Deporte infantil

Cómo enseñar a nuestros hijos la importancia de la deportividad

Ya conocemos muchos de los beneficios que el deporte puede ofrecer a los niños. Pero, ¿cómo podríamos enseñarles valores relacionados con el deporte, y, particularmente, con la deportividad?

Las competencias deportivas proporcionan grandes oportunidades para que los más pequeños puedan aprender y crecer, de forma que, si nuestros hijos practican algún deporte, debemos aprovechar la oportunidad para enseñarle algunos rasgos de carácter que podrán ser de mucha ayuda en su día a día, como aprender, integridad, perseverancia, actitud positiva, respeto y, finalmente, el amor propio.

Pero, ¿sabías que enseñar a nuestros hijos la importancia de la deportividad es aún más importante si cabe? De acuerdo al Diccionario de la Real Academia Española, la deportividad es entendida como la actitud de quien acepta de buen grado una situación adversa.

Con niños que empiezan a jugar al fútbol a los cuatro años de edad, y participan en el equipo de natación a los seis, enseñar un buen espíritu deportivo se convierte en algo más importante que nunca. 

Y es que, como señalan los expertos, y veremos a continuación, que los más pequeños puedan llegar a entender de qué manera ser un buen deportista es una lección de vida muy importante. Y lo cierto es que los niños pueden aprenderlo cada vez que practican algún deporte de equipo.

¿Por qué la deportividad es tan importante?

El mejor momento a la hora de inculcar valores es, precisamente, cuando los niños son aún pequeños. A pesar de su importancia, a menudo, los padres no tienden a darse cuenta de lo fácil que es enseñar los valores del espíritu deportivo.

En el caso de los niños/as, en especial los más pequeños (hasta los 8 años de edad), los objetivos de los deportes juveniles deben ser no solo la práctica de la actividad física en sí, sino también la interacción con los demás niños/as. De forma que, si enseñamos a nuestros hijos ambos objetivos, hemos empezado a sentar las bases para ello.

Incluso aunque no haya ganadores o perdedores oficiales (algo muy habitual en muchas ligas deportivas para los niños más pequeños), permanecer a un equipo, y contar con uniformes, ayuda a introducir la competencia. 

De ahí que sea muy importante que los padres y los entrenadores mantengan el énfasis en hacer ejercicio, jugar juntos y divertirse.

Cuando el niño tiene 8 años de edad o menos, los deportes de equipo de baja presión son considerados como las mejores opciones. Aunque es cierto que, independientemente del tipo de deporte que practique nuestro hijo, debemos fijarnos muy bien en que su entrenador haga especial hincapié tanto en la diversión como en el buen estado físico (y no en ganar o perder).

Deportividad
Foto: Istock

A partir de los 8 años de edad (concretamente, entre los 8 y los 12 años), es importante seguir incidiendo en el respeto por los compañeros que forman parte del equipo, los miembros del otro equipo y el propio juego en sí. Y aunque ganar y perder también adquieren una mayor representatividad en esta etapa, es esencial que se le reste importancia

A la hora de impartir estos valores, tanto los entrenadores como los padres pueden utilizar una combinación de educación (es decir, enseñar a los niños), presión positiva de los compañeros y una serie de consecuencias o políticas (como una especie de sistema de advertencias por incumplimiento de las reglas, seguido de la suspensión de la práctica o del propio juego en sí).

Incluso manteniendo una base firme, a medida que los niños se acercan a la pubertad, es normal que los ánimos empiecen a calentarse en el terreno de juego. En este sentido, los expertos inciden en que, tanto los padres como los propios jugadores, deben saber cómo predecir y evitar los “estallidos”.

En este sentido, es importante conocer las actitudes de nuestros hijos/as acerca de ganar y perder, la competencia y el trabajo en equipo. En caso de que nuestro hijo/a sea una persona especialmente competitiva, es fundamental esforzarnos más para ayudarle a controlar sus emociones.

También es recomendable conocer los factores desencadenantes que pueden influir en la aparición de falta de deportividad entre los más pequeños. Pero, sobre todo, es esencial saber cómo calmarse cuando sea necesario, teniendo un plan de juego sobre qué se debería hacer en aquellos momentos en los que alguno de esos factores desencadena una respuesta emocional. 

La importancia de enseñar respeto y confianza en el adolescente

En la escuela secundaria, los niños/as ya son muy conscientes de ganar y perder, y su propio desempeño, lo que puede causar problemas para el buen espíritu deportivo. Lo cierto es que la presión por conseguir los mejores resultados aumenta a medida que también crece la edad, incrementándose las posibilidades de que los niños hagan lo que tienen que hacer para ganar.

Aunque esto puede ser positivo, también significa que es más probable que acaben cruzando la línea, burlándose de otro jugador o eludiendo algunas reglas. De ahí que, desde el primer día, cuando se pisa la cancha o el campo, es esencial enseñar tener respeto por el juego y por todos los competidores por igual.

Christian Pérez

Christian Pérez

CEO y Editor de Contenidos en Gaia Media Magazines, especializado en maternidad, salud, ciencia y nutrición.

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