Propósitos de Año Nuevo

¿Por qué los niños deberían tener propósitos de año nuevo?

Enero es el mes de los buenos propósitos y también debería serlo para los niños si queremos que crezcan con metas y valores que les haga mejores personas cuando sean mayores.

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Ante la llegada de un nuevo año, es muy frecuente que nos llenemos de buenas intenciones y nos planteemos una serie de buenos propósitos (que, todo hay que decirlo, no siempre llegan a puerto). El inicio de una nueva etapa es un momento ideal para reinventarse, marcarse nuevos retos o resolver tareas pendientes. Los adultos solemos hacerlo cada año en enero, y en septiembre tras el parón de las vacaciones de verano, pero… ¿sería bueno que también los niños tuvieran su propia lista de buenos propósitos?

Sin lugar a dudas, sí. Este momento del año es perfecto para dar nuevos pasos en su proceso de autonomía y para fijarse nuevos objetivos consigo mismos y hacia otras personas, lo que puede ser un estímulo muy positivo para ellos. Si logramos que se convierta en un hábito y que se practique de forma correcta, les ayudará a convertirse en la mejor versión de sí mismos a lo largo de los años, podrán aprender a ser más amables, más generosos, más productivos, más serviciales… algo que también los adultos deberíamos trabajar conscientemente y más a menudo.

Trabajando esto desde niños aprenderán a marcarse metas para el futuro y a desarrollar habilidades como:

  • Autorreflexión: "¿Cómo quiero mejorar este año?"
  • Autodefensa: "¿Qué tengo que hacer para ayudarme a alcanzar mi objetivo?"
  • Autoconciencia: "¿Estoy progresando hacia mi objetivo?"
  • Resolución de problemas y autocontrol: "¿Qué puedo hacer para retomar el camino?"
  • Autoestima: "¿Cómo me hace sentir el logro de mi objetivo?"

Deben salir de ellos

Como progenitores, podemos ayudarles a preparar esa “lista de propósitos” para el nuevo año, pero las ideas u objetivos deben salir de ellos, ya que deben estar dispuestos a esforzarse por alcanzar sus propios retos. Si se los planteamos nosotros pueden considerarlos una nueva tarea y no encontrar el estímulo en su realización. Como adultos, podemos guiarles y hacerles sugerencias, pero la decisión final ha de ser suya, y entender por qué toman esa decisión. Tampoco se trata de que la lista sea demasiado extensa o ambiciosa. Basta con uno o dos propósitos para niños menores de 5 años, y dos o tres para los que tienen entre 6 y 10 años.

Es bueno intentar que los propósitos puedan traducirse en objetivos SMART: eSpecíficos, Medibles, Alcanzables, orientados a Resultados y limitados en el Tiempo. Por ejemplo: si el niño se plantea mejorar como jugador en su equipo de fútbol, podría fijarse el objetivo de ganar X partidos el próximo año, y después tendría que planificar cómo conseguirlo: haciendo ejercicio un día más a la semana para mejorar su forma física, o practicando el regateo con otros niños o con sus padres en el parque.

Los propósitos de los niños deben ser fáciles de seguir y de cumplir, para que no se planteen la opción de rendirse. Puede ser interesante sugerirles algún propósito común, un objetivo en el trabajar junto con su padre o su madre, y en el que pueden motivarse mutuamente. Algunas ideas sencillas para ellos podrían ser:

  • Decir algo bonito a su hermana/padre/madre/amigo todos los días.
  • Ayudar a poner la mesa todos los días.
  • Comer cosas dulces solo una vez al día.
  • Jugar con alguien que no sea su amigo en el colegio cada semana.
  • Probar un nuevo deporte para ver si le gusta.
  • Probar una verdura nueva cada mes.

Podemos hacer que el propio proceso de preparar la lista sea divertido, haciendo cartel, una tabla con pegatinas o un sistema de estrellas que añadir cuando se van consiguiendo los objetivos. Cuanto más visual e interactivo sea, mejor funcionará.

Evaluar los progresos

Es recomendable que se lleven a cabo revisiones periódicas de esos retos, por ejemplo cada semana o cada mes, para evaluar los progresos. Pero para que esta experiencia se convierta en un aprendizaje positivo no debemos regañarles ni castigarles si no consiguen sus objetivos, ya que esto les desanimará y lo verán más como una obligación que como un reto. Ellos eligieron esforzarse en esas mejoras, y lo que debemos hacer es recordarles por qué las eligieron y estimularles para seguir intentándolo y no rendirse.

Asimismo, no hay que olvidar que los padres somos el mejor ejemplo para nuestros hijos, por lo que, si les hemos contado que nosotros también nos hemos marcado algún propósito, será muy valioso para ellos comprobar cómo lo perseguimos, y estarán más dispuestos a adoptar la misma actitud luchadora que nosotros.

No es recomendable ofrecerles una recompensa cuando consiguen alcanzar sus metas. Si bien si se trata de algo de carácter simbólico no tiene por qué ser negativo, lo verdaderamente importante de este proceso es que la recompensa a sus progresos sea mostrarles lo orgullosos que estamos de ellos y reconocerles el gran valor de lo que han conseguido, para que también ellos se sientan orgullosos de sí mismos. Porque si detrás del propósito hay un premio material, estamos perdiendo el enfoque de querer mejorar por el propio valor que esto tiene en sí mismo.

Por último, es también positivo recordarles los objetivos que se fijaron el año pasado (o, si no se fijaron ninguno, los logros que han conseguido gracias a su dedicación), pues esto debería ayudarles a mantener la motivación y la concentración para el nuevo año que ahora comienza.

 

Artículo elaborado por Rhona Anne Dick, directora de Experiencia de Aprendizaje de Lingokids

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