Educación del niño

No obligues a pedir perdón, enseña a perdonar

La mayoría de adultos carecemos de un gran aprendizaje que nos ha faltado en nuestra infancia que además está muy relacionado con la salud mental, saber perdonar. Y, cuando nuestros hijos/as se enfadan con los demás, o se sienten lastimados, en realidad somos nosotros quienes debemos enseñarles a perdonar.

El que más o el que menos arrastra heridas de su infancia, experiencias más o menos traumáticas de su adolescencia, esa etapa tan difícil, porque, ni son niños ni son adultos y están en tierra de nadie, y muchas de estas carencias se acentúan en la pareja y paternidad. Sin embargo pedir perdón es algo que siempre hemos hecho y enseñamos a los niños aunque se convierta en un requisito que les libere de nuestra presión para irse a jugar “ya le he pedido perdón, ¿me puedo ir a jugar?”.

No obligues a pedir perdón, enseña a perdonar
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Pensemos sobre ello, cuando dos niños se pelean o uno de ellos agrede, no necesitan aprender a pedir perdón solamente sino más bien a escucharse, tenerse en cuenta, relacionarse de forma positiva, ponerse en el lugar del otro, entender los motivos ante sus actuaciones, etc. Todo esto tiene que ver con la competencia emocional y no tanto con “ser bueno o malo”. Cuando les obligamos a pedirse perdón muchas veces lo hacemos presionados por el qué dirán, lo imponemos sin pensar realmente lo que generamos y muchas veces creamos una situación de indefensión para la víctima porque le obligamos a estar frente a su agresor que sin sentirlo le pide perdón sólo para poder seguir jugando.

¿Entonces no les decimos que pidan perdón? No exactamente, sino que también es importante reconocer el daño generado, ampliar la conciencia emocional propia que permite ponernos en el lugar del niño dañado, entender su dolor e implicarnos en su recuperación.

Desde luego esto es mucho más que pedir perdón, pero también es importante que el niño que ha sufrido la agresión tenga la oportunidad de extender el perdón deseando recuperar esa relación o aprendiendo a marcar ciertos límites. Si aprendemos desde niños a perdonar, de adultos será más fácil reconocer el buen trato y saber rechazar y limitar las conductas dañinas que se dan en algunas relaciones llamadas tóxicas.

Hay una investigación que se llevó a cabo en la Universidad de Minnesota en 2015 donde se estudió el desarrollo emocional y social de los niños en función de los vínculos que se habían establecido con sus progenitores y una de las conclusiones a las que llegaron es que los niños que experimentaron un apego seguro entre el primer y el tercer año de vida eran más autónomos, tenían mayor autoestima, menos miedo en general y mayor empatía hacia otras personas que los que tenían un vínculo inestable con sus padres.

Cómo enseñar a perdonar a tus hijos
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Con esta información podemos concluir que si nos dedicamos a cuidar los vínculos afectivos con los cuidadores principales, la probabilidad de que sepan relacionarse de forma más positiva es mayor, de tal manera que aunque haya conflictos, se resolverán poniendo atención en la relación y en lo que necesitan para entenderse y no solamente imponer pedirse perdón.

A todo esto tenemos que sumar lo importante de predicar con el ejemplo, si yo te pregunto ¿cuántos adultos te han pedido perdón en tu infancia? Quizás me digas que ninguno, y si recuerdas alguno será algo anecdótico. La mayoría de nuestros padres creían que la autoridad se ganaba y confunden el temor con el respeto, no se estilaba pedir perdón porque se relacionaba con la pérdida de autoridad y si algún adulto se equivocaba era difícil que se disculpara, antes lo justificaban ”si me hubieras hecho caso… no te hubiera gritado”.

La reparación de los vínculos afectivos, de lo que hablaré en otro artículo largo y tendido, es mucho más que pedir perdón, es reconocer al niño que no es justo el trato que ha recibido independientemente de la conducta que haya tenido, porque el buen trato no es algo que te ganas y mereces si te portas bien, es algo que debes recibir por el simple hecho de tener un cerebro en desarrollo.

¿Quieres que tu hijo aprenda a pedir perdón desde la empatía? Pídele tú perdón todas las veces que tengas oportunidad. ¿Quieres que tu hijo perdone y que no guarde resentimiento pudiendo tener relaciones sanas? No le hagas sentir mal cuando le corrijas, para pedir perdón o perdonar no hay que sentir culpa pero sí despertar  la conciencia emocional.

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