Desarrollo infantil

Mamá ya no es perfecta

4 minutos

Antes éramos maravillosas y ahora todo lo hacemos mal. ¿A qué es debido este cambio?

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"Mamá, así no es!", grita Celia cuando su madre intenta encajar una pieza del puzzle. "¿No ves que la roja es del tejado?". Resignada, la mamá pone la pieza donde su hija le indica.

No es la primera vez que está fallando a los ojos de la niña. El otro día criticó la salsa de tomate de los espaguetis: "Sabe mal, mamá, antes te salía más rica". Y ayer mismo no estaba de acuerdo con su manera de doblar las camisetas.

"Qué guapa eres, mami"

En algún momento, nadie sabe cómo ha sido, apareció la serpiente en el edén familiar. Antes, cuando Ana se vestía para salir, Celia no se separaba de su lado. El vestido, el peinado, el perfume, todo era maravilloso, y la niña miraba a su madre con ojos brillantes: "Qué guapa eres, mamá".

De pronto, todo es distinto:
–Tienes que peinarte, mamá.
–Pero si ya me he peinado.
–Pues el pelo no te queda bien así, estás fea.

Otro tanto le pasó a David. Antes fardaba tanto de las artes culinarias de su madre que a veces aparecían tres o cuatro amiguitos por casa con la intención de quedarse a comer; ahora, en cambio, todo son protestas: "¡Jopé, otra vez pescado! ¡Qué asco!".

Lo peor es que el crío se cree un experto en conducción y no pare de incordiar cada vez que su madre les lleva al colegio en coche: "¡Que te vas a subir al bordillo! ¡Ten más cuidado! ¡Freeeena!...". Y la mamá, que hasta ahora ha sido una conductora aceptable, no da ni una. No para a tiempo, o lo hace demasiado pronto, no distingue un "stop" de un "ceda el paso", nunca va a la velocidad adecuada... Ningún policía sería tan riguroso como su hijo.

Ya saben comparar

Resulta bastante duro caer de un pedestal pero su nuevo espíritu crítico de tus hijos significa que tus renacuajos se están haciendo mayores.

Los niños empiezan a conquistar el mundo exterior. Van al colegio y observan que la profesora hace algunas cosas de forma distinta a la madre. También entran en otras casas –la de los vecinos, la de sus amiguitos del cole...– y conocen otros hábitos y otras maneras de organizar la vida cotidiana.

Estos adultos nuevos se convierten pronto en una seria competencia para los padres. A veces se trata simplemente de costumbres aparentemente más ventajosas para el niño: "A Álvaro le dejan ver la tele por la noche", "La abuela me deja comer chocolate en el desayuno", "¿Por qué no compras pizzas crujientes, como la madre de Carlota?"...

La palma se la llevan las maestras. La frase "Mi profesora ha dicho..." es una de las más pronunciadas en casa de cualquier niño o niña de esta edad. Ya pueden ser los padres catedráticos y premios Nobel, la profesora lo sabe todo mejor.

Con la aparición de otras figuras adultas en la vida del pequeño, comienza un proceso importante: se distancia de los padres para desarrollar su propia identidad. El niño o la niña que compara a su madre con la profesora (y a su padre con el entrenador de natación), empieza a pensar por sí mismo. Ya es capaz de ver las diferencias entre uno y otro, y decidir si le gusta más una característica que otra.

El hecho de que su entusiasmo por lo nuevo le lleve a inclinar la balanza exageradamente hacia el lado opuesto a los padres es normal. Ya se volverá a equilibrar.

El ejemplo de los padres sigue siendo primordial

"¿Acaso yo ya no pinto nada?", dirá más de una mamá cuando la admiración de su hijo se dirija con vehemencia hacia algún héroe o heroína nuevos. Tranquila. Por mucho que nos critiquen o por mucho que alaben a otros, los padres seguiremos siendo las primeras figuras de orientación para nuestros hijos durante toda la infancia. El día de mañana, su carácter y su manera de ser no serán tanto el resultado de lo que han aprendido en el colegio o de lo que han observado en casa de los vecinos, sino de lo que han vivido en casa. El ejemplo funciona siempre, tanto para mal como para bien.

"No leas tanto, que pareces una leona", critica Lucía a su madre, probablemente para que ésta deje el libro y juegue con ella. Pero al mismo tiempo, la niña capta el mensaje de que "leer es interesante". Unos años más, y la pequeña se habrá convertido también en una leona devoradora de libros.

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