Nutrición infantil

¿Los niños pueden tomar bebidas energéticas?

Habitualmente consumidas por adolescentes, cada vez más niños toman bebidas energéticas, que se caracterizan por su elevado contenido en cafeína y otros compuestos activos que no serían tan adecuados, además de su alta concentración en azúcar.

Una bebida energética consiste en una bebida destinada principalmente a aumentar el estado de alerta, concentración y la energía. Para ello, a menudo contienen una alta cantidad de cafeína, además de determinados compuestos como la taurina, riboflavina, piridoxina y algunos derivados de hierbas.

Además, otro de los aspectos más destacables es su elevadísimo contenido en azúcar, el cual excede incluso las cantidades diarias recomendadas. 

De acuerdo a los estudios que se han ocupado de analizar cuáles son los efectos de este tipo de bebidas sobre el comportamiento, han confirmado que son capaces de reducir la somnolencia y aumentar tanto el estado de la atención como de alerta.

Sin embargo, también tienden a aumentar la presión arterial y la frecuencia cardíaca, lo que hace que no sean bebidas muy adecuadas o recomendadas prácticamente a cualquier edad (sin contar, claro está, su elevado contenido en azúcar y cafeína).

El problema es aún mayor cuando el consumo de este tipo de bebidas lo realizan los niños, puesto que puede provocar intoxicación por cafeína, debido a que en los niños, especialmente en los más pequeños, basta una mínima cantidad de cafeína para que pueda producirse un consumo excesivo. Y, con ello, la aparición de los efectos adversos relacionados, como deshidratación, frecuencia cardíaca acelerada o convulsiones.

Por tanto, aunque es evidente que nos encontramos ante un tipo de bebidas en absoluto recomendables para niños, a continuación vamos a ahondar un poco más sobre ello.

¿Qué ingredientes encontramos en las  bebidas energéticas? ¿Y cuáles son los más problemáticos?

Casi todas las bebidas energéticas contienen cafeína como ingrediente principal, el cual es el activo estimulante comúnmente utilizado en este tipo de preparaciones, debido a su efecto para aumentar la concentración, el estado de alerta y estimular la función cerebral.

Pero no es el único ingrediente. El azúcar se caracteriza, generalmente, por ser la principal fuente de calorías de estas bebidas. De hecho, solemos encontrarlo en grandes cantidades. Aunque, dicho sea de paso, también es verdad que no todas las bebidas lo contienen; por ejemplo, algunas contienen solo algún edulcorante, motivo por el cual tienden a ser bajas en carbohidratos.

También podemos mencionar otros ingredientes comunes, como las vitaminas del grupo B, que juegan un papel ciertamente importante a la hora de convertir los alimentos que consumimos en energía, para que el organismo pueda utilizarlos posteriormente.

Además de derivados de aminoácidos, como la taurina o la L-carnitina, que son originalmente producido por el cuerpo, y que ejercen funciones en diferentes procesos biológicos. Y determinados extractos de hierbas, entre los que se encuentra, sobre todo, la guaraná o el ginseng, que ejercen igualmente efectos positivos en la función cerebral.

Efectos secundarios de las bebidas energéticas en niños
Foto: Istock

Respecto a cuáles podrían ser los ingredientes más problemáticos, en el caso de los niños, por ejemplo, la cafeína es uno de ellos. De hecho, es común encontrarnos grandes cantidades de cafeína en una lata de 250 ml. Y, en la mayoría de las ocasiones, es ciertamente difícil controlar la cantidad de cafeína que se consume con este tipo de bebidas.

Aunque el contenido en cafeína depende de cada bebida, en la mayoría de las ocasiones pueden contener desde 50 mg hasta 500 mg de cafeína.

Si tenemos en cuenta que, en los niños, no se recomienda el consumo de cafeína hasta, al menos, alcanzar los 12 años de edad, es evidente que las bebidas energéticas no son en absoluto adecuadas para niños pequeños. Mientras que, a partir de esta edad, no deberían beber más de 100 mg de cafeína al día (equivalente a una taza de café).

Otro aspecto negativo que encontramos en ellas es su elevado contenido en azúcar. Por ejemplo, 1 lata (250 ml) de una bebida energética popular contiene 27 gramos de azúcar, el equivalente a 7 cucharaditas de azúcar, mientras que una lata mayor de 473 ml contiene la escandalosa cantidad de 54 gramos, equivalente a 14 cucharaditas de azúcar.

Tanto en los niños como en los adultos, el consumo de esta enorme cantidad de azúcar ocasiona que los niveles de azúcar en sangre aumenten, lo que podría ser perjudicial para la salud, dado que se ha asociado con niveles aumentados de inflamación y estrés oxidativo, que se han relacionado, a su vez, con el desarrollo de muchas enfermedades crónicas.

Es más, un estudio publicado en el año 2010 encontró que tomar una o dos bebidas azucaradas al día se había relacionado con un 26 por ciento más de riesgo de diabetes tipo 2.

Principales efectos de las bebidas energéticas en la salud de los niños

Se ha demostrado que tanto los niños como los adolescentes presentan un riesgo mayor de desarrollar efectos adversos asociados al consumo de este tipo de bebidas, lo que incluye dolor de cabeza, palpitaciones, convulsiones, náuseas, vómitos y problemas para dormir.

Si ese consumo se extiende en el tiempo, el alto contenido de azúcar presente en estas bebidas no solo ocasiona la formación de caries dental, sino que aumenta considerablemente el riesgo de sobrepeso y obesidad y, sobre todo, diabetes tipo 2.

A su vez, el consumo de grandes cantidades de cafeína también se ha asociado con la aparición de alteraciones del ritmo cardíaco, aumento de la presión arterial y de la frecuencia cardíaca, pudiendo originar problemas cardíacos y vasculares. En los niños, de hecho, puede acabar afectando negativamente a su sistema nervioso y cardiovascular, los cuales se encuentran aún en desarrollo.

Christian Pérez

Christian Pérez

Colaborador de Ser Padres, especializado en divulgación científica y sanitaria, maternidad y embarazo. También se dedica a la verificación de hechos (fact-checking).

Continúa leyendo