Consejos para elegir

Luz blanca vs luz amarilla: ¿cuál es mejor para estudiar?

Si continúas leyendo puede que te sorprenda la respuesta adecuada a esta cuestión que es importante cuando hay niños y adolescentes en casa.

Al leer la cuestión que nos planteamos en el titular de esta pieza puede que hayas pensado que es la respuesta es obvia porque la luz amarilla, y por tanto cálida, es más agradable, lo cual justifica que esta sea la adecuada para el estudio cuando no hay suficiente luz natural. Pues bien, todos los expertos coinciden en justo lo contrario: esta es la peor luz para el estudio.

Las mejores luces para estudiar son aquellas que imitan a la luz del día porque es la que más ayuda a mantener la mente despierta y despejada. Y esto es lo opuesto a lo que consigue la luz amarilla, que es relajante para la mente y que además suele crear más sombras, lo cual es un inconveniente para el estudio en condiciones óptimas. 

Sin embargo, las luces frías, ya sean azules o blancas, imitan a la luz del día en intensidad y reparto de la luz, por lo que facilitan el estudio al mantener a la mente más despierta. Esto potencia la atención, cualidad inseparable de un tiempo de estudio eficaz. Esto lo consiguen tanto la luz blanca como las luces azules, cuyo efecto es similar aunque están en el extremo inferior del espectro visible de la luz.

La mejor luz, la natural

Por supuesto, esto no quiere decir que la luz fría sea la mejor para estudiar, sino que lo es en comparación con la luz cálida. ¿Y cuál es la mejor entonces? Como ya hemos dejado deslizar antes, no hay mejor luz para el estudio que la natural siempre y cuando sea suficiente. 

Esto no pasa por tener un ventanón de cara al sol. De hecho, la luz directa del sol tampoco es la ideal porque puede generar reflejos que dificulten la correcta visión de todo el espacio dedicado al estudio. Un día nublado puede ofrecer luz natural de sobra para estudiar; todo depende de cómo de luminosa sea la estancia dedicada al estudio y la posición de la mesa. 

Y, por supuesto, en el caso de estudiar en espacios poco luminosos o en horarios donde sea indispensable la luz artificial, no olvides utilizar luces frías LED, que son las que permiten un ahorro económico y también a nivel medioambiental. 

¿Qué lámparas escoger?

En este caso, los expertos recomiendan además que la lámpara escogida permita regular la temperatura del color y la intensidad y que además sea capaz de repartir de forma uniforme la luz. Por este motivo se suelen recomendar las luces que se desplieguen desde arriba, y no de manera lateral, como hacen los flexos, por ejemplo.

Por último, la bombilla de luz fría es recomendable que tenga entre 4.000 y 5.000 k de potencia y que cuente también con un Índice de Reproducción Cromática (CRI) alto. Las que lo tienen bajo también pueden provocar pérdidas de concentración porque crea ambientes relajantes. 

Ambos datos están en el etiquetado de la bombilla, así que puedes consultarlos tú mismo o bien, ante cualquier duda, hacerlo con el especialista que las venda. Es bueno que te asegures de ello antes de adquirir la bombilla que ayudará a tu hijo o hija a la hora de estudiar. 

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