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Enseñarles a decir NO al tabaco y el alcohol

La prevención de los hábitos nocivos debe empezar mucho antes de la adolescencia, los padres debemos enseñarles a decir No.

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tabaco y alcohol

Seamos claros: la mejor arma es el ejemplo. La prevención debe empezar desde la infancia, antes de que se haya detectado el primer contacto con el cigarrillo o con el alcohol, y ese empeño resultará mucho más eficaz si el adulto no fuma y no bebe en exceso delante del niño.

Y hay que comenzar pronto, antes de que tengan diez años. Pero, ojo, una información objetiva resulta más productiva que una exagerada e irreal. Los perjuicios objetivos y comprobados del tabaco y el alcohol, de los que hay que hablarles con tranquilidad, son argumentos más que suficientes. Advertirles de que estas sustancias les impiden crecer y desarrollarse adecuadamente es un razonamiento tan real, eficaz e impresionante para ellos como la amenaza de terribles enfermedades a largo plazo. Y si son amantes del deporte, aún contamos con más elementos disuasorios.

En el caso del tabaco, las campañas educativas que los colegios realizan al respecto resultan también de gran ayuda, hasta el punto de que algunos niños, influidos por ellas, llegan a abroncar a sus padres fumadores. Pero no hay que fiarse: el mal ejemplo es difícil de contrarrestar. Cuando no solo algún padre fuma, sino también el mejor amigo, la probabilidad de que el niño lo haga aumenta.

Es una razón importante para vigilar el entorno en que chicas y chicos se mueven. Bien entendido que en este terreno de las amistades hay que ser prudentes y que no es lo mismo una travesura aislada que un peligro real.

Lo bueno y lo malo: ¿saben diferenciarlo?

La protección de los niños contra el tabaco y otros hábitos nocivos, como el alcohol, no se reduce a unas medidas concretas, también tiene que ver con el estilo educativo en general y el tipo de personalidad que se fomenta en el crío. Una personalidad que debe ser sólida, con criterio independiente y capacidad de decidir entre lo bueno y lo malo.

Esto se logra sin ser ni demasiado blandos ni demasiado estrictos: la falta de autoridad produce niños incapaces de discernir entre lo que les conviene o no, mientras que el exceso de autoritarismo puede provocar rebelión.

Es importante enseñarles a decir NO, a defender sus criterios y a no dejarse llevar por los demás. Para eso es bueno fortalecer su autoestima elogiándoles cuando hagan las cosas bien y dejándoles tomar decisiones para que adquieran confianza en sí mismos y solidez de criterio.

¿Y qué podemos hacer para que aprendan a resistirse a las conductas inaceptables inducidas por los otros sin miedo a ser marginados, impopulares o quedarse sin amigos? Por ejemplo, mostrándoles que por tener algunos enfados o diferencias con sus colegas no se acaba el mundo. Será útil animarles a expresar sus sentimientos, también su rabia, y ayudarles a relativizar las causas si es preciso. Y hacerles notar que las escaramuzas y rivalidades son normales, y que esto probablemente no quiere decir que los demás les rechacen. Quizás incluso habrá que ayudarles a entender que ese grupo de amigos no les interesa y que pueden encontrar otros. Es positivo que prueben con diferentes tipos de amistades, y al mismo tiempo, a ser posible, que tengan dos o tres amigos con los que congenien especialmente, y que constituyan un refugio confortable contra los vaivenes de los grupos y pandillas más amplios.

Mostrándoles en familia que la discrepancia no impide ser aceptado aprenderán también a hacer valer sus criterios sin temor al rechazo.

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