Educación

La técnica del sándwich para corregir la conducta de los niños

Una mala conducta o comportamiento en los niños es, muchas veces, difícil de corregir o modificar. La asertividad es la mejor forma de lograrlo y la técnica del sándwich puede ser de gran ayuda.

técnica sándwich
Foto Istock

Muchas veces nos desesperamos ante la mala conducta o mal comportamiento de los niños. Perdemos los nervios y no sabemos cómo hacerles entender o ver qué deben cambiar esa forma de actuar. Cuando esto sucede es fácil caer en gritar o castigar, pero ya sabemos que ni los gritos ni los castigos son buenos métodos educativos y, además, no dan resultado.

Cuando un niño repite una conducta inadecuada o reitera un mal comportamiento algo está fallando también en la manera que tenemos de comunicarle que no debe hacer eso. La técnica del sándwich es un recurso muy práctico.

¿En qué consiste la técnica del sándwich?

La técnica del sándwich recibe este nombre porque consiste en hacer una crítica constructiva aplicando “varias capas”, es decir, para cambiar un mal comportamiento, primero ponemos el foco en suavizar la crítica o la corrección con un elogio, explicar qué queremos que cambie y por último lanzar un mensaje positivo:

- Suavizar con un elogio: debe ser algo sincero y directo, no caer en una explicación larga que desvirtúe el mensaje. Por ejemplo, podemos decir: “Sabes que me encanta que seas tan creativo” o “Me encantan tus dibujos y cómo los pintas”.

- Explicar qué cambio de conducta es necesario: Y a continuación explicar el cambio: “…pero no puedes pintar en cualquier parte, porque se estropean las cosas y luego cuesta mucho volver a dejarlas bien o arreglarlas y nos ponemos tristes”.

- Mensaje positivo: para después acabar con un mensaje positivo “aunque cada vez que tengas ganas de pintar y no sepas dónde, me gustaría mucho que me lo dijeras y busquemos un papel o un sitio bueno juntos, ¿vale?”.

El objetivo de esta técnica es lograr un cambio a través de una crítica constructiva, que el niño reflexione, que no se quede con el comentario negativo o el reproche que le hacemos si no que lo vea como algo positivo. Esto ayuda a reforzar su autoestima y hacerle partícipe en la toma de decisiones, además de pensar sobre la repercusión de sus actos. Es una técnica asertiva que puede ser de gran utilidad ante determinados comportamientos.

Otro ejemplo: un niño que no quiere compartir juguetes con sus amigos: “Me encanta que tengas tantos amigos y seas tan sociable, pero a veces me doy cuenta de que no quieres dejarles tus juguetes ni compartir, necesito que compartas las cosas con ellos, como ellos hacen contigo, porque cuando no lo haces se ponen tristes y les haces sentir mal. Si se los dejas demuestras que eres muy generoso y seguro que se ponen muy contentos y felices”.

¿A partir de qué edad?

Los expertos recomiendan empezar a aplicar esta técnica a partir de los 5 años y elegir bien el momento de emplearla: si el niño está muy enfadado, nervioso o agitado es bastante probable que no haga caso. Es mejor esperar a que esté calmado y receptivo. Por otra parte, hay que utilizarla con moderación: si abusamos de ella, perderá el sentido y el niño asociará el elogio como el anticipo de una regañina o un reproche.

¡Ojo! Ante conductas como la agresividad o la violencia, marcar límites claros es más recomendable. Debemos entender que, ante esos comportamientos, podemos validar sus emociones y por qué se sienten así, pero no aceptar el comportamiento o acción (pegar a otros).

foto firma

Cristina Cantudo

Soy periodista y mi pasión es comunicar, conectar con la gente y convertir en palabras las ideas. Soy amante de la lectura, la poesía, me encanta viajar, descubrir y aprender. Intentaré compartir con vosotros todo lo que me resulte interesante y emocionante.

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