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Fiesta de pijamas en casa de un amigo

La primera fiesta de pijamas en casa de un amigo es toda una aventura para el niño y para los padres.

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Fiesta de pijamas

Dormir por primera vez fuera de casa, invitado por la familia de un amigo (y más aún si además hay una fiesta), es una peripecia apasionante para un niño de esta edad. No exageramos en absoluto si decimos que para ellos puede ser algo tan lleno de novedad y de aventura como pueda ser para nosotros, los adultos, viajar de vacaciones a otro continente.

Y además estamos dispuestos a llevar esta comparación hasta sus últimas consecuencias, porque ambas son aventuras no exentas de algún riesgo. Como mínimo, el de sentirse desamparado y extraño (eso, extranjero), la incomodidad y la nostalgia, los deseos irresistibles de volver a casa... En realidad, con la comparación nos hemos quedado cortos: un crío puede sentir todo eso al otro lado de la ciudad incluso con mayor intensidad que nosotros mismos al otro lado del océano.

¡Abajo la rutina!

La vida de los niños, aún más que la nuestra, está llena de rutinas. Nosotros mismos, por su seguridad y nuestra comodidad, nos encargamos de que casi todo lo que hacen al cabo del día, la mayor parte del año, se atenga a un horario casi milimetrado y a un programa controlado. Los hábitos son importantes para un desarrollo armonioso y sin riesgos, y además los niños, que dependen de los mayores para todo, se mueven en territorios y situaciones bastante limitados y previsibles.

Así que una noche en otra casa, y además sin la presencia de los papás, es para ellos algo tremendamente novedoso que promete grandes cantidades de aventura y diversión.

Tiene, además, muchos aspectos positivos para su maduración personal. Permanecer todas esas horas en casa ajena, al cuidado de una familia que no es la suya, conviviendo con otros chicos en su territorio, les permite poner a prueba y desarrollar su competencia social. Y por supuesto, el niño que hace de anfitrión también puede salir ampliamente beneficiado en su maduración social.

Además, pasar fuera la noche, ese momento en que la cercanía de los padres es tan importante, tiene un valor simbólico: es como un rito iniciático de independencia, aunque sea en circunstancias tan protegidas y tuteladas.

Pero no solo son los niños los que se ponen a prueba. Los padres que quieran ser anfitriones de una velada infantil tienen que hacer gala de previsión, flexibilidad y sentido lúdico. Y los papás de los invitados también han de tener en cuenta algunas precauciones. Por ejemplo, advertir de cualquier necesidad o atención especial que su hijo requiera (dormir con luz, levantarse a media noche al aseo...). Y asegurarse de que podrán contactar con ellos si se presenta algún problema.

Debemos transmitirle seguridad

La actitud de los padres que aceptan la invitación ha de ser decidida y estimulante para su hijo, no angustiada, vacilante ni precavida en exceso, porque transmitiría al niño una sensación de inseguridad.

Hay que animarle y mostrarle confianza en que se divertirá y en que sabrá desenvolverse. Claro que no puede excluirse la posibilidad de que, en su primera vez, llegue a sentirse realmente angustiado por la separación y quiera volver a casa. Conviene advertirle (sin darle la impresión de que ponemos la venda antes que la herida) de que, si llega a sentirse muy mal, podemos ir a buscarle. También hay que aclarar a los anfitriones que, si esto sucede y no logran calmarle, deben avisarnos, sin importar la hora, para ir a recogerle.

Los organizadores del festejo han de tener en cuenta que a veces la morriña de un pequeño invitado puede desvanecerse introduciendo un nuevo juego o diversión. Pero quizás comprueben que, simplemente, no está preparado para ese acontecimiento. Si esto se manifiesta, por ejemplo, con un llanto persistente que no admite consuelo, harán bien en llamar a sus padres. Ellos pueden probar a reconfortar al niño por teléfono y, si no funciona, quizás tengan que pasar a recogerle (es una eventualidad con la que hay que contar de antemano). En tal caso harán bien en no avergonzarle, decirle que ya lo conseguirá en otra ocasión y dejar pasar algún tiempo antes de repetir la experiencia. Entretanto, quizás él mismo desee invitar a su amiguito a dormir a casa.

Cuando se trata de una fiesta, son procedentes unos cuantos consejos para los padres que organizan la infantil fiesta. Por ejemplo, planificar algunos juegos y actividades para animar la velada. Y, además, tener la generosidad de preparar estas actividades a fondo perdido.

Queremos decir que quizás tengamos previsto una batería de juegos de mesa, un puñado de vídeos, unos cuantos divertidos juegos de grupo..., para encontrarnos a la hora de la verdad con que prefieren entretenerse, por ejemplo, con los muñecos de Playmobil que uno de de ellos ha traído.

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