Duelo Infantil

¿Qué hacer si voy con mi hijo al tanatorio?

Muchos padres se han enfrentado a la situación de decidir si llevar a sus hijos o no al tanatorio ante la muerte de un familiar cercano. ¿Es aconsejable hacerlo? Si decidimos ir con ellos, ¿qué debemos tener en cuenta? Damos algunos consejos ante esta situación.

Cuando se produce una muerte en el entorno familiar, a menudo los adultos sienten muchas dudas. La primera de ellas y la más habitual es la duda sobre si llevar o no a los niños al tanatorio. Al tratarse de una situación nueva, poco habitual, algo tétrica e incierta, los padres suelen manifestar muchas dudas o mostrarse muy reticentes a ir acompañados de sus hijos.

Un miedo muy extendido entre los adultos es la creencia de que los niños se van a traumatizar en los tanatorios. Sin embargo, eso no suele ser así: un menor no sufre un trauma por el mero hecho de visitar un tanatorio, pero en general esta creencia suele estar ligada a alguna mala experiencia pasada vivida por los adultos cuando tuvieron que enfrentarse a una situación similar.

Anticipar al menor la situación que va a vivir

El miedo de los adultos a que los niños sufran un posible “trauma” suele proceder del recuerdo de una situación en la que nadie les explicó a dónde iban, ni qué iban a ver, ni qué aspecto tendría el fallecido, lo que iban a escuchar o el comportamiento de familiares y allegados.

Por este motivo, si llevamos a nuestro hijo al tanatorio, nuestra primera recomendación es que el niño tiene que poder anticipar lo que va a ver: hay que hacer un esfuerzo por explicar al niño qué va a ver, cómo es el sitio, si habrá mucha gente, si el ataúd se verá…

Proteger al niño de reacciones emocionales fuertes

Otro problema es la actitud de la gente. Cuando la muerte ha tenido lugar en circunstancias especialmente dramáticas, esto suele generar en las personas reacciones muy impredecibles, exageradas, cargadas de mucho dolor… Si esa es nuestra realidad, deberemos proteger al niño en todo momento de esas reacciones emocionales tan intensas, ya que no va a ser capaz de gestionarlas.

Si no podemos garantizar esa protección o prevenir esas reacciones emocionales, no podremos llevar al niño, ya que ser testigo de ellas le puede generar una aguda sensación de que está pasando algo terrible y que no va a tener solución, cuando en realidad la percepción que debemos transmitir al niño es que ha tenido lugar un hecho doloroso, pero la vida continúa y él va a estar bien.

En este contexto, explicaremos al menor las reacciones emocionales más habituales que vamos a presenciar en el tanatorio o el funeral, como tristeza y lloros, algún comentario sobre injusticia, recuerdos, quizá algo de enfado, etc.

Adaptar las explicaciones a su edad

La edad podría suponer otro problema. Es posible que los adultos consideren que el niño es demasiado pequeño para gestionar o entender las cosas. En general la literatura europea de Psicología recomienda que el niño tenga como mínimo seis años para poder acompañarnos al tanatorio.

Pero no se trata tanto de la edad como de la comprensión de la muerte. También es clave que el adulto se tome su tiempo para explicar al niño todo lo relacionado con la muerte, así como la capacidad del menor para entender y anticipar las cosas que verá en un tanatorio.

No es obligatorio llevar a los niños a un funeral o a un velatorio. Aunque muchas personas piensan que despedirse es imprescindible, en el caso de los niños las despedidas pueden ser simbólicas y no necesariamente concretas.

Qué hacer antes de llevar a nuestro hijo al tanatorio

Es fundamental preguntar al niño si quiere ir. Su opinión y su decisión prima tras haberles explicado bien todos los previos.

En resumen, antes de ir con un niño al tanatorio tenemos que:

1. Explicarle bien lo que va a ver para que pueda anticiparlo y no sorprenderse ni asustarse.

2. Tener en cuenta su nivel de comprensión y adaptar las explicaciones a su edad.

3. Protegerlo de las reacciones emocionales excesivas o desbordadas.

4. Preguntarle si quiere acompañarnos. No es obligatorio ir.

5. Apoyar en todo momento su decisión de venir o no, aunque dude o cambie de opinión.

6. En el caso de que decida ir al tanatorio, debemos asegurarnos de que está siempre acompañado por un adulto, que le proteja de otros adultos invasivos o de reacciones inadecuadas.

Artículo elaborado por Patricia Díaz, Psicóloga en la Fundación Mario Losantos del Campo.

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