Ser Padres

¿Nos estamos exigiendo demasiado como padres? El exceso de obligaciones destroza la salud mental paternal

La culpabilidad, el exceso de responsabilidad, la dificultad para conciliar o la culpa por ser madre trabajadora están desarrollando Síndrome de Burnout en muchos padres que, agotados mentalmente, desarrollan cuadros de estrés y ansiedad. ¿Cómo llegar a todo sin agobios?

Autor: Ainara Ortiz
Hay un aspecto de la salud mental de los padres que está cobrando cada vez más fuerza y que preocupa a los expertos. Se trata del burnoutparental. O dicho de otro modo: los padres de hoy en día están ‘quemados’.
La presión a la que la sociedad está sometida, la búsqueda de la ‘excelencia’, incluso en los hijos, el sentimiento de culpabilidad cuando no se llega a todo o la frustración suelen estar detrás de este síndrome, al que se debe poner freno, puesto que puede acabar haciendo mella en la salud mental de toda la familia. Y, sobre todo, no les hace ningún favor a nuestros hijos.

La presión social, un gran palo y enemig

“Vivimos en una sociedad en la que la presión por alcanzar la perfección se traslada a todos los ámbitos de la vida, lo que también puede repercutir en la crianza”, afirma María García Salinas, psicóloga de bluaU de Sanitas. La experta reconoce que se han identificado “claros errores respecto a modelos de crianza del pasado” y se buscan nuevas formas de educar para corregirlos, lo que, en ocasiones, puede dar lugar a la sensación de que todo el mundo parece tener una opinión acerca de cómo se debe criar a los hijos y su visión es la correcta. Y esto, a veces “puede ser abrumador”, más aún cuando se trata de ser “buenos padres o madres”.

Demasiada presión aumenta el riesgo de sufrir estrés y depresión

Si bien es cierto que intentar hacerlo todo bien puede verse como algo positivo, cuando se lleva a extremos no es saludable. “La sobreexigencia genera estrés, angustia y, por supuesto, agotamiento. Intentar alcanzar expectativas poco realistas o tener el control de todo a nuestro alrededor (incluidos nuestros hijos y lo que les ocurre) genera frustración y puede incluso llegar a generar cuadros de depresión, con las consecuencias que esto conlleva de cara a los hijos y el entorno”, alerta la especialista.
Pero esto también afecta a los pequeños. Rhona Anne Dick, educadora y directora de Experiencia de Aprendizaje de Lingokids, insiste en que “empeñarse en ser padres perfectos termina debilitando nuestra resistencia, provocando cuadros de estrés, cansancio físico y mental que, agravados por un exceso de intensidad laboral, pueden convertirse en un problema que llegue a afectar a la relación con nuestros hijos”.

Lidiar con el fracaso es esencial

Y es que la presión que sienten los padres por ofrecer la mejor educación los lleva, a menudo, a trasladar estas exigencias a sus hijos y a “generar ciertas expectativas sobre su futuro y su rendimiento”.
Hoy en día, el éxito laboral y personal se presenta como una meta a la que todo el mundo debe aspirar y, por lo tanto, “se refleja también en la ambición de que sus hijos se conviertan en lo que su entorno espera de ellos”. Aprender a lidiar con el fracaso es esencial para que adquieran herramientas para enfrentarse a los retos que se les presentarán a medida que vayan creciendo, pero esperar de ellos más de lo que pueden abarcar o simplemente desean “puede generarles un malestar y angustia innecesarios”, advierte la experta en psicología. Además, el éxito es un concepto muy relativo y subjetivo. “Todos tenemos un concepto distinto de lo que es ser exitoso”, recuerda.

Las tareas escolares se han convertido en un agobio más que no hace ningún bien

Las tareas escolares deben ser un momento de encuentro entre padres e hijos que contribuya a reforzar su vínculo. “Ayudarles a aprender, a generar una disciplina de estudio y una cultura del esfuerzo es positivo para que los niños puedan llegar a mantener estos hábitos cuando crecen”, señala María García.
Sin embargo, no hay que confundir ayudarles con hacerles los deberes, ya que entrar en esta dinámica no solamente perjudica el desarrollo escolar de los pequeños, sino que también lleva a los padres a una presión añadida al asumir tareas que no les corresponden.

Los deberes como germen de ansiedad

Susana Ortega, psicopedagoga del colegio Brains Nursery School observa que “algo rutinario, como son los deberes y que forma parte del crecimiento y formación de un alumno, pasa a convertirse en un asunto emocional y germen de ansiedad para los niños por cómo se está viviendo en casa.
Así, los padres son una fuente de estrés en lugar de apoyo y aliento ante las dificultades diarias de los hijos, alerta. También explica que esto suele ocurrir en dos etapas. La primera, en los primeros cursos de primaria, cuando los padres asumen las tareas como propias, bien porque no ven al niño capaz o bien porque no asumen el que su hijo directamente se haga cargo de la responsabilidad de los deberes o de sus errores: si no están hechos a tiempo, no son correctos...
La segunda etapa corresponde a cursos posteriores, donde el estrés se genera en los padres no tanto por los deberes, sino porque su hijo saque unas notas o resultados determinados. Todo ello, insiste la experta, debe asumirse como una actividad que una a la familia, no que genere más ansiedad y presión.

¿Eres madre y trabajas fuera de casa? ¡Culpable!

Otro aspecto que también hace que los padres se sientan quemados, en especial, las madres, es la culpabilidad que sienten muchas cuando trabajan.
El rol principal tradicional de la mujer ha sido el de ser cuidadora y madre y, aunque afortunadamente la sociedad ha cambiado mucho a lo largo de las últimas décadas, todavía queda un largo camino hasta conseguir una igualdad parental total. “La presión social hacia las madres, a diferencia de los padres, sigue siendo evidente y, en el reparto de tareas, habitualmente, la mujer es la que termina asumiendo las mayores cargas”. El rol de madre debería ser solo uno más a integrar dentro de la persona, permitiendo que se puedan cultivar otros y que la mujer tenga la libertad de decidir los suyos. “Además, se deben respetar las diferencias individuales y las necesidades particulares que pueda experimentar cada mujer”, reflexiona la profesional de la psicología.
Lo mejor para los hijos, y está comprobado científicamente, es el bienestar de sus padres. También insiste en que el tiempo que se dedican a uno mismo no es un lujo, sino un derecho. “El cuidado de los hijos no es una obligación ineludible, sino algo que se puede y se debe dialogar con el entorno. Todo ello son las piezas clave para trabajar en el equilibrio y alejarse de los sentimientos continuos de culpa o autorreproche. Como seres humanos, los padres están conformados por muchos más roles y necesidades que los relacionados con la maternidad o la paternidad”, concluye la psicóloga María García.
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