Psicología

Mi hijo está triste: ¿cómo puedo ayudarle?

Sentir momentos puntuales de tristeza o desgana es algo habitual, sin embargo, si es algo que se repite en nuestros hijos debemos estar atentos y darle la importancia que merece. Los expertos nos cuentan cómo ayudar a nuestros hijos si están tristes.

niños tristes
Foto Istock

Algunos padres llegan a nuestra consulta preocupados porque notan a sus hijos tristes; una emoción que, últimamente, parece estar relacionada con la pandemia de  COVID-19. ¿Es normal que “no tenga ganas de hacer nada”? Llora a menudo… ¿tengo que preocuparme? ¿Cómo puedo hacer para que me cuente cómo se siente? ¿Cómo puedo ayudarle? Estas son algunas de las preguntas que se plantean las familias. En este artículo, intentaremos dar respuesta a estas y otras cuestiones referidas a esta emoción, en muchas ocasiones olvidada.

La tristeza, junto con otras emociones como son el miedo o la rabia, comúnmente se engloban dentro del término “emociones negativas”. Y es importante saber que esta clasificación no es real, es decir, no existen unas emociones buenas y otras malas, si no que todas, a su manera, son necesarias para sobrevivir, todas tienen una función y todos las sentimos.

¿Por qué estas emociones culturalmente están “mal vistas”? Quizás esté relacionado con el malestar que nos provoca sentirlas, porque no nos engañemos, no son agradables. Esto no nos ocurre con las consideradas “positivas”, sentir alegría o sorpresa, por ejemplo, nos provocan una mayor sensación de bienestar. Pero todas, absolutamente todas las emociones son necesarias, es por este motivo por el que tenemos que entender en qué consisten y para qué sirven.

En el caso en particular de la tristeza, es una de las emociones básicas y la función que tiene es la de hacernos reflexionar sobre determinadas situaciones de pérdida o de ausencia y supone una nueva integración de lo vivido, es decir, la tristeza nos ayuda a tener nuevos aprendizajes sobre situaciones complicadas que, por desgracia, se dan en nuestra vida.

Fallecimientos de familiares, pérdidas de amistades, mudanzas, suspensos, cambio de colegio… pueden ser alguno de los motivos por los que los niños están tristes, y además de estas situaciones, aparece la COVID-19. Si a los adultos nos cuesta comprender qué está pasando en relación a la pandemia, imaginemos lo que deben sentir los más que pequeños, que ni cognitiva ni emocionalmente están preparados para entender qué ocurre, y solo saben que no pueden ir a ver a los abuelos, jugar en el parque ni abrazar a sus amigos… ¿cómo no van a estar tristes o preocupados por lo que está pasando?

¿Cómo puedo ayudar a mi hijo cuando está triste?

Te damos una serie de pautas para que puedas ayudarle:

- Normaliza la tristeza: es difícil ver a nuestros hijos tristes y muchas veces cometemos el error de quitarle importancia a lo que están sintiendo o intentamos distraerles para que no sufran. Como comentábamos anteriormente, la tristeza es una emoción adaptativa que sentimos todos y ellos, al igual que los adultos, tienen la necesidad de expresarla. Aunque nos duela ver llorar a nuestros hijos, las lágrimas son una expresión emocional, y es sano, emocionalmente hablando, que lloren.

- Respeta sus emociones y necesidades: en ocasiones necesitará estar solo/a y en otras quizás hablar sobre cómo se siente o en otras puede que solo quiera estar contigo… escucha y haz caso a lo que necesita.

- Ayúdale a identificar su tristeza: a veces, la tristeza en los niños se puede confundir con enfado o ira… habla con ellos y ayúdales a ponerle palabras a lo que sienten. Explicarles también que es una emoción y en qué consiste (adaptado a su desarrollo evolutivo) y que es pasajera les puede calmar.

- Conviértete en un modelo para tus hijos/as: que vean a papá o mamá hablar sobre su tristeza y mostrarla hace que os convirtáis en un ejemplo para ellos y es una manera de validar sus propias emociones y que no intenten esconderlas.

- Fomenta la expresión emocional familiar: se pueden aprovechar momentos en los que estemos todos juntos, por ejemplo, las cenas. De una manera natural podéis crear un clima familiar cálido en el que cada uno cuente cómo se siente, para que los más pequeños se sientan cómodos a la hora de compartir sus emociones.

- Comunícate en su idioma: dibuja, pinta, juega… de esta manera tu hijo/a será capaz de conectar realmente con sus emociones, sobre todo en los casos en los que le cueste ponerle palabras a cómo se siente.

- Busca momentos de conexión: un buen momento para hablar con ellos a solas y que nos cuenten cómo están puede ser antes de ir a dormir, leyéndoles un cuento, por ejemplo.

- Abrázale siempre que lo necesite: muéstrate emocionalmente disponible para él, no hay nada que tranquilice y haga sentir mejor que un abrazo o unas cosquillas cuando lo pidan, el contacto físico es un calmante natural.

- Y sobre todo, escucha a tu hijo/a, muéstrate cercano y paciente, que sienta que puede confiar en ti y contarte su mundo. Anímale a pedir ayuda siempre que lo necesite y transmítele que es bueno reconocer que necesitamos ayuda. Con tu apoyo y con tu amor, afrontará todos los retos que le vengan por delante.

Si poniendo en marcha todas estas estrategias no conseguimos que esta tristeza disminuya, tenemos que plantearnos acudir a un especialista en Psicoterapia Infantojuvenil para que nos oriente de una manera profesional.

Como conclusión, la tristeza es una emoción natural y normal que experimentamos todos los seres humanos en respuesta a situaciones complejas y de la que podemos sacar una gran enseñanza. Así que ayuda a tu hijo a identificar, expresar y gestionar su tristeza, todo siempre desde el amor y el apoyo incondicional.

Artículo ofrecido por Mónica Gonzalo, psicoterapeuta infantojuvenil y de familia de Psicólogos Pozuelo

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