Más de 7 años

¿Qué puede hacer mi hijo solo?

Los chicos a partir de los siete años quieren ser independientes y valerse por sí mismos. ¿Qué cosas pueden hacer solos?

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Independientes

Aún no son adolescentes, pero los niños de entre siete y diez años comienzan a comportarse como si ya estuvieran en plena pubertad. Es un fenómeno común que, desde hace algunos años, viene observándose con más frecuencia en el mundo occidental, quizá debido a la televisión, internet, redes sociales... Los padres sentimos que nuestros hijos se nos van demasiado pronto, y a veces no reaccionamos de la mejor manera.

Hay que saber distinguir un deseo sano de independencia de un comportamiento excesivamente rebelde que puede dar lugar a conductas peligrosas. Para que un niño pueda manejarse solo deberíamos enseñarle paulatinamente a hacerlo desde mucho antes, mostrándole los peligros que existen en el mundo.

Pero más importante aún es que nuestro hijo se sienta querido y cuidado, que haya tenido elogios, que hayamos potenciado su autoestima... También los límites son necesarios y, a veces, los castigos (sin excedernos, claro).

Si nuestro niño, desde que nació, se ha sentido cuidado y querido, va a poder estar solo sin sentirse solo, y lo más seguro es que sepa cuidar de sí mismo. También es mejor que no intentemos controlarle y que respetemos su intimidad y sus pequeños secretos. ¿Qué ¿Qué tipo de cosas podemos dejarle hacer sin ayuda? Dependerá del grado de madurez que veamos en él.

Dejarle solo en casa:

Es importante prepararlo previamente, hablándole de los posibles riesgos. Debemos darle normas claras y concretas: no abrir la puerta a extraños; si contesta al teléfono y es un desconocido, no decir que sus padres no están (sino que se encuentran ocupados y tardarán en ponerse); enseñarle que puede ser engañado, que aprenda los riesgos del fuego, de los enchufes y de los productos de limpieza.

También debemos dejarle varios teléfonos de familiares o amigos a quienes llamar en caso de emergencia y hacer que se le graben bien en la memoria el 091 y el 112. Los padres deben llevar el móvil siempre conectado.

Viajar en avión:

No hay problema porque las compañías aéreas tienen auxiliares específicos para estos casos, incluso si el niño debe hacer un cambio de avión estará acompañado en todo momento. Puede que se asuste en el aeropuerto si es muy grande, si hay mucha gente o si debe soportar una larga espera. Pero si siente que es un viaje más y que sus padres no le han abandonado, superará el miedo fácilmente.

Viajar en autobús de línea, tren o metro:

El autobús es el más seguro; el tren algo menos, aunque los revisores suelen estar atentos a los niños que viajan solos; el metro es el que puede provocar más problemas, y deberíamos tomar más precauciones. Si podemos evitar que viaje solo, mucho mejor. En este lugar puede perderse con facilidad. Debemos enseñarle a quién dirigirse si se ha perdido: un guarda jurado, un policía, un taquillero... Que tenga muy claro que no debe hablar con extraños ni aceptar obsequios de desconocidos. Si va a viajar en metro, mejor que vaya con amigos.

Ir andando al colegio:

Puede hacerlo siempre que no esté muy lejos y que no sea preciso pasar por lugares peligrosos. Pero hay que tener en cuenta una cosa: cuando el rechazo a que los padres le acompañen al ir y volver del colegio es demasiado fuerte y permanente, puede que se avergüence de nosotros o que se trate de una reacción de rebeldía porque le estamos controlando demasiado. Una charla a tiempo, tranquila y cariñosa, quizá nos ahorre problemas en el futuro.

¿Debemos vigilar sus videojuegos? ¿Puede navegar libremente por internet?

Es recomendable estar atentos al contenido de sus juegos de ordenador o de consola, y evitar que sean demasiado violentos. Sin embargo, es muy difícil que podamos controlarle siempre. No se trata de impedirle jugar a cualquier juego poco adecuado (lo prohibido siempre es lo que más les atrae); lo primordial es que descubramos si divertirse matando seres imaginarios se está convirtiendo en algo obsesivo. Cuando un niño se pasa muchas horas frente al ordenador o la consola puede estar manifestando algún tipo de problema.

La navegación por internet es más fácil de controlar: existen programas que impiden que los niños tengan acceso a contenidos inadecuados. Aunque también deberíamos evitar que nuestro hijo se pase las horas muertas frente a la pantalla.

Hacer la compra en el supermercado:

Si la tienda no está demasiado lejos, el trayecto no ofrece demasiados riesgos, lleva una lista de lo que necesitamos y sabe manejar dinero, no hay ningún inconveniente.

Elegir su propia ropa:

No hay problema si se ajusta a lo que necesita. Admitamos que sus gustos y los nuestros no tienen por qué coincidir (de hecho, a partir de ahora, lo más probable es que no coincidan en absoluto). A cambio sí podemos pedirle que, en determinadas ocasiones (ir a casa de los abuelos, al médico...) acepte unos mínimos, esos que mayoritariamente son considerados como correctos.

En cuanto a la ropa de marca que no podemos o no consideramos conveniente comprar, deberíamos dejarle claro que no le queremos menos por no regalarle lo que se le antoja y que tampoco le queremos más si le obsequiamos con esas zapatillas tan caras. 

En definitiva, la delicada tarea de los padres consiste en saber tirar y aflojar de la cuerda en la justa medida, sin pasarse de permisivos y sin pecar de autoritarios.

 

Asesora: Irene Silva Diverio, 
psicóloga infanto-juvenil.

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