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¡Ordena tu cuarto!

Algunas veces el dormitorio del niño parece una auténtica leonera. ¿Qué podemos hacer para conseguir que lo ordene?

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Ordena cuarto

¿Qué padre no ha tenido alguna vez la tentación de llamar a los bomberos al ver el caos que reina en el cuarto de su hijo? Ropa, libros, videojuegos, cochecitos... Los objetos de antes y los nuevos se van acumulando en su estancia personal hasta que llega un día en que aquello parece un circo de tres pistas; entonces es cuando alguien se pone serio y suelta el temido (para ellos): «¡Ordena tu cuarto!».

Cuando nuestro hijo era más pequeño, los juguetes y demás bártulos en su mayoría eran regalos o cosas elegidas por nosotros que, cuando quedaban viejos o se rompían, se reciclaban sin problema.

Es su espacio

Ahora es él quien elige sus pertenencias, les da un valor propio y les otorga un lugar en sus estanterías y armarios. También empieza a escoger su ropa, colgar fotos en las paredes y aumentar su biblioteca. En definitiva, su habitación es un auténtico centro de operaciones en el que transcurre gran parte de su tiempo.

Poco a poco va dejando claro que se trata de su territorio («Mi cuarto es mío y ahí mando yo»). El chico espera de nosotros que nos inmiscuyamos en él lo menos posible.

Pero ¿tiene tan claro que también le corresponde a él que su pequeño reino esté en orden? Ese detalle a menudo se le escapa. Parece que buscara el desorden a propósito, como si se sintiese más a gusto cuando todo está manga por hombro; y en parte es así.

Los objetos esparcidos por su estancia forman parte de sí mismo, son las huellas de lo que ha hecho durante el día (la toalla de la ducha por aquí, una peli de vídeo por allá, los apuntes de clase por todas partes...), y hacen que su dormitorio sea una auténtica guarida donde se encuentra a sus anchas, más que en ningún otro lugar de la casa.

Elaborar un plan de acción

Cierto desorden es normal, y permisible, pero todo tiene sus límites: su cuarto debe estar aseado y transitable.

¿Debemos hacer una limpieza general por nuestra cuenta? No es la solución más acertada. Aunque parezca un laberinto, se trata de sus cosas y se sentirá muy herido si nos metemos a saco con ellas. Es mejor elaborar un plan de acción para cada día, y prescindir de método tan drástico.

El primer paso es mantener una conversación abierta sobre el asunto. Su concepto del orden es muy distinto al nuestro, y es fundamental que ambos se concilien. Todos tenemos que ceder un poco.

Lo siguiente es hacerle ver lo útil que resulta encontrar algo cuando se necesita y crear juntos un sistema que le permita tener sus cosas ordenadas; pero, eso sí, a su manera. Se trata de su habitación.

 

Etiquetas: 9 años, adolescentes

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