Ser Padres

Mi hijo pequeño no quiere irse a dormir, ¿cómo puedo actuar?

No es tarea fácil pero es imprescindible no perder los nervios, acompañarles y mostrar empatía con ellos hasta conseguir que se relajen y, por fin sí, descansen.

Nadie dijo que hablar de crianza fuera sencillo. Si de verdad estamos dispuestos a profundizar en ello, detrás de la cara más amable de la experiencia -la que le da sentido a todo y hace que merezca la pena con creces embarcarse en esta aventura- aparecen preguntas con respuestas muy difíciles de hallar. Una de ellas, qué hacer y cómo actuar cuando un hijo pequeño no se va a la cama ni con agua caliente o, si se va, no hay forma de que se duerma.
El conflicto en este tipo de situaciones cotidianas no ocurre porque no se sepa la teoría, que está más que clara y el consenso en este aspecto de los expertos es amplio, sino porque las circunstancias trascienden de esta, y es ahí, en la experiencia real, donde el método choca de lleno con la acción.
Para explicarlo, basta con que pienses en la última vez que te ha pasado: no lo afrontas igual si tú también estás cansado y quieres irte a dormir también o si tienes que trabajar y solo puedes hacerlo cuando el peque se duerma que si ese día todo ha ido sobre ruedas y no tienes nada por hacer después que te motive especialmente. Tampoco es igual si han pasado 30 minutos desde que debería haberse acostado que dos horas -puede pasar, sí-.
En definitiva, son solo dos ejemplos de cómo las circunstancias nos complican la tarea de actuar de la forma correcta que exige un momento de tensión como este. Por un lado, para no herir al pequeño en lo emocional y, por otro, para conseguir que se relaje y se acueste por fin.
Dicho esto, siendo conscientes de que la tarea no es para nada sencilla, estos son los consejos que podemos darte al respecto para revertir la situación y que vuestro peque se duerma:

Evitar perder la paciencia

En situaciones de estrés como estas, que son muy habituales en el día a día con niños pequeños, es fundamental vencer a los demonios que en nuestra cabeza nos dicen que estallemos. No servirá para nada más que poner más nervioso al niño. Además, te arrepentirás después, cuando encuentres la calma de nuevo, porque serás consciente de que no le has tratado bien.

Acompañarlos

No sirve de nada abandonarlos a su suerte si no se han relajado ni han entrado en razón. En cambio, acompañarles y mostrar empatía es el primer paso para reconducir la situación. Aunque no lo creáis, necesitan seguridad y apoyo porque es muy probable que el hecho de que no se acuesten esté relacionado con un descontrol emocional.

Comunicación y cariño

Aunque se levante mil veces de la cama, incluso llore desconsoladamente porque no se quiere acostar o esté en plena rabieta, la comunicación y el cariño son esenciales también. Escuchadles, dejad que hablen, darles cariño, animadles a respirar con vosotros y explicadles por qué descansar es lo mejor para ellos en ese momento.

Extra de seguridad

Si el motivo de que no se duerman es el miedo, una de las posibles causas, podéis proponerles dormir con alguno de sus muñecos favoritos para que tengan mayor sensación de seguridad o podéis dejar encendida una luz tenue o lámpara quitamiedos en caso de que sea la oscuridad total lo que rechazan.
Una vez consigáis revertir la situación, nuestro consejo es que repaséis dos factores que pueden estar influyendo en que no se vayan a dormir a gusto, tranquilos: el entorno y la rutina de sueño.
Con respecto a lo primero la clave es que el ambiente en la habitación sea acogedor que favorezca el sueño. Esto implica que no sea muy desordenado, que esté limpio y que la temperatura sea la adecuada, entre otros detalles. Sobre la segunda, es muy importante mantener siempre unos horarios similares y que antes de ir a dormir evitéis que los peques entren en contacto con la luz azul de aparatos digitales, especialmente la televisión.
Esta última no es una actividad relajante por mucho que para nosotros los adultos sí lo sea porque lo asociamos con tirarnos en el sofá al final del día. Relajante es leer un cuento o charlar tranquilamente un ratito en la habitación con ellos para que entren en la dinámica de irse a la cama.

Papá de dos niñas y periodista, la mejor combinación para que broten dudas, curiosidades, consejos efectivos (también otros que no lo son tanto) y experiencias satisfactorias que compartir en este espacio privilegiado para ello.

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