Relaciones

¿Cómo relacionarte mejor con tus hijos? Descubre esta fórmula única

¿Quieres conocer una fórmula tremendamente útil para relacionarte mejor con tus hijos? Leticia Garcés te la descubre.

Os quiero contar una fórmula muy interesante que no funciona para que los niños se porten bien, sino para que nosotros nos relacionemos con ellos mejor. Es una fórmula que nos permite priorizar lo importante, recordar lo que no puede faltar en la comunicación con nuestros hijos y sobre todo, para que cuando nos dirijamos a ellos tengamos en cuenta que si no nos obedecen a la primera no es un problema que tengamos que resolver de inmediato con una respuesta tipo… ”pues si no vienes me voy, ahí te quedas, si te pierdes es tu problema”.

Cómo relacionarte mejor con tus hijos
Foto: Istock

¿Estas frases leídas suenan más duras, verdad? Pues tristemente se dicen a diario en muchos parques infantiles cuando los padres no consiguen que sus hijos dejen de jugar cuando les llaman. Hay que decir que estas frases sí funcionan, porque siempre que activamos la amígdala a través del miedo (“te vas a quedar sola”) la mayoría de niños reaccionan sin dudarlo, porque estamos programados para la supervivencia.

Pero hay que recordar que educar con amor es todo lo contrario de educar con miedo, nosotras estamos para acompañar esta emoción, no para generarla.

Por cada ''no'' que dices, es bueno decir tres ''síes''

Vamos a intentar meternos en la cabeza de un niño de cinco años, cuando ve un estímulo que le genera curiosidad, un insecto por ejemplo, se le despiertan las ganas de explorar; si el apego que ha creado con sus padres es seguro, no necesitará más que saber dónde están para saciar su curiosidad buscando más entre las piedras.

Lo que quizás no sea consciente es que siguiendo su curiosidad, se ha acercado mucho a la carretera así que sus padres le gritarán “no te acerques tanto a los coches”, “no juegues ahí”, “no te vayas tan lejos”, etc. Todas indicaciones de cuidado que el niño necesita recibir porque su cerebro precisamente le indica todo lo contrario “sigue explorando”, “sigue buscando”, “sigue descubriendo”.

Si nos fijamos en el ejemplo, generalmente decimos “no” de forma automática pero no contemplamos que para el niño no es nada fácil cumplir con ese NO, es como cuando te ponen en una puerta “prohibido entrar” y siente más ganas de saber qué hay detrás. El objetivo no es tanto que nos obedezca, sino que no estén en peligro y que jueguen en condiciones de seguridad, así que teniendo en cuenta esto, les vamos a ofrecer siempre tres opciones, aunque no elijan ninguna, ¿por qué? porque lo importante y por lo que estamos apostando es la relación. 

Primero validamos sus emociones, “entiendo que tienes ganas de jugar y de explorar, es muy emocionante seguir una mariposa volando” y segundo les indicamos dónde pueden llevar a cabo su actividad de juego mostrando de una vez lo que no les permitimos, “puedes jugar aquí, puedes jugar allí, puedes jugar en aquellos árboles”, es decir, “puedes jugar donde yo te vea seguro y sienta que no corres peligro, cerca de los coches no”.

Y a partir de aquí prepárate para un momento muy importante para el desarrollo de su cerebro, puede que estalle una rabieta, frustración o enfado con la intensidad acorde a su edad, temperamento y madurez y esta será tu gran oportunidad para transmitirle calma, ofrecerle tiempo y espacio y sobre todo para no juzgarle por sentirse mal.

Quiero recordar que no es una fórmula para generar “buen comportamiento” sino “buena relación”, por eso el orden es importante, primero le dices lo que sí puedes hacer y luego lo que no le permites hacer.

Consejos para mejorar la relación con tu hijo
Foto: Istock

Hay que entender que, aunque le ofrezcas tres opciones, le acabas de quitar la que más desea por eso es normal que no esté contento con la situación.  Quizás pienses, pero ¿si va a llorar igual para qué sirve esta fórmula?

Precisamente para que entendamos que el niño se tiene que acostumbrar a ver también puertas abiertas, aunque no elija entrar por ninguna porque mientras está enfadado no tiene la capacidad de verlo como una opción válida, su prefrontal es incapaz de ver caminos sólo percibe obstáculos por eso nos toca “acariciar la amígdala” y aprovechar ese momento para generar sensaciones de paz, calma y tranquilidad.

Cuatro mensajes que tienen que sentir con nuestra presencia que no es necesario expresar con palabras:

  1. Sé que lo estás pasando mal, pero no te estás portando mal, yo entiendo que ahora mismo no puedes entender que estás en peligro por eso yo tomaré las decisiones por ti.
  2. Aunque no entiendas que mi decisión te conviene, yo voy a mantener mi decisión sin enfadarme contigo porque sé que te ayuda más verme firme que enfadada.
  3. Sé que tus ganas de explorar son tan grandes que tu capacidad para escuchar es más limitada, mientras no te protejas, lo haré yo por ti.
  4. Entiendo que me percibes como una amenaza que quiere impedir que lleves a cabo una exploración placentera y precisamente porque entiendo lo importante que es para ti jugar, te indico dónde lo puedes hacerlo con seguridad.
Leticia Garcés

Leticia Garcés

Pedagoga. En 2010 fundó Padres Formados, desde donde imparte cursos de  formación a familias y profesionales en temas relacionados con la Educación Emocional y la Parentalidad Positiva tanto presencial como online, a nivel nacional e internacional (Colombia y México).

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