7-10 años: educación y ocio

Televisión: no todo es violencia

4 minutos

Nos quejamos mucho de la tele, pero también reporta muchas cosas buenas. No hay que prohibirla, sino sentarnos con los niños y enseñarles a verla con actitud crítica.

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Cada día nuestros niños pasan mucho tiempo delante del televisor y, a veces, los padres no sabemos hasta qué punto les perjudica lo que están viendo.

También es verdad que, algunos papás, hablan por hablar y etiquetan los programas que adoran los pequeños de forma arbitraria, sin haberse molestado en encender la tele para conocer su contenido. Quizá, padres e hijos no coincidamos en gustos televisivos, pero, antes de tirar el aparato por la ventana, parémonos a pensar un poco. 

Cuando se trate de programas muy populares entre los chicos de su clase, no resultará fácil disuadir a nuestro hijo (y se sentirá mal si los amigos comentan las imágenes en su presencia). Por otra parte, las series tipo manga (como los archiconocidos Pokémon o Inazuma Eleven) pueden parecernos pobres de contenido o violentas, pero no hay que olvidar que los niños tienen una perspectiva diferente a la nuestra, respecto a las escenas que salen en ellas.

Recordemos también que, cuando nosotros éramos pequeños veíamos dibujos de una carga emocional dura, protagonizados por niños maltratados y huérfanos que sufrían miles de contratiempos, como sucedía en Marco o Heidi.

Ridiculizar sus elecciones televisivas no es una actitud inteligente. Tampoco suele funcionar prohibírselas sin explicarles el motivo. Antes de negarles un programa conviene que les aclaremos nuestro punto de vista e, incluso, que negociemos con ellos alguna alternativa interesante (un Tabú, un Pictionary u otro juego de mesa divertido, un baloncesto en familia...).

¿Y las escenas fuertes?

Ni todos los pequeños son iguales, ni reaccionan de la misma forma ante una imagen impactante. Una escena violenta puede provocar rechazo profundo en un pre-adolescente y admiración en otro.

Las experiencias, los conocimientos personales y los valores de la familia repercuten mucho en la forma en que los chicos asumen la información que les llega. Por suerte eso se arregla fácilmente: acompañándolos frente a la pantalla. De esta manera podremos indicarles lo que consideremos conveniente. 

La tele también sirve para conversar

  • Sentarnos a su lado nos permite pactar la posibilidad de apagar el aparato o proponer otra actividad, llegado el caso. Formulándoles preguntas sencillas sobre lo que estamos observando juntos también aprenderemos muchas cosas acerca de él: qué experiencias llaman su atención, qué clase de mensajes asimila correctamente...

  • En cuanto a la influencia que ejercen sobre ellos las series, las que se emiten por la tarde no suelen acarrear demasiados quebraderos de cabeza a los padres, tienen un contenido juvenil. Sin embargo, con frecuencia, los niños también acceden a las dirigidas a los adultos (El Ministerio del Tiempo, Allí Abajo). Muchos pequeños ven la tele durante la cena, o mientras los papás la preparan, y luego sus progenitores les permiten quedarse un ratito más delante de la pantalla.

  • En realidad, no siempre es una equivocación transigir y, a veces, las series proporcionan una buena oportunidad para comentar temas difíciles ( las relaciones sexuales, las enfermedades, la muerte...).

  • Por supuesto, la decisión de lo que deben ver o no, depende de los valores de cada hogar. Algunos padres se muestran más permisivos que otros y todos los criterios valen. Sin embargo, sí debemos tener en cuenta que cualquier imagen fuerte para un adulto lo es mucho más para un niño.

  • En caso de que, de pronto, aparezca alguna escena 'rara' de forma repentina, una aclaración oportuna por nuestra parte suavizará la repercusión sobre el pequeño. Claro que, para eso, hay que estar ahí en tal momento, ¡si se sientan solitos en el sofá, nadie les orientará!

  • Para que no pasen tantas horas 'enganchados' a la tele, podemos intentar renunciar a ella las tardes de los domingos, por ejemplo. Y si la apagamos durante la hora de comer, descubriremos que existen muchos temas interesantes de qué hablar en familia.

  • Regalarles un buen libro de aventuras tal vez les ayude a olvidarse un poco del televisor. Una excursión con los papás o una merienda ocasional con sus amigos, también constituyen alternativas muy gratificantes.

 

Etiquetas: 7 años, adolescencia, hijo adolescente, padres de adolescentes, televisión con niños

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