Duelo en la familia

No expliques la muerte, simplemente habla de ella con tus hijos

En muchas ocasiones es difícil explicarle a un niño la pérdida de un ser querido, especialmente si es muy cercano. Los expertos recomiendan hablar de la muerte y tratar de explicarla, lejos de ocultarla o adornarla.

¿Te han preguntado tus hijos sobre la muerte? ¿A dónde vamos cuando nos morimos? ¿Dónde está ahora el abuelito? o ¿Con quién me quedo si tú te mueres?

Cómo hablar de la muerte con los niños
Foto: Istock

Este tipo de preguntas y otras que te habrá tocado escuchar nos ponen ante una situación delicada, ¿qué le digo si ni yo misma tengo una respuesta clara? o ¿cómo se lo explico teniendo en cuenta su edad? Para que no te atasques cuando te toque responder a este tipo de preguntas, me gustaría darte algunas sugerencias.

Consejos útiles a la hora de hablar sobre la muerte con nuestros hijos

Los niños cuando hacen preguntas concretas, no esperan respuestas concretas, no necesitan conocer cuánto sabes de la muerte ni ver que tienes todas las respuestas, sólo necesitan hablar de un tema que les inquieta y que no entienden. Habla de la muerte pero no la expliques. 

Hablar de la muerte es más importante que explicarla, cada familia tiene sus propios valores y desde sus creencias intentará dar respuestas a las preguntas de sus hijos, pero los niños cuando preguntan ¿a dónde vamos cuando nos morimos? no siempre es literal, a veces quieren saber ¿qué será de mí cuando tú no estés?. Dar seguridad con nuestras palabras es más importante que responder con total seguridad a sus preguntas.

Responder con humildad también ayuda, “hijo, pues la verdad es que yo también me hago esa pregunta, no sé exactamente cómo responderte pero sí te puedo decir que es parte del ciclo de la vida….” y que siga esa conversación fluida. Puedes hablar de las plantas que se mueren cuando se secan por falta de agua, de los animales que mueren de mayores o atropellados y de las personas que no sabemos cuándo llega nuestra hora pero que todos tenemos una. 

La muerte no se puede evitar pero sí podemos mejorar nuestra salud. Habla del autocuidado para reducir las probabilidades de enfermar, siempre hay una parte que podemos controlar, mejorando la alimentación, aumentando la actividad física y viviendo más tranquilos, con menos estrés. Recuerdo un reportaje que vi donde le preguntaban a un abuelo de 96 años qué había hecho para vivir tantos años, él en una frase lo resumió en euskera “Ongi jan eta lasai bizi” que quiere decir, comer bien y vivir tranquilo. ¿Habrá que seguir su consejo no?

No intentes desviar la conversación con una afirmación de tipo, “hijo tranquilo, falta mucho para que yo me muera…” porque no puedes asegurarlo y eso no le calma, hablar de la muerte en general es mejor que centrar la pregunta en tu posible muerte.

No utilices el comodín de “no pienses en cosas tristes” porque la muerte no es triste, sino que las personas nos ponemos tristes cuando echamos de menos a las personas queridas. Pero también sentimos enfado cuando es por una negligencia incluso alivio cuando es por enfermedad y vemos dejar de sufrir a una persona querida.

Es mejor hablar de los duelos que de la muerte en sí, ¿qué pasa cuando una persona se va de esta tierra ? que la añoramos, extrañamos, recordamos, nos hace falta, deseamos volver a estar con ella, etc. Los duelos entre personas queridas dejan huellas imborrables.

Consejos útiles para hablar del duelo con tus hijos
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Habla de los distintos roles que tenemos las personas ante la muerte, unos tienen que recibir consuelo y otros tienen que consolar, la frase “te acompaño en el sentimiento” es muy ilustrativa, te acompaño en tu dolor aunque a mí no me duela tanto, dependiendo del vínculo que exista. Estar en silencio con una persona que llora una pérdida a veces es la mejor ayuda y  nuestros hijos necesitan saber cómo se puede hacer este acompañamiento. 

No es nada recomendable intentar consolar viendo el lado positivo de la muerte “ya era mayor, ha dejado de sufrir”, “es lo mejor, bastante ha aguantado”, “menos mal que no tenía hijos…”etc. La muerte es el final de la vida, cuando llega le miramos a la cara para decirle “te llevas lo que más quiero…”.

¿Es bueno llevar a los niños al funeral? Más bien no es malo, pero como todo, habrá que valorar cada caso. Si es muy pequeño y no contamos con un adulto de referencia que pueda acompañarlo en un espacio donde hay que estar en silencio, quizás no es una buena idea llevarlo.

Si el hijo tiene capacidad de adaptarse a esa espacio pero no tiene vínculo con la persona fallecida, quizás tampoco es su lugar, pero si la persona que despedimos es un ser cercano y querido, compartir ese momento le aportará más aprendizajes positivos que negativos.

Estar junto a la familia en un momento triste y doloroso activa las neuronas espejo, genera empatía y actitudes de acompañamiento emocional y el mensaje de fondo es “estoy con los míos cuando algo nos duele a todos”.

Recuerdo que en una ocasión una madre me contaba que su hija ya adolescente le echaba en cara no haberse podido despedir de su padre fallecido porque en ese momento consideraron que no era bueno para ella por ser pequeña. Mi recomendación es que cuando uno no puede tomar decisiones acertadas porque el dolor se lo impide, necesita contar con una red de apoyo que le recuerde algo tan importante como, “a tu hija no le hace daño estar triste por la pérdida de su padre ni verte triste por la pérdida de tu marido porque ahora lo que toca es estar tristes”.

Os invito a escuchar una canción que hice con María Peralta sobre la tristeza para tratar precisamente los duelos y la añoranza.

Leticia Garcés

Leticia Garcés

Pedagoga. En 2010 fundó Padres Formados, desde donde imparte cursos de  formación a familias y profesionales en temas relacionados con la Educación Emocional y la Parentalidad Positiva tanto presencial como online, a nivel nacional e internacional (Colombia y México).

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