Ser Padres

Cosas que no te habías dado cuenta que eran un lujo hasta que fuiste madre

Parece increíble la cantidad de hábitos rutinarios que con la maternidad se convierten en excepcionales, ¿verdad? Seguro que se te ocurren incluso más de los que te compartimos aquí.

Todavía hay quien dice que ser madre no te cambia la vida. De ilusos e ilusas está el mundo lleno. Otra cosa muy distinta es que el cambio sea a mejor porque la experiencia resulte maravillosa en tu caso, cosa que es lo habitual incluso, pero que nadie te engañe: la vida cambia mucho con un hijo.
Y si hay algo donde se aprecia perfectamente es en las pequeñas cosas del día a día. En lo que antes tenías tiempo para hacer de todo, de repente el reloj te come y el día se pasa con la sensación de que no has hecho otra cosa que cuidar de tu peque. Tranquila, es normal sentirse así en algún momento. Igual que lo es dejar de disfrutar pequeños lujos personales que jamás pensaste que lo fueran hasta que has comprobado que han desaparecido de tu vida.
Hemos seleccionado siete hábitos rutinarios que de repente se convierten en excepcionales con la maternidad, pero esta pieza bien podría ser uno de esos hilos de Twitter abiertos para que crezca entre todas las implicadas porque seguro que hay muchos ejemplos más. Estos son algunos de los más evidentes.

Tener una conversación sin interrupciones

Este lujo no lo vuelves a catar hasta que tus hijos sean bien mayores o les dejas un fin de semana con los abuelos. Esto es así, sin discusión. Así que siempre que tengáis la oportunidad de conversar, hacerlo. No perdáis el tiempo en ver zapear en la tele o en mirar las redes sociales ya sea con tu pareja o amigos. ¡Conversar como si no hubiera un mañana!

Una ducha en condiciones

Que lujo es darse una ducha en la que se pare el tiempo durante unos minutos. Sin gritos de "mamá" de fondo, sin tener que duchar a las vez a los peques, sin bebés mirando desde su hamaca o sin tener que hacerlo igual de rápido que los mecánicos de la Fórmula 1 cambian las ruedas de los coches. Este lujo es imprescindible, así que ponte seria y pide ayude a poder disfrutar de él.

Tomarte la comida caliente

O el café, simplemente. Si es bebé y está con lactancia materna porque, casualidades de la vida, siempre quiere mamar cuando vas a meterte el tenedor en la boca. Cuando crecen porque las interrupciones son tantas que toca levantarse de la mesa ocho veces durante el desayuno o la cena. Que si el postre, que si se me ha caído el pan al suelo, que si otro cubierto… Llega un momento en el que ya no pides ni poder comer del tirón; simplemente quieres comerte la comida caliente.

Ir al baño sola

Sin saber muy bien cómo ni por qué, de repente echas la vista atrás y no te acuerdas de cuando fue la última vez que hiciste pis sola, con la puerta cerrada. Desde que fuiste madre, cuando no tienes que ir con tu peque en brazos y ya al borde de hacértelo encima, alguno de tus peques te sorprende abriendo la puerta de par en par cuando creías haberte escapado a tiempo para ir sola al baño. ¡Quién te iba a decir que algo tan básico en soledad sería un lujo!

Elegir la ropa sin tener que pensar que te la vas a manchar

No digas que no has incorporado este factor a la toma de decisión de que look lucir ese día en caso de que vayas a estar con tus hijos. Elegir ropa, antes de ser madre, dependía de tu estado de ánimo, del plan que tuvieras, del tiempo o de las tendencias, ¡pero nunca de que fuera un look “antimanchas”!

Ir a cualquier sitio sin mirar el reloj

Es viernes, o cualquier otro día de la semana, y te vas de comida con tus amigas. Sabes la hora de comienzo de la cita pero no la de conclusión de la misma. Antes esto era una de las mejores cosas que tenían los planes de ocio, que se alargaban y siempre dejaban sorpresas positivas inesperadas. Ahora llega un momento que el reloj aprieta porque normalmente tienes que recoger a los peques y tu cuerpo y tu cabeza quieren seguir de celebración de la amistad.

Leer un libro

Habrá quienes tengan la suerte de poder organizarse para leer unas páginas cada día, pero en la mayoría de los casos perderse en una historia será misión imposible y, en todo caso, contará con multitud de interrupciones. Además, el cansancio es tal al final del día que, cuando lo intentas hacer justo antes de ir a dormir, tus ojos deciden dejarse llevar por el sueño y pensar que ya mañana será otro día...

Dormir una noche del tirón

Es un lujo demasiado obvio, es cierto, pero jamás se valora en su justa medida hasta que uno empalma varias noches sin poder disfrutar de ello. Y sí, incluso si tu hijo o hija duerme bien en líneas generales, habrás tenido al menos unos días en los que has descubierto que se siente cuando te pasas la noche en vela o cuando ves todas las horas del reloj en el móvil de todas las veces que se despierta tu peque.

Periodista y mamá de dos niñas con las que aprendo cada día. ¿Conoces esa frase que dice “nada te prepara para ser madre pero ser madre te prepara para lo que sea”? Real como la vida misma.

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