Coronavirus

Niños con miedo a la muerte debido al coronavirus: cómo podemos ayudarlos

El coronavirus ha cambiado nuestras vidas, y también la de los más pequeños de la casa. De repente, de un día para el otro, tuvieron que dejar la escuela y apenas pudieron despedirse de sus compañeros/as y profesores. Y a la tensión de no poder salir a jugar a la calle -o al parque- se le ha unido el aumento que muchos niños han sentido sobre la muerte a consecuencia de las noticias que escuchaban cada día en la televisión o en la radio...

Mientras los especialistas buscan un tratamiento médico efectivo que reduzca al máximo los efectos y las complicaciones más graves de la enfermedad, y docenas de laboratorios científicos se han lanzado con la intención de encontrar una vacuna óptima, parece que, al menos de momento, el coronavirus ha llegado a nuestras vidas para quedarse durante una buena temporada. Es más, la mayoría de expertos coinciden en señalar que muy probablemente pasará a convertirse en una enfermedad vírica e infecciosa similar a la gripe, cuyos casos aumentan cada año durante algunos meses para luego casi “desaparecer” durante el resto.

Debido a la gravedad de la enfermedad, la mayoría de las autoridades sanitarias del mundo, con la Organización Mundial de la Salud (OMS) a la cabeza, han establecido una serie de pautas y medidas de protección útiles para prevenir el contagio al máximo. Al lavado regular de manos se han marcado otras recomendaciones básicas -en algunas Comunidades Autónomas ha pasado a convertirse en obligatorias-, como por ejemplo es el uso de la mascarilla.

No obstante, mientras que los adultos hemos intentado sobrellevar al máximo lo complicado de la situación, especialmente durante la etapa de confinamiento que duró alrededor de tres meses después de la proclamación del Estado de Alarma a mediados del mes de marzo, se ha demostrado que los niños sí que han sufrido un poco más la situación en la que hemos estado inmersos desde entonces. 

No podemos olvidarnos que, de repente, de un día para el otro, tuvieron que dejar de ir al colegio sin poder despedirse de sus amigos y tutores, y tampoco pudieron salir a la calle o a jugar al parque durante bastantes semanas, a lo que se le sumó la imposibilidad de ver a sus abuelos, tíos y familiares más cercanos.

A esta situación se le ha sumado otra que algunos especialistas han comenzado a alertar en los últimos meses: el temor de los niños a la muerte a consecuencia del coronavirus, algo que puede aumentar todavía más si los padres ven las noticias en la televisión en su compañía.

Lo cierto es que es verdaderamente difícil saber cómo responder cuando el niño pregunta: “¿Vas a morir”? En la mayoría de las ocasiones, nuestro instinto inicial es el que decirle que no se preocupe, que no vamos a morar. Pero originalmente estas no son palabras que debemos decirle a los niños, ya que, después de todo, la muerte es inevitable y la realidad es que algún día vamos a morir todos. Lo que no significa que debamos incitar al miedo o alimentar su pánico. Al contrario, lo que debemos es utilizar un enfoque amigable y honesto, apto para los niños, cuando nuestros hijos/as expresen temor a la muerte.

Como manifiestan muchos psicólogos/as, es normal que en respuesta a la pandemia de coronavirus en la que nos encontramos inmersos desde finales del mes de febrero, los niños hayan empezado a expresar cierto miedo a la muerte. Por tanto, la forma cómo responden sus padres y tutores marcarán una gran diferencia. ¿Lo mejor? Responder de forma saludable y realista, puesto que puede acabar convirtiéndose en una gran ayuda para conseguir que se sientan mejor, y aumentar -a su vez- su propia comprensión del círculo de la vida.

Por qué debemos tomarnos en serio los miedos de nuestros hijos

Es posible que el niño plantee sus preocupaciones sobre la muerte cuando se encuentra ocupado, o cuando está haciendo algo divertido. Cuando esto es así, en muchas ocasiones tendemos a no darle importancia… e intentamos correr un tupido velo con la intención de que se olvide y pase a otra cosa.

En cambio, es mucho más recomendable dejar de hacer lo que estemos haciendo, sentarnos al nivel del niño y mantener una conversación seria con él sobre la vida y la muerte, acorde obviamente a su edad. La clave está en mostrar a nuestro hijo/a que nos importan sus miedos y temores.

Pero no solo es interesante mantener una conversación acerca de la muerte. Lo más aconsejable es que se trate de una discusión saludable y continua, manteniendo cierta honestidad y comprensión.

Aprender acerca de la comprensión de la muerte del niño

A menudo, los niños empiezan a expresar miedo a la muerte durante la etapa de preescolar. Pero, a esa edad, todavía no son capaces de entender la muerte de la misma manera que la entendemos nosotros, como adultos. Por ejemplo, pueden saber que las personas que fallecen son enterradas en el suelo y desaparecen, pero no entienden lo que verdaderamente significa estar muerto.

Si no conseguimos explicar bien la diferencia, es posible que el niño empiece a sentir temor al pensar que estar muerto significa que estamos en el suelo donde está oscuro y aterrador. Por tanto, es más posible que sus temores tiendan a centrarse en cómo se siente estar muerto, en lugar de temer verdaderamente lo que significa “haberse marchado”.

Los niños pequeños también suelen creer que la muerte es algo irreversible. Es decir, no están tan tristes cuando alguien fallece, ya que podrían incluso esperar que en algún momento esa persona regresará. Por ejemplo, un niño podría pensar que su abuelo ya no está porque murió, pero que podría volver para su cumpleaños.

Lo cierto es que este pensamiento suele ser más habitual en los niños en etapa preescolar. No obstante, a partir de los 5 a 6 años de edad sí empiezan a comprender que la muerte es permanente; pero, aún cuando empiecen a comprender este concepto, todavía es común que carezcan de una comprensión total acerca de otros aspectos relacionados con la muerte.

En este sentido, la mayoría de los estudios de investigación tienden a descomponer la comprensión de la muerte en un total de cinco subcomponentes, de manera que hasta que los niños no sean capaces de comprenderlos todos, difícilmente entenderán la muerte:

  1. Inevitabilidad. Reconocimiento de que todos los seres vivos finalmente mueren en algún momento.
  2. Universalidad. La comprensión de que la muerte le ocurre a todos los seres vivos.
  3. Irreversibilidad. El reconocimiento de que la muerte no puede deshacerse.
  4. Cese funcional. La comprensión de que la muerte se caracteriza principalmente por la incapacidad del cuerpo para funcionar.
  5. Causalidad. La comprensión de que la muerte es originada por una falla en las diferentes funciones corporales.

Con todo ello, a medida que los niños crecen y maduran consiguen una mejor comprensión de estos subcomponentes de la muerte. Así, hacia los 7 a 10 años de edad, la mayoría de los niños ya los comprenden.

Escoge las palabras cuidadosamente

Si el niño/a tuvo alguna mascota, como un perro o un gato, que ya no se encuentra en casa porque murió, es muy probable que le dijeras al pequeño que se “puso a dormir”. Sin embargo, esto puede acabar siendo enormemente confuso para los niños, puesto que podrían pensar que la muerte es lo mismo que dormir, y preocuparse de que no se despierten jamás cuando estén dormidos.

Además de evitar esta frase, es conveniente evitar otras frases vagas como por ejemplo “Ella ya no está con nosotros” o “Lo perdimos”. ¿Por qué? Muy sencillo: los niños no comprenderán que estamos buscando una forma educada y comprensiva de explicar la muerte.

Por tanto, es fundamental utilizar palabras reales como “muerte” y “muerto”, y recordarles que la biología está detrás de todo, diciéndole que “su cuerpo dejó de funcionar”.

Hablar sobre biología

Es posible que el niño/a únicamente esté interesado en saber por qué una persona no puede moverse cuando está muerto. Si es así, podríamos ofrecerle una explicación sencilla y breve sobre cómo el cuerpo, de la misma manera que una máquina, finalmente deja de funcionar en algún momento determinado. Y, además, que todas las partes del cuerpo también lo hacen, incluyendo el corazón o el cerebro.

También puede ocurrir que el niño tenga más preguntas, como por ejemplo si es posible ver algo cuando se está muerto, o si los médicos pueden arreglar el cuerpo una vez deja de funcionar. En estos casos debemos intentar hacer todo lo posible para proporcionarles explicaciones simples cuando nos enfrentemos a preguntas complicadas.

Valida sus sentimientos

Es normal que, llegado determinado momento, el niño sienta miedo por la muerte. Decir que no morirás y que tampoco él lo hará es posible que lo calme durante algunos minutos, pero en algún momento aprenderán la diferencia, y si hemos negado que la muerte es inevitable, podría terminar concluyendo que no somos una fuente tan confiable de información, aunque seamos sus padres.

Por tanto, es fundamental siempre validar sus sentimientos, indicándole que sabemos que pensar en la muerte puede causar miedo. Debemos básicamente ponerles nombre a esos sentimientos, y reconocerle igualmente que está bien sentirse así, y que podría llegar a ser útil.

Otros consejos útiles que te podrían ser de ayuda

Ahora que vivimos inmersos en una constante vorágine informativa, debemos limitar al máximo la exposición de nuestros hijos a las noticias, así como a representaciones violentas y sangrientas de la muerte, ya que todo ello puede acabar disparando su ansiedad.

Por otro lado, si el padre o la madre tienen ansiedad por la muerte, es igualmente probable que en algún momento el niño se dé cuenta de ello. Lo ideal es sustituir esos sentimientos por una actividad más positiva sobre la vida. El pequeño igualmente lo notará, especialmente si hablamos con él abiertamente sobre todas aquellas cosas por las que estamos agradecidos en la vida.

Christian Pérez

Christian Pérez

CEO y Editor de Contenidos en Gaia Media Magazines, especializado en maternidad, salud, ciencia y nutrición.

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