Explicar el cáncer a los niños

¿Cómo explicar a los niños que un ser querido tiene cáncer?

El cáncer es un monstruo que muchos niños no alcanzan a comprender. ¿Cómo podemos explicarles esta difícil situación? Te enseñamos a hacerlo.

Explicar cáncer a los niños

La Sociedad Española de Oncología Médica (SEOM) estima que la incidencia de cáncer en España será de 277.234 nuevos casos para el año 2019. Hasta los 80 años, los hombres tienen un riesgo de desarrollar cáncer en un 42,5%, en el caso de las mujeres se queda en un 27,4%. Esto hace que, muy probablemente, nuestros hijos tengan contacto con la enfermedad oncológica de manera directa o indirecta a lo largo de su infancia.

 

 

Es muy importante que los adultos del entorno del niño, ya sean los padres, los maestros, los familiares cercanos o los amigos, les ayudemos a atravesar esta situación de la forma más natural posible para que la experiencia no sea tan dolorosa.

Hay que tener en cuenta que los niños no son ajenos a lo que sucede a su alrededor; el cáncer produce una serie de cambios en el entorno que el niño percibe. Puede que los adultos pasen menos tiempo con él, que las rutinas y los hábitos familiares cambien, que se produzcan tanto cambios físicos como en el estado de ánimo de los padres y familiares o un menor contacto con su ser querido. Si todo ello no es explicado y compartido con el niño, puede generarle sentimientos de incertidumbre, tristeza, soledad, miedo o culpa.

Se sufre más por lo que no se sabe que por lo que se sabe; de ahí la importancia de explicar en un lenguaje acorde a la edad del niño lo que está pasando y permitir que exprese sus emociones, temores y preocupaciones de forma abierta; de no ser así los sentimientos negativos pueden ir en aumento.

Lo más adecuado sería que la información la transmita un adulto de referencia para el niño: padres, abuelos, tíos o maestros; de este modo le daremos libertad y confianza para manifestar cómo se siente y las dudas que pueda tener. Es muy importante que se encuentre en un lugar y momento idóneo para hablar con el niño, sin distracciones que interrumpan la conversación y que se invite al menor a comentar todo aquello que le inquieta. Facilitaremos su expresión emocional invitándole a que nos comente cómo se siente y también podemos expresar cómo nos sentimos nosotros, abriendo la posibilidad de compartir sentimientos generando de esta manera alivio y confianza.

Es mejor que llamemos a las cosas por su nombre, y que mencionemos que el ser querido “está enfermo” y qué es lo que está haciendo para curarse; tratamientos, hospital, médicos, etc. En este momento podemos explicar a través de metáforas con animales, personajes de cuentos, aventuras, plantas,  árboles, etc., que los seres vivos enferman y que en ese proceso se producen cambios que alterar la forma de ser y de sentirse de los enfermos (cambios corporales, en el estado de ánimo, en sus ocupaciones y responsabilidades habituales) y que esto es lo que está pasando con el adulto enfermo, que no somos responsables de lo que sucede y que por el contrario podemos contribuir a que el enfermo se sienta mejor, cuidándole y apoyándole, que podemos ser sus “pequeños médicos”.

El mensaje debe ser lo más ajustado a la realidad posible, ni fatalista ni generador de falsas expectativas, lo mejor es decir lo que está pasando y las consecuencias directas que la enfermedad va a tener en el ambiente familiar: cambios en las rutinas, cuidados, hábitos, etc, e ir dando respuestas a medida que el tratamiento evolucione a la par que las vamos obteniendo nosotros. De este modo, generamos la confianza en el niño de saber que no le mentimos y que puede acudir siempre a nosotros en caso de dudas. Habrá preguntas que no tengan una respuesta segura, clara o inmediata. También podemos decir que hay cosas que no sabemos pero que lo que si podemos hacer es ayudar, en la medida de lo que cada uno podemos en la familia a solventar la situación

La participación activa en el proceso es fundamental, hacerles sentir útiles en el proceso de curación es muy positivo; hablar con el ser querido y verlo, hacer cosas con y por él: llevarle el desayuno, ayudarle a ponerse los zapatos, peinarle, leerle un cuento, etc; hacen que el niño se sienta partícipe y esto le genera bienestar.

Puede que en algunos casos nuestros hijos no quieran hablar del tema, ni participar en nada que tenga que ver con la enfermedad, o por el contrario se muestren muy tranquilos y continúe con su vida normal como si no pasara nada; en ambos casos debemos dar el tiempo que cada uno necesite y respetar sus momentos, cada niño es diferente, lo más importante es que ellos nos vean accesibles y dispuestos a compartir cuando quieran todo aquello que necesiten, pero sin presionar.

Nuestros hijos necesitan seguridad y protección, y por ello vamos a ser nosotros quienes les apoyemos en estos momentos, adelantando y prediciendo lo que va sucediendo, es bueno que comentemos esta situación en su entorno más cercano: colegio, profesores, cuidadores, padres de amigos, vecinos, etc., para puedan apoyar al niño si lo necesita. Es fundamental que mantengamos, en la medida de lo posible su rutina y si algo va a cambiar comentarlo previamente con el niño, esto les brindará seguridad en nosotros, ante una situación tan difícil y cambiante como es el cáncer.

Por último, no debemos olvidar que los sentimientos positivos, como la alegría, satisfacción, felicidad y amor, deben seguir presentes en nuestro día a día y en el de nuestros hijos.

Mónica Fraca, psicóloga y psicoterapeuta familiar en Psicólogos Pozuelo

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