Educación del niño

Si levantas un castigo, no pierdes autoridad

¿Levantar un castigo a nuestro hijo es sinónimo de pérdida de autoridad? Descubre 5 valores educativos útiles para ti y tus hijos.

Hace unas semanas una madre a quien estoy asesorando me decía, “esta mañana mi hijo me ha contestado mal y me he enfadado tanto que le he quitado la WiFi, ya sé que no tiene nada que ver una cosa con la otra, pero me ha sabido tan malo que le he quitado lo que más le gusta…”. En esta situación que describo hay una parte muy positiva, la toma de conciencia que la madre ha sido capaz de hacer una vez ha logrado tranquilizarse, “ya sé que quitarle la wifi no le hará portarse mejor, pero ¿qué hago?”.

Levantar el castigo a nuestro hijo
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En casos como estos, el planteamiento que yo os haría sería: si consideras que te has dejado llevar por la emoción y has aplicado un castigo desde el enfado, ¿estás dispuesta a rectificar, eliminar o cambiar de castigo? Quizás me respondas, “no, no quiero perder mi autoridad…”.

Para tu tranquilidad te diré que ningún adulto pierde la autoridad si rectifica, cambia de opinión o levanta un castigo que no lo considera educativo; precisamente haciendo esto ganas puntos frente a tus hijos.

La rabia tiene como función la defensa, es una emoción intensa que nos permite encajar y adaptarnos mejor a una situación que consideramos injusta y que ataca contra nuestra integridad, pero como decía Aristóteles, “enfadarse es fácil, lo difícil es enfadarse con la persona adecuada en el grado exacto, en el momento oportuno, con el propósito justo y del modo correcto; eso sí que es difícil”.

Muchas veces nos enfadamos con nuestros hijos, pero de forma desproporcionada, lo expresamos con poca regulación emocional y mantenemos ese estado emocional durante bastante tiempo, no tenemos mucha práctica desenfadándonos. 

Esto nos impide reflexionar sobre el motivo real del enfado que muchas veces no tiene nada que ver con lo que realmente pensamos. Es posible que nos moleste que no nos hagan caso por la mañana pero si indagamos un poco, veremos que en realidad lo que nos molesta es no ser capaces de manejar mejor la situación, la impotencia que sentimos ante su falta de colaboración y la frustración que se despierta en nosotros por no ser capaces de lograr que tengan otra actitud por las mañanas.

Calmarse precisamente nos ayuda a darnos cuenta que no tiene nada que ver su acción con nuestra reacción, quedarse sin WiFi no le enseñará a regularse mejor la próxima vez y esto precisamente es lo que necesita aprender, autocontrol y no quien es más fuerte de los dos, pero ¿cómo lograr enfriarnos cuando el enfado quema tanto?

Consejos útiles para hacer las paces con nuestros hijos
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Empecemos por analizar algunos principios sobre los que estamos tomando nuestras decisiones. Como leía en el libro “Ámame para que me pueda ir” de Jaume Soler y M. Mercè Conangla, “para que nuestros hijos tomen la dirección adecuada, nosotros debemos ir en la adecuada dirección”, es decir, si quiero que la conducta de mi hijo muestre autorregulación y control emocional, exprese su frustraciones con cierto equilibrio y se adapte mejor a los cambios, yo tengo que preguntarme, ¿cómo me manejo en situaciones estresantes? y a partir de aquí valorar que quizás tengo que revisar mis valores a la hora de educar.

5 valores educativos que sí o sí tienen que mostrarse a la hora de disciplinar a nuestros hijos

1. Valora si cuentas con el tiempo suficiente para atender una conducta que te genera algún tipo de malestar. Si el comportamiento surge en la mañana y en menos de quince minutos hay que salir a la escuela, la falta de margen para dar una respuesta coherente, justa y equilibrada te tiene que marcar el camino, “ahora no es el momento para entrar en esta batalla”.

2. Nunca aplicar una consecuencia inmediatamente después de la conducta que se quiere corregir, la probabilidad de equivocarse es muy alta, es mejor responder con frases breves tipo “ahora estoy muy enfadada y no puedo pensar con nitidez, pongo en pausa lo que acaba de suceder y luego te digo lo que he decidido” o también serviría “me ha sorprendido lo que acabas de hacer, no me lo esperaba, no quiero equivocarme con mi respuesta, puedes irte a la escuela, voy a darle vueltas a este tema…”.

3. Analiza la emoción desde la que has tomado la decisión, si su comportamiento te ha enojado y tienes tiempo suficiente para enfriar lo que sientes, es posible que de forma reactiva hayas aplicado una consecuencia poco educativa. Si consideras que el enfado ha tenido un excesivo protagonismo y que no te ha permitido pensar bien la consecuencia, puedes anular esa decisión. Desde la rabia no se pueden tomar decisiones de buen trato.

4. Si ves una clara incoherencia entre la acción del niño o adolescente y nuestra respuesta y no hay posibilidad de reparar el daño generado sino más bien lo que se propone es pagar una multa por saltarse una norma de convivencia, quizá es un buen momento para rectificar.

5. No mantener ninguna decisión por miedo a perder autoridad. Si analizamos lo sucedido y vemos claramente que la consecuencia aplicada se ha decidido desde la rabia y se mantiene desde el miedo a perder autoridad, es claramente una señal de que ese no es el camino.

Os invito a ver este cortometraje que creamos para la campaña de sensibilización “Educar sin miedo” sobre la importancia de reparar vínculos afectivos como una forma de rectificar porque equivocarse es la oportunidad de volver a empezar con algo aprendido.

Leticia Garcés

Leticia Garcés

Pedagoga. En 2010 fundó Padres Formados, desde donde imparte cursos de  formación a familias y profesionales en temas relacionados con la Educación Emocional y la Parentalidad Positiva tanto presencial como online, a nivel nacional e internacional (Colombia y México).

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