Ser Padres

Cómo detectar la miopía en los niños

Los más peques no saben si ven bien o no, por eso debemos estar atentos a los síntomas de la miopía o de cualquier otro problema de la vista.

Autor: Petra I. Molina
Los síntomas de baja agudeza visual no son específicos de la miopía, pero muchos niños miopes pueden tener algunos de ellos: retraso escolar, estrabismo, dolor de cabeza... Las personas miopes, además, suelen echar la cabeza hacia delante y achinar los ojos para mirar.
A María nunca la encontrabas viendo la tele. “¿No quieres que te ponga dibujos?”, le preguntaba su madre extrañada. La respuesta siempre era “no, no me gustan”. Sara había sido testigo de otras rarezas de su hija, como que no le gustara el chocolate o las gominolas, pero que no le gustaran los dibujos animados, fueran del tipo que fueran, estaba fuera de lo normal. La llevó al pediatra y este la derivó al oculista, que le hizo una revisión a fondo. Diagnóstico: miopía.

Síntomas

No existe una edad establecida para empezar a ser miope, un defecto de la visión que hace que quien la padece vea mal de lejos. En los más pequeños, pasa desapercibida porque el medio en el que se relacionan es el entorno más cercano: tienen los juguetes muy cerca, al igual que los amiguitos en el parque. La doctora Belén Gutiérrez Partida, oftalmóloga adjunta del Servicio de Oftalmología Infantil del Hospital Niño Jesús, aclara que “los síntomas de baja agudeza visual no son específicos de la miopía”, pero explica cuáles serían los más frecuentes:

¿Debemos llevar al niño a urgencias?

Es importante saber por qué el niño ve mal. Se debe acudir al oftalmólogo y, mientras tanto, hacer vida normal. No le va a aumentar la miopía porque tarden dos meses en ponerle gafas. Estos son los únicos casos relacionados con la visión por los que hay que ir a urgencias:

Falsos mitos sobre las gafas de los niños miopes

Con gafas, la miopía va a más. Esto es totalmente falso. El niño se acostumbra a las gafas, cierto, porque ve mejor con ellas, pero la miopía no le va a subir o bajar por el hecho de llevar gafas, sino por otros motivos.
Cuanta menos graduación, mejor. Se da el caso de padres que piden al óptico que ponga a su hijo un poquito menos de graduación en las gafas, pensando que será más beneficioso para el niño, porque así “no se acostumbra”. La oftalmóloga del Hospital Niño Jesús explica que en algunos casos, cuando el niño es muy pequeño, se le pone menos graduación de la real, pero si tiene diferencias de un ojo a otro es muy importante ponerle toda. “Y en cualquier caso, siempre hay que hacer lo que recomiende el oftalmólogo pediátrico”, añade.
 
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