Más de 11 años

Cómo ayudarles a adquirir el sentido de responsabilidad

«Todavía tengo tiempo», dicen, y lo dejan todo para el final. Pero luego les pilla el toro.

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Todo para el final

¿Qué suelen dejar los adolescentes para el ultimísimo momento? Está claro: los asuntos que menos les molan. En esto son un reflejo exacto de los mayores (basta con darse una vuelta por la Agencia Tributaria el último día de pago y medir la longitud de la cola).

Nada de imposiciones

Pero que muchos adultos caigamos en ese error no debe ser obstáculo para enseñar a nuestro hijo a repartir bien su tiempo entre el ocio y las obligaciones. Una tranquila conversación en la que le demostremos razonadamente que la mejor recompensa casi nunca es inmediata será muy útil.

A estas edades pueden tener dificultades para discernir los beneficios que implica, a largo plazo, afrontar las tareas a su hora. Quizás no vean la utilidad de estudiar día a día o recurran al fatídico ¡pero si todavía tengo tiempo...!

Cuando se escuden en este tipo de argumentos, debemos contradecirles de forma racional. No hay cosa que despierte más la rebeldía de un adolescente que un ¡lo haces porque lo digo yo, y punto!

Según Amelia Prieto, psicóloga clínica experta en Desarrollo, podemos reforzar nuestros argumentos con algún tipo de recompensa (una subida de la paga, un libro, un videojuego, etc.), «pero esta táctica sólo hemos de utilizarla al principio, ya que es importante que adquiera unos hábitos». Si siempre que hace lo que debe recibe una gratificación, podemos convertir a nuestro hijo en un pequeño chantajista.

Una agenda

¿Qué hacer entonces? Podemos pactar con él alguna frase interesante que le recuerde sus obligaciones y colocarla en el lugar que él elija. También le será muy eficaz confeccionar su propia agenda (le gustará que le dejemos la nuestra como modelo). Pero tengamos cuidado de no traspasarle el estrés de los adultos. Puede que él necesite más tiempo que nosotros para realizar ciertos cometidos.

¿Y si le pilla el toro y no le da tiempo a preparar un examen o a terminar un trabajo escolar? Siempre es preferible no permitirle que se quede una noche sin dormir ni realizar la tarea por él, aunque se arriesgue a suspender. Puede que las calabazas le enseñen a hacer antes las cosas la próxima vez.

Tampoco es bueno estar recordándole a cada paso: «Haz esto»; «No te olvides de...». Adoptar esta actitud puede ser contraproducente porque estamos impidiendo que desarrolle su propia capacidad de decisión. «El chico delega su fuerza de voluntad en los padres –explica la psicóloga clínica Susana Bas–, ya que interioriza que siempre va a tener a alguien que le recuerde cuándo y cómo tiene que hacer las cosas».

En cualquier caso, los castigos han de ser siempre el último recurso, porque las posturas que refuerzan positivamente las actitudes surten mayor efecto que los reproches o amonestaciones.

Etiquetas: 11 años, adolescentes, deberes, educación, estudiar

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