Obesidad infantil: toca tomárselo en serio

La obesidad infantil es un problema real que afecta a muchos niños y que puede desencadenar otros problemas de salud graves. Hablamos de las causas y de estrategias de actuación.

niño obesidad
Foto Istock

Tras el verano y los chapuzones en la playa o en la piscina, quizá seamos más conscientes del problema: los michelines y las tripas demasiado hinchadas también se han dejado ver entre los más pequeños. Lejos de ser un problema estético, el sobrepeso y la obesidad de nuestros hijos puede acabar desencadenando enfermedades como diabetes tipo 2, asma, hipertensión, trastornos de alimentación o problemas de autoestima y depresión. Por ello, conviene atajar el asunto cuanto antes siguiendo las indicaciones que nos ofrece el doctor Gilberto Pérez López, médico del Servicio de Endocrinología y Nutrición del Hospital General Universitario Gregorio Marañón de Madrid y coordinador del grupo de trabajo de Obesidad Infantil y en la Adolescencia de la Sociedad Española para el estudio de la Obesidad (SEEDO).

Múltiples factores

La obesidad infantil no puede achacarse a una sola causa. Aunque el aumento del sedentarismo en los niños y la falta de una dieta equilibrada son los grandes culpables, existen otros motivos que aumentan las probabilidades de que un pequeño pese más de la cuenta. “El peso de los padres y el ejemplo, si comen en la mesa o delante del televisor, si duermen lo suficiente, si hay instalaciones deportivas cercanas al domicilio así como la situación socioeconómica de la familia también son factores a tener en cuenta”, explica el doctor Gilberto Pérez.

Por otro lado, por cada hora extra de visualización de pantallas, los niños tienen un 16 % más de probabilidades de tener sobrepeso u obesidad y cada hora menos de sueño se asocia a un 23 % más de riesgo de sufrir estos problemas, según el estudio IDEFICS 2020.

Padres inconscientes

Aunque la mayoría de los progenitores considera el tema del sobrepeso y la obesidad infantil un problema de salud pública, pocos consideran que sus hijos lo padezcan. Según un estudio publicado por la redactora médica Ingrid de Ruiter en 2017, los padres españoles no identifican cuándo sus hijos tienen sobrepeso u obesidad. En la investigación, en el grupo de niños entre 2-4 años con sobrepeso/obesidad, el 90 % de los padres pensaban que el peso que tenían sus hijos era normal. En el caso de los adolescentes (10-14 años), el 63 % de los que tenían sobrepeso y el 40 % de los que tenían obesidad fueron identificados como normopeso por sus padres.

Amor de madre

Entre los factores que se asociaron a la percepción errónea del peso de los niños por los padres se encontraron:

- Sexo: las madres tenían más posibilidades de no identificar el exceso de peso en comparación con los padres.

- Peso de los padres: los padres con sobrepeso u obesidad tenían más posibilidades de no identificar el exceso de peso en su hijo.

- Nivel socioeconómico y educación: las familias con mayor nivel de estudios y mejores niveles de renta identificaron mejor el problema de peso en los niños.

- Padres fumadores: paradójicamente, estos identificaron mejor el exceso de peso de los hijos en comparación con los no fumadores.

Reforzar hábitos saludables

El endocrino Gilberto Pérez ofrece una serie de pautas para que nuestros hijos alcancen un peso óptimo.

- Invertir tiempo en ellos y dar ejemplo. El manejo de un niño con sobrepeso requiere tiempo, motivación y perseverancia. El pequeño necesita más que nunca a sus padres para adoptar un estilo de vida saludable.

- Ejercicio con diversión. Los niños deben estar activos al menos 60 minutos al día. Debemos preguntarles qué actividad le gustaría realizar, apoyarles y programar actividades en familia. Hay que comenzar poco a poco e ir aumentado gradualmente la intensidad y duración del ejercicio.

- La alimentación es importante. Debe ser equilibrada y visualmente apetecible. Ofrecerles agua y que tomen al menos 5 piezas de frutas al día. Toda la familia, no solo los niños, deben restringir los alimentos altos en azúcares y grasas.

- Imagen y autoestima. Nuestra sociedad le da gran importancia a la imagen, se alienta la delgadez y se prejuzga a las personas con obesidad. Los niños con sobrepeso a menudo sufren burlas y comentarios negativos que pueden provocarles una baja autoestima y un mayor riesgo de trastornos de la conducta alimentaria, trastornos ansioso-depresivos y de sufrir bullying. Si somos los padres los que criticamos su aspecto, el daño que les causaremos será mucho mayor. Por ello, recuérdale lo mucho que le quieres, refuerza sus cualidades positivas, no toleres bromas o comentarios en relación a su peso y si sufre burlas, dedícale tiempo y habla con él. Evita la crítica, no motiva y puede hacerle mucho daño.

Recuerda que pequeños cambios pueden significar grandes progresos. El objetivo principal es estabilizar o desacelerar el aumento de peso para asegurar un crecimiento y desarrollo normales .

Ojo con lo que entra en casa

La alimentación de tus hijos empieza con la lista de la compra. Para evitar llenar el carrito del supermercado de productos azucarados o ricos en grasas, realiza una antes de ir a comprar. Los productos que no deben faltar son:

- Cereales (pan, pasta, arroz). A diario, poco procesados y preferiblemente integrales.

- Legumbres. 2 o 3 veces por semana.

- Frutas, verduras y hortalizas. Se aconseja que sean de temporada y de proximidad. Se recomiendan mínimo 3 raciones de fruta al día y 2 de verdura. Deben ser variadas y de todos los colores para asegurar el aporte de vitaminas: rojas (tomate, pimiento), verde (lechuga, espinaca, brócoli), naranja (zanahoria, calabaza), blanca (cebolla, nabo, col), morado (berenjena, lombarda, remolacha)…

- Las carnes magras (pollo, pavo, conejo), los pescados blancos (merluza, lenguado, bacalao, pescadilla, gallo, mero, rodaballo), los azules (sardina, boquerón, atún, caballa, salmón, anchoas, bonito, jurel) y los huevos. Son alimentos que hay que combinar a lo largo de la semana.

- La leche y los derivados lácteos (quesos, yogur). De 2 a 4 raciones diarias.

- Los embutidos y las carnes grasas, los fritos, los helados, los dulces y la bollería industrial son alimentos de consumo ocasional, nunca deben tomarse a diario.

- El aceite y los frutos secos. Debemos consumir mínimo dos cucharadas soperas de aceite al día y entre 3 y 7 veces por semana un puñado (25-30 gramos) de frutos secos.

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