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Educación

Por una educación basada en el respeto y la diversidad: ¿cómo podemos conseguirlo?

Vivimos en un mundo heterogéneo y diverso, en el que la diferencia es la norma. Todos somos diferentes y, sin embargo, parece que nos sigue costando asumir y valorar esta diversidad. La infinita variedad humana nos enriquece, nos asombra y nos inspira. ¿Qué podríamos aprender de la uniformidad total? ¿Qué nos aportaría ser todos iguales?

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Foto Istock

Como madres y padres estamos en una posición privilegiada para enseñar a nuestros hijos no solo a asumir esta diferencia sino a celebrarla. Debemos educar en la diversidad y el respeto. Educar sin estereotipos ni prejuicios.

Un prejuicio es una creencia no justificada hacia algo que no conocemos, y que suele encerrar una valoración negativa sobre personas o grupos concretos. Los prejuicios son generalizaciones, simplificaciones de la realidad que suelen dar lugar a discriminaciones injustas, por eso deben evitarse. Otro de sus efectos es que nos separa, divide a la sociedad: nosotros y “ellos”. Esto genera desigualdad.

A nivel psicológico, los prejuicios funcionan en base al llamado sesgo de confirmación: si alguien tiene una opinión negativa sobre ciertas personas, solo prestará atención a aquellas informaciones que digan algo malo de ellas o las asocien con conductas inadecuadas, y de este modo confirmará su idea de pensar mal. Por ejemplo, alguien xenófobo se fijará en aquellas noticias que hablen de delitos cometidos por personas migrantes, reafirmándose en su creencia. Al mismo tiempo, pasará por alto esas mismas acciones en el seno de su mismo grupo social.

Estos prejuicios se transmiten y adoptan de forma inconsciente y condicionan nuestro comportamiento y manera de pensar, por lo que tenemos que estar alerta para detectarlos.

Debemos ser conscientes de los prejuicios para no dejarnos llevar por ellos ni contagiárselos a los niños.

A lo largo de la infancia, los niños van adquiriendo habilidades cognitivas, como el razonamiento abstracto, que les permiten comprender más cosas, razonar mejor y comunicarse de manera más eficaz. Por eso a medida que van creciendo, podemos profundizar en estos temas con ellos y educar los valores del respeto y la diversidad. No solo deberíamos preocuparnos del comportamiento y las notas de nuestros hijos; la educación va más allá.

Los niños aprenden los valores que les enseñamos, y aprenden también por omisión. Si no les enseñamos a respetar las diferencias entre las personas, pueden aprender prejuicios.

Recogemos una serie de recomendaciones basadas en el pediatra T. Brazelton, experto en educación familiar:

No hacer comentarios degradantes sobre grupos de otras etnias o estatus social. Hacer amigos de grupos étnicos, culturales y sociales variados, y valorar estas diferencias. Jugar con muñecos, leer cuentos y tener juguetes que, de un modo u otro, reflejen la variedad de nacionalidades, culturas y razas.

No obligar a nuestros hijos a pensar como nosotros, aunque nuestras ideas sean valiosas.

No sobreproteger (ante estos sentimientos de rechazo, por ejemplo), hablar con los niños abiertamente. Crear un modelo de respeto y tolerancia en nuestra familia.

Tener un sentido realista y positivo de nosotros mismos para darles un buen ejemplo.

Si a nuestro hijo le molestan o rechazan en el colegio o es él quien lo hace a otros niños, dejar claro que esos comportamientos no son aceptables y buscar soluciones.

Conocer y apreciar los valores de nuestra familia, cultura e historia, compartirlos con nuestros hijos, enseñándoles a sentirse orgullosos de las diferencias que les hacen especiales.“Háblale sobre la diferencia. Convierte la diferencia en habitual. Haz normal la diferencia. Y no es para que sea justa o buena, sino simplemente para que sea humana y práctica. Porque la diferencia es la realidad de nuestro mundo. Y al enseñársela, estás equipándola para sobrevivir en un mundo diverso. Debe saber y comprender que la gente toma distintos caminos en el mundo y que, siempre y cuando esos caminos no dañen al prójimo, son opciones válidas que deben respetarse”, defiende la escritora nigeriana Chimammanda Ngozi Adichie.

El sentido de la justicia, o, más bien, el de la injusticia, aparece muy pronto en los niños. Esto nos facilita mucho la labor educativa. Aprovechemos para reflexionar con ellos y fomentar el respeto a las diferencias. No desde la imposición ni adoctrinando, sino desde la escucha, el ejemplo, el contacto con la diversidad.

El sentimiento que provoca la injusticia es la indignación, y es estupendo que nuestros hijos lo sientan. Necesitamos que se sientan furiosos ante la injusticia, que intenten hacerla desaparecer, que quieran contribuir a mejorar el mundo.

Desde la UP defendemos una educación para el respeto y la diversidad; una educación no solo para el mundo tal y como lo conocemos, sino para el mundo que nos gustaría construir.

Artículo ofrecido por Mariola Lorente Arroyo, Universidad de Padres-Fundación Edelvives

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