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Depresión

Depresión infantil: todo lo que debes saber y síntomas de alarma

Solemos pensar que solo los adultos padecen depresiones. Sin embargo, la realidad es que tanto los niños como los adolescentes pueden sufrirla, independientemente de la edad que tengan. No obstante, sí es cierto que sus síntomas pueden variar, por lo que se hace necesario conocer más sobre ella, para que tanto los padres como los tutores estén alerta.

Depresión infantil
Foto: Istock

Es muy habitual pensar que la depresión es una enfermedad que únicamente sufren los adultos; o, como mucho, también los adolescentes. Sin embargo, originalmente es poco conocido que los niños igualmente podrían acabar padeciéndola. Debido principalmente a que los adultos no son del todo capaces de reconocer sus síntomas entre los más pequeños, es igualmente común que los niños con depresión no reciban el tratamiento más adecuado.

Tendemos a pensar que, por el mero hecho de ser niños, sin complicaciones ni preocupaciones propias de los problemas de los adultos (como organizar una casa, trabajar y / o pagar las facturas), no deberían estar deprimidos. Pero muchos niños también pueden experimentar estrés, e incluso aquellos que no se sientan estresados, también podrían desarrollar depresión.

Debido a ello, es imprescindible que los padres aprendan más acerca de la depresión infantil, así como los propios maestros y también el resto de adultos, puesto que comprender sus síntomas y las causas (o las razones por las que los niños podrían acabar desarrollándola) es fundamental para poder intervenir no solo de manera útil, sino sobre todo adecuada.

Síntomas de la depresión en niños

Aunque tendamos a pensar que los síntomas de la depresión en los niños suelen ser parecidos o incluso idénticos a los que tienden a surgir en la etapa adulta, la realidad es que a menudo es más habitual que se presente de forma diferente. Así, mientras que la tristeza es más común entre los adultos, cuando un niño o un adolescente tiene depresión pueden parecer más enojados o irritables.

También es posible observar cambios en el comportamiento, como una disminución en las calificaciones del colegio o escuela, o mostrarse más desafiantes y con mayor ira. Además, es posible que sufran determinadas molestias físicas, como continuos dolores de estómago o de cabeza.

Cuando el comportamiento del niño cambia, y de repente empieza a volverse más irritable o irascible, muchos padres creen que se trata de una fase propia de su desarrollo. Aunque en la mayoría de las ocasiones, esto originalmente puede ser así y no tiene por qué ser una señal de algún problema mayor, cuando esa irritabilidad o esos cambios en el comportamiento duran más allá de dos semanas sí podría acabar convirtiéndose en un signo de depresión.

¿Cuáles son las causas?

Cualquier persona puede acabar desarrollando una depresión. Y ello no debe ser visto como una señal de debilidad. Al contrario, incluso cuando es nuestro hijo/a quien puede estarla padeciendo, no debemos culparnos por ello.

Si bien es cierto que determinados eventos y situaciones estresantes, como un divorcio, pueden contribuir a la aparición de la depresión entre los más pequeños de la casa, la realidad es que no es la única causa relacionada. También existen muchos otros factores, entre los que se incluyen la genética, los antecedentes familiares, determinados factores ambientales y la propia química del cerebro.

Síntomas de la depresión en niños
Foto: Istock

Determinados desequilibrios en ciertas hormonas o neurotransmisores (pueden influir en el funcionamiento normal del cerebro), afectando a las emociones y al estado de ánimo, y aumentar a su vez el riesgo de sufrir una depresión. También se ha descubierto que aquellos niños con familiares que también padecen o han padecido en algún momento de sus vidas determinados trastornos del estado de ánimo, entre los que precisamente se encuentra la ansiedad, tienen un riesgo mayor de presentar síntomas de trastornos depresivos.

Un cambio repentino, como un divorcio, o determinados eventos traumáticos, como una agresión o el abuso, también pueden contribuir a la aparición de síntomas depresivos. A lo que se le une la existencia de un entorno familiar inestable, caótico o estresante.

¿Cómo se diagnostica?

En ocasiones es posible que los padres sospechen que su hijo/a puede estar deprimido. Si es así, el pediatra puede convertirse en un principio en una primera opción, especialmente a la hora de poder comentarle nuestras preocupaciones.

Eso sí, para poder ser diagnosticados con depresión, tanto los niños como adolescentes deberían presentar, durante al menos dos semanas, cinco o más síntomas. Por ejemplo, estos síntomas deben incluir la existencia de un estado de ánimo irritable o deprimido, la pérdida de interés o placer en actividades con las que disfrutaban con anterioridad, y tres o más de los síntomas que te mencionamos a continuación:

  • Falta de energía o sensación de fatiga constante
  • Disminución del apetito, que podría ir acompañado de una pérdida significativa de peso
  • Insomnio o sueño excesivo
  • Disminución del movimiento físico o inquietud
  • Sentimientos de inutilidad o de culpa
  • Pensamientos de suicidio o de muerte
  • Dificultad para tomar decisiones o concentrarse

No debemos olvidarnos que los niños con depresión también podrían presentar algunos síntomas físicos, como dolor de cabeza y / o de estómago, además de un comportamiento imprudente o un rendimiento escolar que ha disminuido con el paso del tiempo.

Tratamiento de la depresión infantil

Existen distintas opciones de tratamiento, aunque en su gran mayoría incluyen sobre todo psicoterapia, determinados cambios en el estilo de vida y medicamentos. No obstante, los fármacos no siempre son necesarios, debido principalmente a que la psicoterapia tiende a convertirse siempre en una opción viable, la cual puede ser utilizada con o sin medicación. 

En cualquier caso, será el médico o psiquiatra quien recomiende qué plan de tratamiento seguir, lo que dependerá directamente tanto de la naturaleza como de la gravedad de la depresión del niño.

Si bien es cierto que los antidepresivos se caracterizan por ser una forma eficaz a la hora de tratar la depresión en los niños, es imprescindible intentar minimizar el riesgo de que puedan surgir efectos secundarios graves, lo que implica la posible aparición de pensamientos suicidas en menores de 25 años de edad, particularmente en las primeras semanas tras el inicio del tratamiento.

Evidentemente, esto no significa que los niños no deban seguir un tratamiento a base de antidepresivos, especialmente si ha sido el médico quien se los ha prescrito. No obstante, sí es preciso tener en cuenta cuál sería originalmente el potencial de estos fármacos, a la hora de vigilar, supervisar y monitorear de manera cuidadosa el comportamiento del niño, en particular a la hora de detectar posibles síntomas de ideas suicidas.

Por otro lado, la terapia cognitivo-conductual se convierte en una opción tremendamente útil, que a menudo es utilizada en el tratamiento de la depresión. Es interesante porque es de mucha ayuda para que el niño pueda ser capaz de identificar aquellos pensamientos inútiles o negativos, y reemplazarlos con pensamientos más efectivos y positivos. 

Dado que la depresión infantil puede acabar teniendo un impacto bastante grave en la vida del niño, es esencial estar siempre atento a las señales y síntomas que podrían advertirnos de ello. Una intervención temprana se convierte en la mejor forma de volver a la normalidad antes de que los síntomas puedan afectar gravemente la vida del pequeño.

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Christian Pérez

Christian Pérez

CEO y Editor de Natursan.

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