Educación del niño

Invertir tiempo en reflexionar sobre la crianza es ahorrar tiempo en resolver problemas de la infancia

Es cierto que nunca es tarde para aprender, pero también que cuanto más tarde te planteas algunos cambios en la educación de tus hijos más difícil resulta ver los frutos de la educación emocional en su carácter y personalidad.

Es cierto que nunca es tarde para aprender, pero también que cuanto más tarde te planteas algunos cambios en la educación de tus hijos más difícil resulta ver los frutos de la educación emocional en su carácter y personalidad. Pero no tanto porque los hijos muestren resistencia a aprender, sino porque a los adultos muchas veces nos da miedo hacer cosas diferentes, necesitamos tener el control de la situación y muchas veces tiramos de experiencia propia o experiencias ajenas aunque no tengan mucho respaldo científico.

Un padre y un niño jugando juntos
Foto: Istock

De alguna manera, se cumple el refrán, “Más vale malo conocido… que bueno por conocer“. La cultura popular está llena de sabiduría, es cierto que hay que ser cautos y prudentes y más cuando se trata de nuestros hijos, pero con todo el conocimiento que hoy en día tenemos, arriesgar a probar prácticas educativas nuevas es ganar seguro, aunque para esto, hay que “desaprender” y romper con algunas creencias que durante años han tenido respaldo social.

Lo que sí hay que tener en cuenta es que si queremos resultados mejores tenemos que empezar por analizar algunas creencias que tenemos sobre la crianza que nos impiden educar con mayor confianza. En educación podemos decir que también existen algunos mitos, creencias que han tenido cierto respaldo social pero que en estos momentos es probable que caigan por su propio peso.

A continuación, os muestro dos situaciones a las que les damos valor bajo el lema “porque siempre ha sido así y no hemos salido tan mal”, esto es peligroso ya que sería como reducir la educación a la propia experiencia sin contemplar toda la ciencia que sustenta los buenos tratos y la educación emocional.

Mito nº1: ''No es bueno que los padres rememos en direcciones distintas, tenemos que ir en una misma línea''

Esto me lo han preguntado muchas veces y con preocupación, ¿si los padres pensamos y actuamos de diferente manera, confunde a nuestros hijos? Tengo que deciros que no es malo pensar diferente pero sí actuar de forma diferente por falta de coordinación y comunicación. Me explico. Si dos padres antes de conocerse ya coincidían en algunas formas de pensar o sus profesiones son similares, por ejemplo, ambos se conocieron en un colegio y se dedican a la enseñanza, es muy probable que estén acostumbrados a reflexionar y poner en común diversos temas de interés y al iniciar su proyecto de familia, aunque piensen diferente les resulte fácil ponerse de acuerdo porque están acostumbrados a escuchar otros puntos de vista, expresar opiniones y a llegar a acuerdos.

Si lo hacen con su alumnado y equipo docente, ¿cuál es la dificultad de hacerlo con la pareja? Aunque también tengo que decir que es cierto lo que dice el refrán, “en casa del alfarero cuchara de palo” ya que he oído a muchos maestros decir, “con mis alumnos me fluye, con mis hijos me atasco”. En cualquier caso, es probable que si utilizas la escucha activa y la empatía en tu trabajo, en casa tengas más facilidad o por lo menos seas consciente cuando no lo haces. Espero haberme explicado bien.

Lo que quiero decir es que los padres que piensan diferente no tienen que esforzarse en remar hacia una misma dirección porque hacer lo contrario de lo que piensas genera mucha frustración, de lo que se trata es de que hablen y que lleguen a acuerdos, que se escuchen y que practiquen la tolerancia ante los puntos de vista contrarios y que tengan por principio no tomar decisiones, como poner un castigo, sin contar con la pareja.

Me han contado alguna vez “mi pareja me desautoriza delante de los niños” y el problema real es que después de poner un castigo sin contar con la pareja, pretenden ser apoyados, “cariño, me voy a trabajar, que sepas que nuestra hija está castigada sin tele”. Aunque la recomendación siempre es no recurrir al castigo para educar como he escrito en otros artículos, aún es más contraproducente castigar sin contar con la pareja y pretender que te apoye creyendo que si te lleva la contraria te quita autoridad. Gran error.

Mito nº2: ''Si le coges en brazos, lo puedes malcriar''

La importancia de coger en brazos al niño
Foto: Istock

Un niño no se malcría porque lo atiendas en un momento de angustia y desesperación, el amor bien entendido nunca hace daño pues no es algo que podamos cuantificar, no hay exceso de amor que dañe a los hijos, es más, lo que conocemos como sobreprotección que es “dar más de lo que necesitan precisamente menos”, no es amor, muchas veces es miedo.

El pensamiento inconsciente que subyace detrás de la sobreprotección puede ser, “tengo miedo a que mi hijo sufra y por eso le doy lo que no necesita, le consigo lo que yo no tuve y le evito todos los sufrimientos posibles para que no me duela verle sufrir”.

Con estos dos ejemplos, tanto la creencia de que los padres tienen que educar igual y que abrazar cuando el menor lo pide es malcriar, quiero resaltar la necesidad de invertir tiempo en reflexionar sobre la crianza porque esto nos permitirá ahorrar tiempo en resolver problemas de la infancia.

No se trata de ser padres perfectos, pero sí de perfeccionarnos durante los doce primeros años como mínimo, porque si no hacemos autocrítica y analizamos lo que pensamos, que tanto condiciona lo que hacemos, educaremos basándonos en creencias populares pero no en conocimiento científico.

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Leticia Garcés

Leticia Garcés

Pedagoga. En 2010 fundó Padres Formados, desde donde imparte cursos de  formación a familias y profesionales en temas relacionados con la Educación Emocional y la Parentalidad Positiva tanto presencial como online, a nivel nacional e internacional (Colombia y México).

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