Psicología y educación

Sanando la autoestima de los padres se evita dañar la de los hijos

¿Cómo podemos mejorar nuestra autoestima a la vez que conseguimos no dañar la de nuestros hijos, a medida que crecen?

¿Sabías que en 1988 los legisladores californianos votaron por unanimidad una ley de la autoestima? A mí también me sorprendió cuando lo leí en el libro “La autoestima: nuestra fuerza secreta” del psiquiatra Luis Rojas Marcos.

Se consideraba que la baja autoestima constituía la causa fundamental de la falta de responsabilidad personal y social en la población y se creía que si se impulsaba entre los ciudades una valoración positiva de sí mismos, conllevaría a la disminución de seis graves lacras sociales de la América urbana del siglo XX: el crimen violento, el maltrato doméstico, el abuso del alcohol y otras drogas, los embarazos en adolescentes, el fracaso escolar y la dependencia crónica de las prestaciones de la Seguridad Social.

La importancia de sanar nuestra autoestima
Foto: Istock

Esta ley fracasó porque ignoraban las bases legítimas que configuraban la autoestima saludable, algunas intervenciones consistían en borrar sentimientos como “no me gusto” con frases típicas como “¡Quiérete a ti mismo!”. Estarás conmigo en que mensajes de autoayuda como “el que quiere puede” o “yo puedo si me lo propongo” hacen mucho daño. 

Este tipo de fórmulas descartaron el valor de la autodisciplina pasando por alto la capacidad de aprender de los propios errores. Lo bueno de esta ley es que despertó el interés de muchas instituciones para investigar sobre la autoestima, la personalidad y la adaptación social, de hecho en 1998 surgió la psicología positiva gracias a Martin Seligman quien quiso investigar las bases del bienestar psicológico y la felicidad.

Una autoestima positiva permite no dañar la de los hijos

La educación de los hijos está condicionada por nuestra infancia, nuestra historia personal de vida y sobre todo por el tipo de resiliencia que hemos llevado a cabo en caso de haber crecido con alguna herida o trauma.

Es importante revisar qué tipo de autoestima tenemos antes de entrar en la maternidad porque las heridas no se borran ni desaparecen, pero sí podemos aprender a que no duelan tanto, a vivir con ellas y sobre todo a no destruir las relaciones que tenemos con las personas que más queremos por falta de gestión emocional.

Si te ayudan las imágenes para recordar las ideas, (a mí mucho) puedes relacionar la autoestima con una hoja de papel blanca y lisa,  pero si con ella haces una bola y la estrujas fuerte aunque quieras volver a estirarla las arrugas quedan en ella igual que las heridas en tu autoestima o la de tu hijo. Aquí te pongo algunos ejemplos de mensajes que has podido escuchar en tu infancia y que de adulto te pueden condicionar la forma de relacionarte con tus hijos:

  • ¡Este niño no vale para estudiar, casi mejor si lo pones a trabajar en cuanto tengas oportunidad!
  • ¡De donde no hay no se puede sacar, lo mejor es que pienses en un oficio para que tenga futuro!
  • ¡Este crío como siga así no parece que le vaya a ir muy bien en el futuro!
  • ¡O cambias y te aplicas o te va a ir muy mal en la vida!

Cada frase es como una lanza que va directa al corazón y arruga la autoestima, cuando personas de referencia para uno como padres y maestros te describen negativamente, es muy difícil valorarte positivamente, todo lo que un niño escucha de sí mismo durante su infancia es como el material con el que construye su propia identidad y con ello va configurando la imagen de sí mismo, “soy vago, torpe, no valgo para estudiar y no tengo futuro, así me ven, así soy”. 

Sin embargo, hay una buena noticia, aunque sean más personas las que hayan enviado esos mensajes, si existe una única persona capaz de verte de otra manera es suficiente para creer que no todo está perdido, con al menos una única persona que te envíe un mensaje diferente ya puede cambiar el rumbo de un niño abocado al fracaso. Por ejemplo, no es lo mismo decir “este niño no vale para estudiar” que decir, “veo que con los talentos que tiene este niño puede desarrollar mejor todo su potencial haciendo estos estudios…”.

¿Sabías que Thomas Edison, el inventor que registró 1093 patentes a su nombre con ocho años fue expulsado del colegio porque su maestro lo calificó de alumno "improductivo"? Su madre le enseñó en casa y se convirtió en un gran inventor contribuyendo en gran manera al mundo. Aunque lo conocemos como el inventor de la bombilla en realidad fue el que consiguió que un filamento conectado a una corriente eléctrica funcionase aprovechando el trabajo que otros científicos habían realizado antes. La pregunta que podemos hacernos es ¿ si su madre no hubiera creído en él, hubiera podido desarrollar su talento como inventor?

Autoestima
Foto: Istock

Muchas veces no podemos evitar que un niño sea dañado, pero sí podemos evitar que esa herida crezca. Con que una sola persona crea en ti es suficiente para que esa autoestima resucite aunque sea arrugada, porque se puede aprender a vivir con ello y salir adelante sacando lo mejor de uno.

En este caso, la madre de Edison es la mujer que creyó en su hijo y seguramente hizo posible que su hijo desarrollara ese gran potencial como inventor y en el caso de Luis Rojas fue una maestra. Cuenta que después de haber pasado por varios colegios, Doña Lolina, directora del último colegio, detectó “un algo” recuperable en él que le llevó a apostar por su potencial siendo hoy un prestigioso psiquiatra.

Estoy segura que si a lo largo de tu infancia y adolescencia has acumulado alguna que otra experiencia dolorosa que te ha generado una herida que aunque haya cicatrizado el recuerdo sigue doliendo, también habrá personas que hayan apostado por ti, en muchos casos son los abuelos, un maestro, la madre o padre de un amigo, una vecina, etc. Personas que te ayudaron a no caer, a levantarte y despegar quedando todos boquiabiertos menos quien creyó en ti cuyo pensamiento es “yo lo sabía, siempre lo supe, era un ser especial, único, sólo vemos lo que siempre hubo dentro de él y salió cuando era el momento”.

La autoestima es un tema tan amplio e importante que seguiremos hablando de ello en próximos artículos, de momento os invito a escuchar esta canción que hice junto a Maria Peralta para trabajar las emociones a través de la música, ésta en concreto del tema que hemos desarrollado ¿Y tú, en qué eres bueno?.

Leticia Garcés

Leticia Garcés

Pedagoga. En 2010 fundó Padres Formados, desde donde imparte cursos de  formación a familias y profesionales en temas relacionados con la Educación Emocional y la Parentalidad Positiva tanto presencial como online, a nivel nacional e internacional (Colombia y México).

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