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Si tu hijo se chupa el dedo deberías estar alerta a las consecuencias

Empieza como un mero calmante, al igual que el chupete, pero, de no conseguir retirarlo, el hábito de chuparse el dedo puede traer consecuencias negativas a la salud a largo plazo del menor.

Son muchos los bebés, lactantes e, incluso, niños con el hábito de chuparse el dedo. Un hábito que, normalmente, aparece como alternativa al chupete y que es mucho más difícil de quitar: el chupete puede desaparecer y, por ende, olvidarse de él, pero el dedo no.
El fin es el mismo que el del chupete, y también la forma de utilizarlo: cada cierto tiempo se lo llevan a la boca con el fin de buscar seguridad, consuelo o cobijo. Lo buscan cuando tienen hambre, cuando tienen sueño, cuando están aburridos, cansados o enfadados: “En los lactantes, ‘chuparse el dedo’ es frecuente y normal. Es sano, de hecho, porque les relaja y les da seguridad”, cuenta a Ser Padres Manuel Baca, jefe de Pediatría y Neonatología del Hospital Quironsalud de Málaga y miembro de Top Doctors.
Y lo cierto es que no tiene por qué presentar ningún problema, siempre y cuando esté controlado. “Este hábito no presenta grandes problemas cuando se realiza en una edad temprana en la que no se tienen erupcionados los dientes e, incluso, es interesante de cara a estimular los tejidos bucales, ya que moverá los peribucales, con los que se conseguirá tono labial”, explica la misma fuente.
Eso sí, al igual que asegura que no es un hábito peligroso cuando el niño es pequeño, también aclara que es necesario acabar con él si no queremos que el niño sufra consecuencias a corto, medio y largo plazo.

Las consecuencias de chuparse el dedo

“Si interponemos un objeto en la boca, ya sea el dedo o el chupete, se provocarán anomalías dentarias y óseas y, según el tiempo del hábito, los daños pueden ser irreversibles requiriendo, incluso, tratamiento de ortodoncia”, explica el doctor Baca.
Además de ello, el profesional argumenta alteraciones musculoesqueléticas en la boca del menor que pueden requerir tratamiento de logopedia y fisioterapia:
  • Mordida abierta: falta de contacto entre los dientes ya que, al chuparse el dedo, este bloquea la erupción de los incisivos superiores
  • Paladar estrecho y/o mordida cruzada: y es que, al poner el pulgar entre los dientes, la lengua se coloca en una posición baja, provocando un estrechamiento del paladar
  • Problemas de deglución: pueden aparecer como consecuencia de la peor masticación por la mordida abierta
  • Respiración bucal
  • La sonrisa puede verse afectada y, con ella, aparecer problemas de autoestima

Más allá de las consecuencias bucales de chuparse el dedo

Todos sabemos que un uso prolongado del chupete o del hábito de chuparse el dedo lleva implícito, por normal general, problemas en la alineación dental, adelantando los incisivos superiores y retrayendo los inferiores, pero no es la única consecuencia.
La mordida abierta puede traer consigo problemas en el correcto desarrollo del lenguaje; en concreto, dificultad en el habla y la pronunciación, como la aparición de ‘ceceo’: “Las malposiciones linguales entorpecerán el desarrollo del habla, llevando a la necesidad de intervención precoz de especialistas como el ortodoncista, odontopediatra o el logopeda”, explica el profesional.

¿A qué edad conviene dejar el hábito del dedo?

Aquí el especialista es tajante: “A partir de los 18 meses es necesario intervenir, ya que a partir de esta edad pueden causar alteraciones importantes en el desarrollo de la boca”.

La redactora de la web de Ser Padres está especializada en temas de salud infantil, crianza, embarazo, psicología y educación, desarrollando la mayor parte de su carrera profesional en Ser Padres y otros medios orientados al mundo educativo.

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