Sentimientos normales

Enamorado de su profe, ¿me debo preocupar?

Cuando los niños sienten adoración por un profesor o profesora, suelen esmerarse más en su trabajo escolar para, de este modo, conseguir su aprobación.

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El niño o la niña hablan constantemente de su profesor o profesora, de sus cualidades casi mágicas y su saber indiscutible. Al mismo tiempo, los padres son analizados con lupa, lo que dicen u opinan puesto en duda y en la comparación salen perdiendo por varias cabezas. ¡Eso es amor...!

Una situación frecuente

Esta inclinación amorosa de los escolares por alguno de sus educadores no es algo raro, sino, por el contrario, frecuente, normal e, incluso, en cierto modo deseable.

La razón es muy sencilla. Los maestros son figuras que representan la autoridad fuera del hogar, actuando así como sustitutos de la madre o el padre. Es decir, esos intensos sentimientos que hasta ahora experimentaba por mamá y papá (recordemos la etapa de "mamá quiero casarme contigo" o "cuando crezca, me casaré con papá") se desplazan hacia la escuela y en concreto hacia la figura del profesor o de la profesora.

Estos "enamoramientos" se pueden producir entre el niño y la profesora o entre la niña y el profesor. En ambos casos, los críos intentarán a toda costa llamar la atención de su "admirado/a" y se aplicarán con más ímpetu en el trabajo escolar para, de tal forma, lograr la aprobación y el cariño que anhelan. Se implicarán más en el trabajo intelectual, se portarán mejor y procurarán colaborar para agradar a sus ídolos.
Por lo tanto, estas pasiones amorosas juegan el papel de motor y de estímulo en los estudios.

También puede ocurrir que una niña o un niño adoren a la maestra del mismo sexo, se identifiquen con él o ella e intenten emularlos, imitando gestos, maneras de moverse o de comportarse.

Estos sentimientos, además de normales, son pasajeros. Evidentemente, siempre que no presenten características exageradas, en cuyo caso habría que rastrear el verdadero problema que puede estar acechando detrás de un sentir desmedido.

En estos casos conviene hablar con el profesor y ver qué puede significar ese vínculo para el pequeño, si está ocurriendo algo conflictivo en casa o si el profesor lo está fomentando, sin intención.

No hay que semtir celos

Muchos padres se ponen un poco celosos cuando su hijo no cesa de nombrar a la maestra o al maestro y todas sus bondades. Lo que ocurre es que, inconscientemente, se sienten apartados de esa relación, de la misma forma que los niños en casa están excluidos de la pareja que forman papá y mamá.

Sin embargo, si los padres comprenden que sus hijos no han dejado de quererles para amar a un extraño, sino que ese desplazamiento afectivo es natural y saludable, vivirán esta etapa sin la sensación de tener que competir constantemente.

Además, estos amores son transitorios. Pueden durar un mes o el curso entero para luego desaparecer y dar lugar a afectos nuevos.

El caso contrario: no lo soporta

Puede darse el caso contrario: odio visceral hacia su profe. Cuando el niño se queja del maestro, expresa su rechazo hacia él y dice que éste le tiene manía, estamos ante un conflicto que hay que analizar.

Es posible que las características del educador le recuerden aspectos que detesta de los padres y pelearse con el profesor es más fácil que hacerlo con los padres. Hay que saber cuál es el meollo del tema, pues, si le cambiamos de colegio, puede ser una huida aunque no el fin del problema. Pero, cuidado, a veces, el niño tiene razón.

Etiquetas: 6 años, educación, niño, padres, profesor

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