Desconfinamiento

Síndrome de la Cabaña: ¿afecta también a los niños?

Estos días estamos oyendo hablar mucho del Síndrome de la Cabaña y puede afectar tanto a adultos como a los niños. Hablamos sobre qué es, cuáles son sus síntomas y cómo podemos combatirlo, además de saber si se manifiesta del mismo modo en los niños.

madre con hijo
Foto Istock

La situación de confinamiento y aislamiento social a la que nos hemos visto obligados por la COVID-19 y la pandemia de coronavirus está pasando factura a muchos niveles y el psicológico es uno de los que más empieza a preocupar.

Miedo, ansiedad, estrés, nerviosismo…estas sensaciones están siendo frecuentes en muchos adultos, pero también en algunos niños.

El desconfinamiento y las nuevas actividades que podemos ir haciendo en las nuevas fases de la desescalada están provocando, en algunas personas, el miedo o el rechazo a salir a la calle y a volver, con todas las medidas de precaución necesarias, a socializar poco a poco. Esta situación se conoce como el Síndrome de la Cabaña.

¿Qué es el Síndrome de la Cabaña y cuáles son sus síntomas?

Este síndrome parece haber saltado a la palestra en las últimas semanas y está en boca de todos los expertos y presente en muchas conversaciones, sin embargo, lejos de ser una novedad, es un trastorno conocido para los expertos desde hace mucho tiempo: “Se trata de un término que comenzó a utilizarse en 1900 para referirse a los síntomas que experimentaban algunas personas, sobre todo en Estados Unidos y Canadá, que solían pasar muchos meses aisladas en sus cabañas a lo largo del invierno. A estos trabajadores, fundamentalmente buscadores de oro y cazadores, el aislamiento les afectaba de un modo muy particular”, explica la Dra. María Gallego, especialista en Psicología y miembro de Top Doctors.

Esta patología no afectaba solo a buscadores de oro y cazadores, también se comprobó que hacía mella en otros trabajadores como los fareros y también en diferentes lugares y momentos de la historia, como astronautas, exploradores en estaciones polares y, en definitiva, en algunas personas que han tenido que estar aisladas y confinadas, muchas veces en soledad, a lo largo del tiempo.

En cuanto a los síntomas, son variados y no todo el mundo experimenta los mismos, ni con la misma intensidad ni de la misma manera: “Debemos tener en cuenta que algunos pueden ser indicativos de diferentes patologías y manifestarse en otros problemas”, advierte la experta.

Sin embargo, hay algunos síntomas que se presentan en la mayoría de los casos: “Los más frecuentemente referidos son el cansancio, la irritabilidad, la impaciencia, la sensación de estar enjaulado, la incapacidad para hacer frente al estrés, los problemas de concentración, la baja motivación, los desórdenes en la alimentación y los problemas relacionados con el sueño”, describe la psicóloga.

También pueden aparecer otros síntomas, aunque no son tan habituales: “Algunos son síntomas menores, como el aburrimiento, pero muchas veces aparecen problemas en la gestión del autocontrol y la autorregulación en diferentes intensidades”, matiza Gallego.

Estos síntomas, a pesar de que pueda parecer que invitarían a salir a la calle para deshacerse de esas sensaciones, pueden traducirse en lo contrario: miedo y pánico a salir fuera del lugar en el que se ha pasado mucho tiempo.

¿Por qué parece estar apareciendo con más frecuencia en esta situación que estamos viviendo?

Tras el confinamiento, parece que empezamos a encaminarnos hacia la llamada “nueva normalidad” y poco a poco volvemos a salir a la calle (aunque no debemos olvidar que es imprescindible seguir las medidas de seguridad recomendadas por los expertos, como mantener la distancia social y utilizar mascarilla), sin embargo, a algunas personas esto les genera gran ansiedad y mucho miedo, se recluyen en su hogar porque es el único lugar que consideran seguro.

“En relación con el momento actual, a pesar de que este síndrome no figura entre las clasificaciones diagnósticas que manejamos los profesionales de la salud mental, ha sido rescatado para describir lo que sienten muchas personas confinadas en sus casas. El distanciamiento social y el aislamiento hacen más posible que la gente experimente algo parecido al síndrome de la cabaña que, en este caso, podría manifestarse con dificultades emocionales dentro del domicilio, o problemas también para conseguir salir de él. Estamos viendo que muchas personas, por ejemplo, han desarrollado miedo a salir de casa, en relación directa con lo expuesto, y por temor al contagio” explica la doctora.

¿Cómo se puede afrontar o superar?

Para poder afrontar este problema es muy importante hablar de los que nos sucede y de cómo nos sentimos: “Se puede afrontar hablando de lo que nos ocurre con nuestro entorno más cercano, nuestra red de apoyo social, y, solicitando ayuda profesional si no somos capaces de resolverlo. Los psicólogos estamos trabajando con las personas que lo sufren para mejorar su estado emocional, ayudándolas a adaptarse satisfactoriamente al hecho de estar confinados, y a incorporarse poco a poco a la normalidad. La psicología a través de videoconferencia posibilita, en estos momentos, que los pacientes reciban la asistencia que necesitan en un horario muy amplio y flexible, que no interfiera con sus obligaciones laborales o personales y familiares”, asegura Gallego.

¿Puede afectar también a los niños? ¿Cómo lo manifiestan ellos?

Según revela uno de los primeros estudios realizados sobre la actual situación de las familias, un 30% de los niños y adolescentes aislados o en cuarentena como consecuencia de la pandemia de COVID-19 podrían presentan síntomas de estrés postraumático. Estos datos, entre otros, fueron revelados durante el Webinar Duelo y Trauma en la Infancia y Adolescencia en los Tiempos de COVID-19, el primero de una serie de Webinars organizados por la Asociación Española de Psiquiatría del Niño y el Adolescente (AEPNYA).

Después del tiempo que los niños han pasado sin salir de casa, es probable que algunos sientan miedo a tener que bajar a la calle: “El confinamiento está afectando psicológicamente a muchos niños, de un modo distinto en función de la edad y del momento evolutivo en el que se encuentren. Algunos pueden referir inicialmente un cierto temor al salir a la calle, por ejemplo, y otros desarrollar síntomas mientras están confinados”, asegura la experta.

Por su parte, Leticia García, psicóloga en Centro Médico Complutense (Grupo Virtus), explica qué pasa cuando sentimos miedo: “A nivel psicológico se producen tres sistemas de respuesta en el miedo: el primero es el nivel fisiológico, nuestro cuerpo reacciona con cambios corporales que nos generan emociones molestas como sudoración palmar, aumento de la respiración y del ritmo cardíaco, tensión muscular, escalofríos, entre otros. El segundo es el nivel cognitivo, nos encontramos con los pensamientos e imágenes mentales relacionadas con la situación que nos genera el miedo: me voy a contagiar, mis familiares y amigos pueden enfermar, vamos a morir, no pienso salir a la calle, seguro que toco algo y me contamino… El tercer nivel es el motor, esto hace referencia a las cosas que hacemos cuando tenemos miedo. Estas conductas se dirigen a impedir, posponer o escapar de la situación que nos lo genera. Por eso nos encontramos en esta fase de desescalada con niños o adolescentes que no quieren salir y evitan enfrentarse a ello”, argumenta.

¿Cómo podemos ayudar a los niños si manifiestan miedo o temor a ir a la calle?

Es importante que los adultos acompañemos y ayudemos a los niños a manejar y entender sus emociones., además de ofrecerles seguridad. Es importante, en primer lugar, normalizar su miedo: “es necesario hacerles ver que es normal que tengan miedo a un posible contagio y que los adultos a veces también lo sentimos, pero que, si seguimos las recomendaciones dadas por los profesionales, no podrá pasarnos nada. Es importante que el niño se vea con recursos para poder afrontar estas situaciones, es decir, dotarle de material de protección que le ayude a sentirse en un ambiente relajante y más seguro”, explica García.

También es importante tener en cuenta la edad del niño y su momento evolutivo: “Un cierto temor inicial y que desaparecerá en poco tiempo es esperable en muchos casos. Los niños deben adaptarse a una situación nueva para ellos y a una forma diferente de relacionarse con su entorno. Con los mayores de 6 años, por ejemplo, los padres pueden idear un juego que involucre el gel hidroalcohólico, la mascarilla y la medida de seguridad de distanciamiento social, por ejemplo. Cada uno conoce mejor sus hijos, y la temática del juego en sí variará en función de sus preferencias. Se trata de ser creativos y de participar con ellos”, aconseja Gallego.

Además, la paciencia, la constancia y dar ejemplo es fundamental: “Estamos enseñando a nuestros hijos, poco a poco, cómo deben comportarse cuando salgan a la calle. Esto les va a ayudar a ganar confianza y seguridad. Se trata de un aprendizaje que requiere tiempo y hacer las cosas bien, sin excepciones, todos los días” asegura la psicóloga miembro de Top Doctors.

Por otro lado, Leticia García también aconseja ir enfrentándose a esa situación que genera miedo para que vaya disminuyendo, pero es necesario hacerlo poco a poco y sin forzar: “En este caso sería de utilidad programar las salidas de los niños de menor a mayor tiempo de duración, así como de menor a mayor distancia. De esta manera irán ganando en seguridad y el miedo irá disminuyendo según vayan comprobando que no sucede nada malo. También es importante dotarles de herramientas para que se enfrenten a salir a la calle de manera relajada: practicar con ellos alguna técnica de respiración o relajación para que realicen antes y durante la salida, identificar las posibles creencias erróneas, pensamientos negativos e imágenes que estén alimentando el miedo y ayudarles, en la medida de lo posible, a cambiarlos por otros más adaptativos. También animarles a decirse frases de ánimo a sí mismo cuando se vaya a enfrentar a la situación temida. Puede funcionar establecer con ellos un sistema de recompensas si consiguen enfrentarse al miedo y felicitarles por su valentía, ofrecer sonrisas, besos, muestras de cariño…”.

¿Cuándo debemos preocuparnos?

Si vemos que la situación empeora, no mejora o es difícil de controlar, es importante acudir a los expertos: “Si detectemos cambios en el comportamiento o en las emociones de nuestros hijos conviene hablar con ellos para intentar averiguar qué les preocupa y, si uno no lo tiene claro o no es capaz de resolverlo, conviene buscar ayuda de un profesional para que pueda valorar el caso y nos pueda orientar”, concluye Gallego.

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Cristina Cantudo

Soy periodista y mi pasión es comunicar, conectar con la gente y convertir en palabras las ideas. Soy amante de la lectura, la poesía, me encanta viajar, descubrir y aprender. Intentaré compartir con vosotros todo lo que me resulte interesante y emocionante.

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