Psicología infantil

Tu hijo no te manipula cuando llora, te pide que no le ignores

Los niños lloran cuando sienten frustración, están tristes o tienen miedo, lloran porque después de hacerlo se sienten mejor y pueden pensar sobre lo ocurrido, lloran porque lo han hecho desde que eran unos bebés y lograban comunicar que tenían hambre, frío o sueño, por lo tanto, a través del llanto han podido establecer un vínculo afectivo, un apego seguro y una relación de confianza.

Tu hijo no te manipula cuando llora
Foto: Istock

¿Por qué a partir de los tres años relacionamos el llanto con la intención de manipular? Es posible que el niño cuente con lenguaje pero está aprendiendo a comunicarse con palabras y por eso necesita ser escuchado siempre para darse cuenta que las palabras le pueden permitir lograr lo que hasta ahora conseguía con lágrimas.

Esto es un proceso, por eso tiene que ser acompañado y en ningún caso malinterpretar la intención del niño que justifique ignorarlo pensando que así aprenderá a “portarse bien”, porque un niño que llora no se porta mal sino que todavía no sabe que las palabras tienen el mismo efecto que sus lágrimas.

¿Cómo hacer para que deje de llorar? Por qué es más beneficioso estar presente que ignorarlo

¿Y cómo puedo hacer para que deje de llorar? Realmente tú no tienes que lograr que él o ella no llore, sólo tienes que saber que estar presente es más beneficioso que ignorarlo. Sabemos que cuando el cerebro superior funciona bien y está conectado con el cerebro inferior, para el niño es más fácil regular lo que siente, expresarse mejor, pensar en las consecuencias de sus acciones y tener en cuenta a los demás. Pero cuando la parte inferior no está conectada ni desarrollada y por lo que nos dicen los neurocientíficos habrá que esperar a pasar los veinte años, es muy difícil que veamos una predisposición a calmarse. 

Las conductas que más nos gustan a los padres como ver que comparten desde una empatía real, que resuelven conflictos desde una asertividad natural, que expresan emociones con una regulación propia, dependen en gran parte de qué tanto han madurado a nivel cerebral. Por eso no es tan importante que controlemos su llanto sino que no perdamos el control de nuestra propia gestión emocional porque nuestro mayor deseo es que sean felices y para que sea así, debemos ayudarles a mejorar teniendo en cuenta el funcionamiento de su cerebro.

Por qué llora el niño
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Daniel Siegel, prestigioso psiquiatra lo explica muy claro: existen dos tipos de rabietas, las que denomina rabieta del cerebro superior, que de alguna manera se produce con cierta intencionalidad. El niño toma una decisión consciente y quiere lograr algo, por supuesto tiene una edad que le permite usar su cerebro superior, ¿nos está manipulando? Esto dependerá de nosotros, porque que el niño tenga la capacidad de usar su inteligencia para alcanzar un deseo es completamente legítimo, demuestra tener capacidad de controlar sus emociones y es perfectamente consciente de que puede que con el llanto logre algo, pero lo cierto es que ceder o limitar es decisión nuestra, por lo tanto el problema no es que el niño manipule con el llanto sino que nosotros no marquemos límites claros cuando eso sucede.

Y luego tenemos la rabieta del cerebro inferior, aquí no hay control ni capacidad de autorregularse, la amígdala tiene el control, dirige al niño y no le permite calmarse. ¿Cómo le podemos ayudar? Le permitiremos llorar, le daremos un espacio para hacerlo de forma segura, nos mantendremos cerca, presentes y visibles y le transmitiremos que no pasa nada aunque no es necesario verbalizar porque cuando expresamos “no pasa nada” suena más a “no te pasa nada” y es mejor dar valor a lo que sienten que negarlo. Por eso, hablemos con la mirada, la sonrisa y con gestos afectivos.

Cuando el niño está en plena rabieta del cerebro inferior no puede procesar la información, no escucha cuando le preguntas qué le pasa, no entiende tus palabras, sólo necesita saber que nada malo le pasa, que no es malo y que el adulto que le acompaña le va a tener paciencia para poder integrarse y calmarse. 

¿Cómo lo haremos? Apagando el fuego y no avivándolo, cuando el cerebro inferior de nuestro hijo se ha adueñado del superior necesitamos apagar la amígdala, no es momento de dar explicaciones pero sí de mostrar atención, calma y comprensión. A veces los límites son lo mejor y otras sin embargo necesitan que nosotros nos limitemos para poderles ayudar. Un adulto que entiende la situación y actúa desde la calma, es el mejor límite en ese momento. En una frase, este sería el orden, “te entiendo, me calmo, te calmas y te entiendes”, ¿bonito, verdad? Practícalo y me cuentas.

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