Educación y ocio

Reclaman independencia en verano, ¿dónde ponemos los límites?

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Ya no hay colegio, ni horarios que cumplir. Ahora quieren vaguear, acostarse tarde... ¿Les dejamos?

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El curso escolar ha tocado a su fin. La mayoría de los niños llegan a él exhaustos y, aunque es lógico que quieran aprovechar el verano para descansar y pasar un poco de horarios y normas, es conveniente mantener unas rutinas saludables, especialmente en cuanto a sueño y alimentación se refiere. Lo mejor: hacer con ellos un plan al inicio del verano, pactando unos mínimos que deben quedar muy claros y algunos extras para días especiales.

¿Pueden acostarse y levantarse más tarde?

Los niños necesitan dormir las mismas horas sea invierno o verano. Aunque les atrae la idea de trasnochar, casi nunca hay un motivo que lo justifique. Además, al ir retrasando la hora de irse a la cama y levantarse, la vuelta al cole puede convertirse en una dura pelea por conseguir que se levanten a tiempo.

No conviene modificar mucho los horarios, pero sí se pueden hacer excepciones en ocasiones especiales (fiestas del pueblo...) y los fines de semana (podemos dejar que se acuesten una o dos horas más tarde).

¿Les dejamos emplear su tiempo libre como quieran? 

O sea, ¿pueden hacer lo que les dé la gana? Mejor que eso, podemos sentarnos con ellos al inicio de las vacaciones, preguntarles qué les apetece hacer y llegar a un acuerdo. Por ejemplo, ¿cómo les gustaría colaborar en las tareas de casa? Uno puede hacerse cargo de archivar las fotos familiares en álbumes, otro querrá regar las plantas, o tal vez prefiera buscar en Internet información sobre el lugar donde vamos a veranear o planear una excursión familiar.

Podemos programar estas actividades (un día a la semana, o una hora cada día) y el resto del tiempo dejar que hagan lo que quieran, cumpliendo, eso sí, las normas que rigen siempre (como, por ejemplo, no usar la consola más de una hora al día ni olvidarse de echar la ropa sucia a lavar).

¿Deben hacer deberes?

Salvo que haya una recomendación expresa de los profesores, es preferible que dediquen el verano a otras actividades. Podemos animarles a leer el periódico o un libro de la biblioteca, iniciarles en la jardinería, enseñarles a pescar..., pero no parece buena idea insistir en que repasen las materias del curso anterior (ni adelantar las del próximo); de lo contrario, pueden llegar a aborrecer los estudios.

¿Cuánta tele pueden ver?

No más que antes, y menos aún de noche. La programación nocturna casi nunca es adecuada para niños de estas edades. Y la diurna tampoco suele estar pensada para ellos. Siempre es mejor fijar unos horarios y asegurarse de que lo que ven es apto para niños.

Ante la duda, debemos sentarnos con ellos delante de la pantalla, o mejor: apagar el televisor y jugar con ellos.

¿Les permitimos comer lo que les apetezca?

Se puede ser más flexible y dejar que merienden helados o, de vez en cuando, que cenen una pizza. Pero no olvidemos que una alimentación equilibrada es la mejor forma de prevenir enfermedades y asegurar un desarrollo armonioso.

Podemos dejar que participen en la programación de los menús o incluso que cocinen algún día. También es importante mantener las rutinas (que coman en familia, a las horas habituales) y que no se salten el desayuno. 

¿Y si pretenden pasar unos días en casa de un amigo?

Si ya ha estado otras veces en su casa, conocemos bien al niño y a sus padres, y nuestro hijo nos lo pide, se puede hacer la prueba y dejarle ir. Siempre debemos aclararle que estaremos dispuestos a recogerle en caso de que decida volver antes de tiempo, ¡sin que esto suponga un fracaso ni un motivo de reprimenda! 

Etiquetas: familia

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