño regresa a la escuela, es esencial proporcionarle el apoyo que necesitan para tener éxito. Esto se debe a que la fatiga y el cansancio general causado por la COVID-19 persistente puede ser tan debilitante que, a menudo, los niños únicamente pueden concentrarse y participar en las actividades de la clase durante un período corto de tiempo.

De ahí que sea esencial permitir un horario flexible para aquellos niños que estén lidiando con la COVID-19 persistente, días escolares reducidos y, en caso de ser necesario, opciones de aprendizaje en línea. 

En el caso de los padres, por ejemplo, pueden pedir la carga mínima de asignación que sería obligatoria para aprobar los trimestres, y solicitar —incluso— que los profesores puedan publicar sus clases en línea para que el niño, cuando se encuentre mejor, sea capaz de visualizarlas con calma. 

No debemos olvidarnos de algo importante: la COVID-19 persistente es duro tanto para los niños como para sus familias. Pero que tanto los profesores como la dirección del centro escolar lo tengan en cuenta desde un primer momento puede marcar una gran diferencia para elaborar un plan de aprendizaje que se adapte mejor a las diferentes necesidades del estudiante.

Christian Pérez

Christian Pérez

Colaborador de Ser Padres, especializado en divulgación científica y sanitaria, maternidad y embarazo. También se dedica a la verificación de hechos (fact-checking).

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