Ansiedad infantil

¿Por qué algunos niños prefieren seguir llevando mascarilla?

¿Por qué algunos niños y adolescentes pueden sentir ansiedad, temor y nerviosismo tras la retirada de las mascarillas?

Hace pocas semanas que hemos vuelto a las escuelas y que las mascarillas han dejado de ser de uso obligatorio en interiores tras dos años de uso continuado de la misma, por ende, también en los centros educativos. Todos pensábamos que sería una buena noticia puesto que significaba un gran paso de vuelta a la normalidad, pero pocos se pararon a pensar que “esta vuelta a la normalidad”, podría causar ansiedad u otros trastornos entre nuestra infancia y/o adolescencia. A muchos de los niños, niñas y jóvenes la mascarilla les había aportado seguridad, esa seguridad que les daba confianza en sí mismos; ahora, con su retirada, experimentan el síndrome de la cara vacía.

Miedo por la retirada de mascarillas en niños
Foto: Istock

El síndrome de la cara, se ha definido como “una fobia que se caracteriza por la sensación de inseguridad que se genera en la persona al dejar al descubierto la cara, en este caso, por la retirada de las mascarillas”. Encontramos dos variantes diferentes, una es el miedo a mostrarse a los demás y la otra es la fobia a contagiarse.

Este síndrome, está afectando en mayor medida a los niños, a las niñas y a los adolescentes, es la población que se encuentra en una etapa de la vida de crecimiento personal y físico, aspecto en el que sufren muchos cambios, así como en pleno proceso de socialización y desarrollo de la personalidad. La mascarilla le ha aportado seguridad a la hora de expresarse y hablar en público y además, en la adolescencia, ha actuado de escudo protector ocultando el acné, el vello o los “brackets”. La población adulta también está experimentando este síndrome, tras haber ganado seguridad por llevar la mascarilla.

Tenemos que ser conscientes y empáticos con las personas que lo experimentan, tienen que tener un proceso de cambio y adaptación “de vuelta a la normalidad” por lo que no podemos forzarlas y deben ser ellas mismas las que marquen sus tiempos y se den cuenta de que van a ser aceptadas.

Se recomienda hacer una lista de situaciones que estas personas detectan como incómodas para poder ir enfrentándose a ellas poco a poco. Obviamente, debemos ir de menor a mayor grado de incomodidad y abordarlas desde las más sencillas a las más complejas para lograr su éxito y trabajar así su autoestima y motivación.

Por otro lado, tenemos que estar alerta frente a los pensamientos irracionales que generamos las personas e intentar recolocarlos, es muy positivo recalcar que la mascarilla nos separa de ver el rostro de las personas y por ende, de entender y ver qué emoción sienten en cada momento, debemos saber que ver a las personas nos hace regular las emociones.

Otro aspecto positivo a tener en cuenta que podemos y debemos transmitir a las personas que presentan este síndrome es que, sin la mascarilla, pueden respirar mejor, tener una visión más óptima y sentir menos calor. 

Cómo podemos actuar entre los niños, niñas y adolescentes que presentan el síndrome de cara vacía

Qué hacer cuando el niño tiene miedo por la retirada de las mascarillas
Foto: Istock

Tenemos que tener en cuenta que debemos ayudar a esta parte de la población más vulnerable tanto desde la familia como desde la escuela. Primero debemos conocer y analizar los pensamientos que tiene el niño, niña o joven sobre quitarse la mascarilla, con estos datos, podremos saber y entender qué es lo que le acompleja y cuáles son los miedos que presenta.

Si la causa es un complejo por su cara o alguna parte de ella debemos trabajarlo progresivamente, “tapar la parte que no nos gusta del rostro hace que hagamos más grande el disgusto cuando nos la descubrimos puesto que estamos acostumbrándonos a no verla, es por ello que cuando la vemos, cada vez nos gusta menos”.

Podemos seguir unas pautas para que las personas que experimentan este síndrome, vayan cogiendo seguridad poco a poco y lleguen a ser capaces de volver a enseñar su cara ante los demás:

  • Fijarnos detenidamente en lo que no nos gusta. Nuestro objetivo será normalizar que esa parte de la cara forma parte de nosotros, de nuestro cuerpo y que tiene su función, por ejemplo, la boca. La boca nos permite comunicarnos de forma verbal, comemos a través de ella, expresa emociones… así que nos pondremos frente a un espejo y nos centraremos en la armonía de todo el rostro, no solo en la boca.
  • Ver y valorar qué es lo que nos gusta. Tras trabajar el punto anterior, seguiremos fijándonos en el rostro, pero esta vez diremos las cosas que sí nos gustan, poniendo la atención en el conjunto que forma la cara. Mientras está viéndose en el espejo, deberá decirse en voz alta lo que le gusta, por ejemplo, “me gustan mis ojos”, “me gusta mi nariz porque es pequeña y respingona” ...
  • Exposición progresiva a la situación. El niño, niña o adolescente, deberá exponerse poco a poco ante esta nueva situación. El objetivo es que sea capaz de controlar la ansiedad que puede presentarse y disipar los pensamientos negativos o que le puedan asaltar mientras no lleva puesta la mascarilla. Tenemos que hacer hincapié en que nadie nos está mirando por la calle (aunque así lo crea) y que estamos experimentando una sensación liberadora.

Atendamos correctamente las necesidades emocionales que presenta la sociedad, si nos centramos en la infancia y la adolescencia, haremos de ellos ciudadanos competentes emocionalmente y por ende personas adultas sanas y responsables.

Irene Alegría

Irene Alegría Mercé

Irene Alegría Mercé, maestra de Educación Primaria e Inglés con más de 14 años de experiencia en Valencia. Licenciada en Psicopedagogía, Máster en Gestión y Dirección de Centro Educativos recibiendo mención a mejor estudiante de postgrado de la Facultad de Ciencias Sociales por la Universidad Europea de Valencia. Postgrado de Mediación Escolar, Perito Judicial Infantil y Experta en Neuroeducación.

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