Ser Padres

“Se educa mucho mejor con buenas películas que lo que quieren es contar una gran historia, el aprendizaje viene después”

El crítico de cine Javier Ocaña atiende a Ser Padres con motivo del lanzamiento de su libro, "De Blancanieves a Kurosawa. La aventura de ver cine con los hijos".

El crítico de cine Javier Ocaña (Martos, Jaén. 1971) es el autor de De Blancanieves a Kurosawa. La aventura de ver cine con los hijos, un libro imprescindible si te gusta el cine y tienes el privilegio de poder disfrutar de este hobbie en familia, con tus hijos e hijas.
El autor ha atendido a Ser Padres para abordar no solo el contenido de su obra, sino también para profundizar en el cine familiar, un concepto amplio que Ocaña se atreve a redefinir en esta lectura muy recomendable.

Pregunta: “El cine familiar es el que se ve en familia” es la nueva definición que reivindica al respecto de este concepto. Solo lleva unos días en la calle el libro, pero ¿le han “echado ya en cara” recomendar películas westerns, bélicas y hasta de terror para ver en familia?

Respuesta: Nadie me lo ha echado en cara. El cine, como la vida, debe ser diverso, y ver películas en familia en una única dirección nunca será una buena idea. En Frankenstein, que es de terror, están el miedo y la soberbia, creerse un pequeño dios. En Río Grande, que es un western, la compleja relación entre un padre demasiado severo y un hijo que aspira a ser independiente. Y en La gran evasión, que es una historia bélica, los deseos de libertad de un grupo de prisioneros del nazismo. Si esas historias no son para verlas en familia, emocionarse con ellas y aprender cosas, yo ya no sé.

P: ¿Para quién está escrito el libro? ¿Cómo animaría a aquellos lectores que no forman parte del target (padres y madres con peques) al que el título invita de forma directa a leer la obra?

R: El libro creo que puede tener variadas lecturas. La del padre o madre que quiere tener una guía de películas que ver con sus hijos. No está escrito exactamente para eso, pero si alguien lo quiere ver de ese modo, me parece fenomenal. Desde que lo compra y lo lee, el libro es suyo y ya no es mío. También la del cinéfilo que quiere aprender cuestiones relacionadas con el lenguaje cinematográfico, la expresión artística y cultural, la historia del cine, la narrativa audiovisual y el cine como hecho social. Y un tercer grupo para el que libro puede ser una lectura nostálgica alrededor de su propia infancia y adolescencia, de una crónica familiar que puede trascender desde mi persona y mis hijos hasta él o ella y los suyos.

P: Reivindica, en cierto modo, si no me equivoco en mis reflexiones posteriores a leerle y escucharle en diferentes foros, el cine como diversión y no tanto como herramienta educativa. ¿Existen buenas películas, incluso familiares, que sean solo pura diversión para el espectador?

R: Yo lo que reivindico es que los valores no deben ir como mochila previa, como sermón para aprender. Los valores deben aparecer como subtextos de una película emocionante y bien contada. El cine puede ser una magnífica herramienta educativa, pero creo que no a través de películas que tienen como prioridad educar. Yo creo que se educa mucho mejor con buenas películas que lo que quieren es contar una gran historia, y el aprendizaje viene después. Aparte de todo eso, creo que hay grandes películas que solo son pura diversión, y es genial que así sea: desde Los Cazafantasmas a los dibujos animados de El Correcaminos y El Coyote, pasando por Jerry Lewis o La pantera rosa.

P: Habla en el libro de “ejercicio de nostalgia” para referirse al deseo, como padres, de que nuestros hijos revivan lo feliz de nuestra infancia. A buen seguro, esto influye también a la hora de disfrutar del cine en familia. ¿Considera que es un error o un acierto dejarnos influenciar por ello, por ejemplo, a la hora de escoger película para ver con nuestros hijos o es una buena idea seguir la pista de la nostalgia?

R: Cada generación de chicos y chicas debería encontrar sus propios mitos, y así ha sido siempre, con películas de su tiempo. Sin embargo, como cinéfilos que somos, estamos casi en la obligación de mostrarles también un legado cinematográfico, artístico, cultural y social, con películas que no son del tiempo de los chavales de hoy, pero que son imperecederas, y que han conseguido la categoría de clásicos porque son buenísimas con independencia del público y del tiempo en que son disfrutadas. Ahí están Charlie Chaplin, Qué bello es vivir, El mago de Oz, E. T. Los Goonies e infinidad de películas.

P: ¿Cree que el cine familiar implica o debe implicar más tiempo que la duración de la película escogida para ver juntos? (Valoraciones previas, reflexiones posteriores, etc.)

R: Yo tampoco creo que el cine en familia se deba convertir en un cineclub, porque puede ser un rollo para los críos. Hablar sobre la película, sin duda, pero sin ejercicios previos ni sermones posteriores. Hablar sobre las emociones de la película con total naturalidad, y sobre sus posibles complejidades, pero sin convertirlo en una lección constante.

P: ¿Hasta qué punto le parece importante el contexto en una película y, sobre todo, que los espectadores jóvenes tengan cierta noción sobre ello cuando van a ver una película de otra época?

R: En determinadas películas es importante. Y esas son precisamente las cosas que hay que hablar, pero con espontaneidad. Los tiempos han cambiado mucho y también las sociedades, en la mayoría de los casos para bien. Y puede haber aspectos que necesiten una aclaración por parte de los padres.

P: “Es bueno que los chicos sepan de dónde venimos”, dice en un pasaje del libro. ¿Reivindica el cine familiar como vehículo para presentar a los menores de edad diferentes realidades en vez de omitirlas o “cancelarlas”?

R: Por supuesto que sí. Omitirlas o cancelarlas solo es un paso previo para su reaparición en generaciones posteriores. Meter a los críos en una burbuja en la que todo lo que vean les libre de todo mal y el cine sea de un higiénico que no les permita valorar quiénes somos, de dónde venimos y adónde vamos me parece un error.

P: Al hilo de la pregunta anterior, me parece muy interesante lo que expone sobre Dumbo en el libro.No solo poniendo en valor la cinta original sino al criticar que en la versión contemporánea de Tim Burton se elimine la “mejor escena de la película”, la borrachera del elefante. ¿Puede ser este un buen ejemplo para ilustrar que la tendencia a proteger en exceso a nuestros hijos también condiciona la forma en la que la sociedad actual ve cine en familia?

R: Este ejemplo de Dumbo me parece clarificador. O el de los gatitos siameses de 101 dálmatas.

P: Dumbo, y otras tantas películas animadas de éxito, es una creación de un gigante muy influyente en la vida de las familias con niños en la actualidad, Disney. ¿Era mejor su cine que el de los 90, otra época dorada de la compañía, o el de los últimos años? Le invito a mojarse, si quiere, con la pregunta del millón: ¿está justificado el exitazo de Frozen?

R: Seguramente el mejor cine infantil y juvenil de la historia se dio en los años 80. Con independencia de eso, soy muy fan de la primera época dorada del Disney de animación. Y me gusta la revitalización de su segunda época dorada, a partir de La sirenita. Y Frozen también me gusta mucho: tiene el sabor de los cuentos clásicos, y la técnica más moderna.

P: Le he leído estos días en otras entrevistas reflexiones muy interesantes sobre el cine en blanco y negro y los niños, y el cine mudo también tiene su espacio en el libro. Me gustaría incidir en ello: ¿Hay que “entrenar” a los niños antes de iniciarles en este tipo de cine? ¿Y el cine en versión original?

R: Se trata de que el acercamiento al blanco y negro se haga con la misma naturalidad y, a ser posible, a edades tempranas. Los cortos de Charlie Chaplin pueden ser perfectos para ello. O los de Méliès que cito en el libro, que duran apenas dos minutos. Y a partir de ahí, aventuras clásicas en blanco y negro, las comedias de los hermanos Marx... Hay infinidad de obras con las que acercarse con normalidad al blanco y negro. La versión original subtitulada puede tardar bastante más, o mucho más. Serán cada padre y madre y los críos los que lo vayan viendo, pero a partir de los 12-13 años, sería lo ideal. Y además, por aprender inglés.

P: En otro orden de cosas, tengo curiosidad a raíz de la anécdota que confiesa en el libro sobre ‘Call me by your name’, la escena del melocotón y su hija de 13 años pidiendo ver la peli en soledad. ¿Le resulta difícil ser congruente a la hora de compaginar la faceta de padre con la de experto en la materia?

R: Intento utilizar el sentido común para todo. Call me by your name no deja de ser una preciosa historia de amor. Que hay algo de sexo, pues claro, como siempre en la vida, pero cuando se rozan los 14 años o así, prefiero que ese tipo de temas los descubran alrededor de una buena película que no husmeando en internet con los amigos o en soledad, con el peligro de que el porno está a un golpe de clic.

P: Y para concluir, una pregunta práctica, off topic, que seguro será útil para los lectores novatos en cine: ¿Es una pista fiable para padres y madres la edad recomendada de una película?

R: Claro que es fiable, pero deben ser ellos los que puedan establecer matices. Yo creo que a partir de los 14 años se puede ver casi de todo, siempre que no sea una bestialidad, claro. Pero los padres somos muy distintos entre nosotros, y está bien que así sea, y también la evolución y la madurez de cada crío, incluso con diferencias entre hermanos. En todo caso, cada progenitor verá si cada película es adecuada o no para sus hijos.

P: Un reto final. Aunque hay pistas en el libro de cuáles pueden ser sus selecciones, ¿se anima a recomendar una película para cada tramo de edad?

  • La primera peli: Blancanieves y los 7 enanitos.
  • De 3 a 6 años: Pinocho, Mi vecino Totoro y El mago de Oz.
  • De 6 a 8 años: 20.000 leguas de viaje submarino.
  • De 8 a 10 años: El chico, de Chaplin.
  • De 10 a 12 años: Mi chica.
  • De 12 a 16 años: Matar a un ruiseñor.
  • La última película antes de la mayoría de edad. Cualquiera buena que no haya visto ya.
Y de propina, por estas fechas, aunque se han publicado mil y una listas al respecto, ¿una peli navideña?
Qué bello es vivir y Solo en casa.

Papá de dos niñas y periodista, la mejor combinación para que broten dudas, curiosidades, consejos efectivos (también otros que no lo son tanto) y experiencias satisfactorias que compartir en este espacio privilegiado para ello.

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