Psicología infantil

Si te enfadas con tu hijo, no le dejes de hablar

Es normal que, cuando nos enfadamos con nuestro hijo, necesitemos un tiempo de calma. Pero, lejos de lo que podamos pensar, no es recomendable dejarle de hablar.

Es comprensible que cuando el comportamiento de un hijo nos disgusta, enfada o decepciona necesitemos un tiempo para recomponernos, pero ese tiempo debe ser vivido con una finalidad concreta, recuperar el estado emocional perdido, poner conciencia en mis emociones, analizar mi reacción y buscar la paz interior para volver a estar en paz con lo demás. Pero en ningún caso ese tiempo de silencio para estar con uno mismo debe mostrarse como un castigo para los demás, “como te has portado mal…no mereces mi presencia”.

A los hijos les ayuda más entender que su madre o su padre se ha enfadado y está gestionando su emoción, que vivir el enfado de sus padres como un castigo. Esta frase la deberíamos de tener colgada en la nevera, “el amor no es algo que damos o quitamos en base a cómo nos sentimos ni cómo se comportan”.

Por qué no debes dejar de hablar a tu hijo aunque te enfades.
Foto: Istock

Seguro que alguna vez has subido a un monte, ¿cómo cuesta subir verdad? Pero, una vez en la cima, uno piensa “ha merecido la pena, qué hermoso lugar”. Pues educar es algo parecido, es recorrer un camino hacia una meta, esforzarse en el camino confiando que nos espera un lugar maravilloso, unas vistas espléndidas que solo si hacemos el esfuerzo de subir vamos a poder disfrutar, pero “no hay nada sin nada”, no hay meta sin camino, no hay fruto sin siembra, no hay un final sin un principio y como es lógico, no hay aprendizaje sin un proceso de enseñanza. Como dice el título de mi libro, no hay hijos educados sin padres formados.

Educar es caminar hacia un lugar donde nuestros hijos despegan, lo vemos en el orden natural de su desarrollo evolutivo, cuando están preparados para caminar, andan, cuando su cerebro está listo para aprender a leer, se sueltan con la lectura y cuando están preparados para empatizar vemos gestos afectivos y de cuidado hacia los demás.

Lo mismo pasa con el autocontrol, cuando su cerebro está preparado para autorregularse, todo el trabajo que hemos hecho para que esa gestión emocional se dé, fluye, pero mientras no vemos esos frutos, no podemos desaparecer de su lado, no podemos dejar de mostrar el ejemplo, no podemos tirar la toalla ni ser impacientes, porque a veces la salida está más cerca de lo que imaginamos.

Por lo tanto, mientras no surge el milagro de la educación emocional, no dejes de caminar, sigue hacia adelante porque educar es potenciar todo lo bueno que hay en ti para que lo aprendan cuando estén contigo y sobre todo decir menos y hacer más para que el ejemplo sea una fuente de aprendizaje constante.

Si te enfadas con tu hijo, no le dejes de hablar

Qué debes hacer cuando te enfadas con tu hijo
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Como hemos visto en otros artículos que he escrito, el castigo no solamente es lo que le quitas para corregir un comportamiento sino es el cariño, la atención o la presencia que no le das porque el propio enfado nos impide estar cerca de la fuente de estrés, en este caso, cerca del hijo o hija cuyo comportamiento nos ha disgustado. Por lo tanto, dejar de hablar a un hijo durante mucho o poco tiempo se convierte en un castigo muy duro para muchos en un momento en el que precisamente lo que necesitan es entender, reflexionar y hablar.

Hay varias frases aparentemente inofensivas que también pueden hacer mucho daño, os invito a leerlas detenidamente y a pensar alternativas para expresar el enfado sin dañar a través de su expresión:

  1. Nunca haces caso a nada, siempre te tengo que repetir las cosas mil veces...
  2. Me has puesto muy triste, por tu culpa mira como estoy...
  3. Ya verás qué bien te lo pasas en la escuela, no llores que te van a ver tus amigas...
  4. Si no fuera por mí esta casa no funcionaría, falto un día y cómo se nota...
  5. Pórtate bien que si no ese policía que está ahí te puede llevar a la cárcel de niños...
  6. Esta mañana he llegado tarde al trabajo por tu culpa y mi jefe me ha regañado...
  7. Ya sabes lo que les pasa a los niños que se portan mal…
  8. Los hijos lo que necesitan es una buena nalgada a tiempo…
  9. Si le dejas con todo, se te subirá a la chepa...
  10. Si no te pones firme, hará contigo lo que quiera...
  11. Cuando llegue a la adolescencia ya verás...
  12. Antes no éramos así, los niños vienen muy espabilados...

Todas las emociones son legítimas, aunque unas sean más desagradables que otras. Para poder profundizar en nuestro mundo emocional, recomiendo un proyecto muy bonito que realizaron juntos Rafael Bisquerra y Eduard Punset, el “Universo de Emociones” donde recogen 307 emociones, no todas, pero sí las más representativas en un mapa que permiten visualizar y comprender nuestro comportamiento como seres humanos.

Este mapa gráfico es de gran valor por su carácter didáctico y divulgativo,una herramienta que nos permite comprender el mecanismo complejo que mueve nuestro YO interno. y como dicen los propios autores, es un punto de partida para empezar a gestionar nuestros sentimientos.

Os pongo una entrevista que recientemente he realizado precisamente a uno de los autores, Rafael Bisquerra, mi gran maestro y mentor. 

Leticia Garcés

Leticia Garcés

Pedagoga. En 2010 fundó Padres Formados, desde donde imparte cursos de  formación a familias y profesionales en temas relacionados con la Educación Emocional y la Parentalidad Positiva tanto presencial como online, a nivel nacional e internacional (Colombia y México).

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