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Walter Riso: ''Tras la pandemia, se van a valorar más la lentitud y las relaciones interpersonales''

El psicólogo argentino reflexiona para Ser Padres sobre las consecuencias del coronavirus; explica que la mente no es "una montaña rusa" porque busca cierta estabilidad para poder predecir las cosas.

Es uno de los pesos pesados con los que cuenta la sociedad actual para crear una 'vacuna' contra el sufrimiento humano. Walter Riso nos anuncia que tras esta pandemia la gente ya no querrá seguir con el trajín que tenía, valorará más la lentitud y dará más peso a las relaciones interpersonales. Defensor del realismo, y no del optimismo ni del pesimismo, el también escritor explica que siempre nos subestimamos y pensamos que somos menos fuertes o capaces de lo que somos en realidad.

Pregunta: Llevamos afrontando un año de adversidades derivadas de la pandemia. ¿Se puede ser más fuerte que ella?

Respuesta: Digamos que ante una situación así, se pueden tener dos respuestas. Una es un estrés postraumático, ocasionado por vivir una adversidad que está fuera de control; y otra , es un crecimiento postraumático, que tiene lugar cuando ante una situación límite se es resiliente y uno no solo se recupera, sino descubre que tiene destrezas, habilidades y valores que antes no tenía. Esa situación límite nos obligó a preguntarnos y a ver cosas que no nos preguntábamos ni veíamos antes. Muchos de mis pacientes me dicen: "Yo no pensé que fuera tan fuerte" o "yo no pensé que fuera capaz". ¡Siempre nos subestimamos!

P: ¿Cómo seremos como individuos y como sociedad tras la Covid-19?

R: Cuando esto acabe habrá dos grandes problemas que resolver: el económico y el de la salud mental. Este último tendrá que ver con las secuelas que esta pandemia dejará por habernos hecho manejar cuestiones para las que no estábamos preparados y que no se resuelven con consejos ni con tips.

P: ¿Quiere decir que el coronavirus cambiará nuestra forma de relacionarnos y nuestro ritmo?

R: Es que veníamos de una estructura social hiperactiva, donde existía algo parecido a un espíritu de colmena en la que todos estábamos metidos y nos parecíamos. Y así estuvimos hasta que el mundo se paró porque una hebra 100 veces más pequeña que una bacteria nos arrodilló y empezó a poner todo en duda. Ahí fue cuando todo cambió y empezamos a mirar nuestras relaciones, a pensar en cosas en las que no reparábamos antes, en nosotros mismos…, y vimos que había problemas complejos que tapábamos, otros económicos, otros vinculados con tener a todo el mundo en casa…
Y entonces empezamos a separar lo que era importante de lo que no lo era. A todos nos ha pasado que había cosas que considerábamos vitales y resulta que no eran tan importantes. Empezamos a discernir bien lo que vale la pena de lo que no. Creo que es posible que la gente se dé cuenta de que no quiere seguir en el trajín que tenía antes. Creo que se va a valorar más la lentitud y se va a dar más peso a las relaciones interpersonales.

P: ¿Cuál es el sentimiento que más aflora actualmente ante esta adversidad?

R: Es un cóctel de muchas cosas que ahora se está manifestando, no sé todavía si en un síntoma o en un síndrome, que es la fatiga emocional, un agotamiento emocional llamémoslo covid o epidémico. Esto ocurre porque la mente está empezando a andar como en una montaña rusa. Te ilusionas, creas esperanzas, pero después te desilusionas. Vuelves de nuevo y otra vez te caes. La mente no está preparada para la ilusión y la desilusión de forma permanente. La mente no es una montaña rusa, busca cierta estabilidad y equilibrio para poder predecir las cosas. Mucho tiempo de montaña rusa termina en desesperanza y la desesperanza es la prima hermana de la depresión.

P: ¿Cómo lleva s las pérdidas causadas por esta pandemia?

R: Las pérdidas, de cualquier tipo, son siempre duras. Yo siento que he perdido libertad, como todos, y por eso digo que seguimos en confinamiento. ¿Sabes qué ocurre? Que nos hemos dado cuenta de que antes procrastinábamos mucho y postergábamos cosas que eran importantes.

P: ¿A qué tiene miedo Walter Riso?

R: A que le pase algo malo a las personas que quiero. A mí no me da miedo lo que pueda pasarme a mí. Estoy preparado para lo malo, para la muerte. He sido un hombre muy resiliente porque en mi vida he pasado por cosas muy complicadas y, sobre todo, he tenido el modelo de mis padres y tíos que fueron emigrantes en la postguerra y llegaron a la Argentina sin idiomas y sin recursos, como polizones, y aun así sobrevivieron porque lucharon.

P: ¿Es mejor ser optimista o pesimista?

R: Creo que se trata de no sesgar la información. No hemos de ir al pesimismo ni al optimismo extremo, que me parece increíblemente peligroso. Lo ideal es el realismo, el ver las cosas como son y no autoengañarnos. Yo insto a que la gente lo intente, luche, tenga una vida más audaz y un pensamiento crítico, para que sepa discernir la información que es útil de la que no.

P: ¿Qué le pides a este 2021?

R: Tranquilidad del alma como decían los griegos, despreocupación. Es decir, preocuparse por lo que es y no por lo que no es, tener la sabiduría de discernir qué luchas vale la pena tener y cuándo no hay que luchar. ¡Imagínate que puedas volver prescindible lo imprescindible! Eso es lo que está haciendo la gente con esta pandemia, y eso es lo que estoy haciendo yo.

P: ¿Cuál es tu motor para seguir adelante?

R: Explorar, porque el que explora, descubre y el que descubre, se asombra. Y eso es lo que te separa de las plantas. Hay que explorar, descubrir y asombrarse. Hay que tener la curiosidad del gato porque no siempre la curiosidad lo mata.

Madrileña de corazón, mamá de un bebé hispano-francés y periodista. Soy curiosa, amante de los viajes, de mi familia y de mis amigos. Me gusta descubrir personas, lugares y emociones, y contar a través de mi profesión todos esos descubrimientos. Desde Ser Padres espero poder contaros muchos de ellos!

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