Cómo actuar

Por qué no deberías hacer ni los deberes ni los trabajos de clase de tus hijos

No se trata de no ayudarles en nada, pero hay un trecho muy grande entre ofrecer colaboración puntualmente y asumir como propia una responsabilidad que les pertenece exclusivamente a los niños y adolescentes.

Foto: Pexels
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Cuando un hijo empieza a llevar deberes a casa se abre un nuevo debate moral en los adultos de la casa: estimar y decidir dónde está el equilibrio entre ayudarle y apoyarle y estar haciendo de más por él o ella. Esta es la clave, encontrar el equilibrio justo entre lo uno y lo otro porque ni es bueno hacer tuyas sus responsabilidades ni tampoco lo es desentenderse de ellas. Ni despreocuparse en exceso ni sobreproteger.

Hay que saber diferenciar, por lo tanto, entre lo que es guiar a un hijo y lo que trabajar por él. Parecen dos conceptos muy distintos a priori pero se siguen dando demasiados casos en los que de lo uno se pasa a lo otro en un visto y no visto. 

Qué deben hacer los padres con los deberes de los niños

La labor como padres respecto a los deberes, según se hartan de explicar todos los expertos en educación, es la estar cerca para servir de apoyo -levantarle y animarle cuando toca, darle un empujoncito si es necesario para que se ponga en marcha, alabarle cuando está esforzándose y también dar un toque de atención si es evidente que no está ejerciendo sus tareas escolares- y de voz experimentada. Puede que no sea vuestro campo y entonces no podáis resolver determinadas dudas, pero sí podéis aprovechar la coyuntura para orientarle, por ejemplo, a buscar soluciones. Por ejemplo, a consultar fuentes fiables que tenga al alcance de su mano.

Lo que no debéis hacer bajo ningún concepto es darle la solución de manera gratuita, sin esfuerzo, ni mucho menos tomar las riendas y hacer vosotros el trabajo. Es su responsabilidad, exclusivamente suya y así debe afrontarla. De lo contrario, les estaréis haciendo un flaco favor, sobre todo a corto y medio plazo. Rehuir las responsabilidades no es el camino para mejorar.

No lo es porque resulta muy cómodo para ellos y cuando ya no puede ser les costará más reaccionar. No lo es porque alimenta el miedo al fracaso y al fallo. No lo es porque no estimula el espíritu de superación y el refuerzo para el autoestima que implica conseguir metas por méritos propios. No lo es incluso por justicia social, ya que los compañeros que sí se están esforzando a lo mejor obtienen menos recompensa. Hay tantos argumentos como quieras y todos indican lo mismo: los padres no debemos hacer los deberes a nuestros hijos. El único a favor es el resultado a corto plazo, pero no será más una falsa realidad porque vendrá dado por el esfuerzo ajeno, no por el propio, y eso no deja de ser una forma de que el chico se engañe a sí mismo.

No te desentiendas

Dado que los extremos nunca son buenos en materia educativa, tampoco es recomendable hacer todo lo contrario: obligarles a apechugar con los deberes al 100%. Debéis hacerles saber que estáis disponibles para una consulta o ayuda concreta y a demanda, de forma que estimuléis de paso el miedo a preguntar, que es algo muy extendido entre los niños y adolescentes. No hay que temer al “no lo sé” y hay que fomentar más la pregunta, la búsqueda del consejo a quién más sabe de la materia en cuestión. 

Rubén

Rubén García Díaz

Papá de dos niñas y periodista, la mejor combinación para que broten dudas, curiosidades, consejos efectivos (también otros que no lo son tanto) y experiencias satisfactorias que compartir en este espacio privilegiado para ello.

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