Educación

Cuarto ordenado: ¿misión imposible?

Algunas estrategias pueden ayudar a que nuestros hijos abandonen su afición por el caos y valoren la utilidad del orden.

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"Debes ordenar tu habitación". En cuanto Lara oye una expresión similar a esta, comienza a hilvanar las disculpas más dispares: le duele la cabeza, mañana tiene un control de mates...

¿Por qué odia tanto recoger sus cosas? Los niños saben apreciar su cuarto bien recogido, aunque solo sea por el placer de poder desordenarlo después. Y valoran que su habitación ofrezca un aspecto grato, porque les resulta familiar y les transmite confianza. No es que les encante el desorden, simplemente odian recoger.

Cómo inculcarles el sentido del orden

Cuando los niños son muy pequeños, a la mayoría les gusta ayudar a papá y a mamá: así se sienten importantes. Pero es muy difícil inculcarles el hábito de recoger sus cosas si siempre hay alguien dispuesto a hacerlo por ellos. Algunos padres relegan a sus hijos de esta responsabilidad y, cuando son más mayores, les exigen que lo hagan solos.

Esto es un error. "Los niños pueden y deben acostumbrarse a ser ordenados desde muy pequeños, exigiéndoles una colaboración que esté  siempre en función de su edad", explica la psicóloga y logopeda Rocío Mayoral.

Entre los siete y los diez años, ya pueden ordenar su habitación sin ayuda de los padres, pero hay que ser flexibles. Por ejemplo, no podemos exigirles que la cama esté perfectamente hecha; basta con que esté estirada (sobre todo, los días de colegio). "Se trata de inculcarles un hábito, una responsabilidad hacia sus cosas –matiza Rocío Mayoral–. No importa que todavía tengamos que retocar lo que ellos han ordenado. Lo fundamental es que colaboren en un espacio que deben sentir como responsabilidad propia: su habitación".

Un planning hecho a su justa medida

Programar unas normas mínimas de actuación puede ser la mejor manera de evitar que el desorden alcanzado supere el grado de tolerancia admitido. Para ello, conviene convocar una reunión familiar, antes de que la conspiración de muñecos y piezas de construcción amenacen la paz familiar, en la que cada uno pueda aportar su opinión.

Las siguientes sugerencias pueden ayudarnos:

  • ¿Cada cuánto tiempo? Se puede optar por recoger cada día lo más urgente y fijar un día a la semana para establecer un orden más minucioso.

  • Distribuir las tareas. Cuando dos hermanos comparten habitación, cada uno deberá responsabilizarse de una tarea en concreto. Si las intercambian cada cierto tiempo, eliminaremos su inevitable tendencia a pensar que la parte que les ha correspondido es, precisamente, la peor.

  • Un sitio para cada cosa. Pero no se lo pongamos difícil. Estanterías para libros y cuentos, pero colocadas a su altura; baúles espaciosos para los juguetes grandes; y pegatinas (un muñequito, un coche) para averiguar, con un simple vistazo, qué contienen las cajas pequeñas.

  • Respetar sus pequeños tesoros. Si han dedicado toda la tarde a construir una estación de ferrocarril o una tienda de campaña hecha de sillas y mantas, ¿cómo no van a protestar si les exigimos que destruyan sus obras de inmediato?

  • Un mínimo de tolerancia. La habitación no tiene por qué estar siempre perfectamente recogida. Es su territorio privado y cierto grado de  desbarajuste contribuye a dar rienda suelta a su fantasía.

  • En determinados momentos de rebeldía, podemos echar mano de algunas estrategias: dar una puntuación al orden conseguido, emplear un cronómetro, jugar a detectives de objetos no colocados en su sitio...

  • El ejemplo, como siempre, es el mejor de los métodos. Si nosotros mismos no somos ordenados, conseguir que ellos lo sean es ardua tarea. Pero nunca debemos pretender que el orden se convierta en un sagrado principio que coarte sus ganas de jugar, de construir, destruir y volver de nuevo a inventar.

¿Hay que premiar sus esfuerzos?

"El elogio de los actos que realiza de forma adecuada es el mejor de los premios para un niño –asegura la psicóloga y logopeda Rocío Mayoral–. Si los padres valoran su esfuerzo, él se considera mayor y esto es lo que más satisface a un niño a medida que crece".

Pero también se le pueden ofrecer recompensas no materiales: una tarde de cine, jugar con él a su juego preferido... Cuando no cumpla su tarea, ha de saber que nadie la hará por él. Si se le impone una sanción, no debe ser mala ni frustrante y ha de ser dialogada de antemano con él.

Etiquetas: 6 años, 7 años, adolescentes, hijos, padres

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