Salud del niño

¿Cómo se realiza el análisis de sangre en un niño?

El análisis de sangre del niño no difiere prácticamente en absoluto con el que se realiza a un adulto. Aunque, en el caso de los más pequeños, sí se recomienda que los padres hablen con él acerca de la prueba, ya que la preparación es fundamental para que se mantenga lo más seguro y confiado posible.

Aunque para nosotros los adultos un análisis de sangre se convierte en una prueba diagnóstica sumamente normal y rutinaria (especialmente si tenemos en cuenta que es aconsejable realizarnos al menos uno de forma regular, cada uno o dos años), para los niños puede no serlo tanto, sobre todo cuando es la primera vez que deben someterse a ella. Es cierto que las agujas pueden asustar incluso hasta a los más mayores, por lo que dependiendo de la edad que tenga el niño -aún cuando ya sea grande-, lo más normal es que se pongan nerviosos, irritables… y el papá y la mamá también lo acompañen.

En el caso de la analítica sanguínea existe cierto consenso entre los pediatras al señalar que no hay una edad determinada por la que debería comenzar a realizarse. A no ser, claro está, que su realización sea prescrita por el especialista, ya sea ante la sospecha de la existencia de algún tipo de patología o enfermedad, ante la presencia de una enfermedad genética en la familia que también requiere del estudio genético en el niño, o incluso ante la existencia de una condición genética en la que se necesita conocer algunos parámetros sanguíneos, como por ejemplo podría ser el caso del colesterol y la hipercolesterolemia genética (también conocida como hipercolesterolemia familiar).

En el caso de la diabetes, la enfermedad celíaca o enfermedades renales, es igualmente necesario la realización de una analítica sanguínea rutinaria o periódica.

Aún cuando creas que tu hijo/a nunca se ha hecho un análisis de sangre, la realidad es que esto no es del todo cierto. De hecho, apenas unas horas después de nacer, el recién nacido es sometido a lo que se conoce como cribado neonatal, popularmente denominada como prueba del talón, que consiste en la punción del talón para tomar una muestra de sangre y cuyo objetivo principal es el de detectar aquellas enfermedades metabólicas de las que se disponen un tratamiento que, cuando es aplicado precozmente, es útil para mejorar el pronóstico de la patología.

No obstante, en el caso de que existan determinados antecedentes familiares de enfermedades genéticas, los pediatras aconsejan la realización de un primer análisis de sangre de control a partir de los 8 años de edad. De manera que, cuando sabemos que el pequeño debe enfrentarse a su primera prueba, lo más normal es que nos surjan algunas dudas relacionadas con el momento anterior, durante y posterior a la toma de la muestra: ¿debe permanecer en ayunas durante algunas horas? ¿Cómo se hace el análisis? ¿Se requiere algún cuidado especial luego?

Lo cierto es que el análisis de sangre en niños -independientemente de la edad que estos tengan- es absolutamente igual que en los adultos. Pero, en esta ocasión, sí existe una diferencia importante: para la mayoría de los niños, no saber qué va a ocurrir puede acabar siendo más aterrador que saberlo de antemano, de ahí que sea recomendable describirle al pequeño qué ocurrirá en el centro médico durante la realización de la prueba, y lo sumamente importante que es que permanezca quieto.

Evidentemente, las palabras que se utilicen para decirle al pequeño lo que va a ocurrir son igualmente importantes. Se deben usar palabras que los tranquilicen. Y debemos hablarle acerca de lo que verán, oirán, sentirán e incluso olerán.

¿Es necesario que permanezca en ayunas? ¿Qué ocurre durante la prueba?

El pequeño debe acudir en ayunas, aunque todo dependerá del análisis de sangre que se vaya a realizar. Por ejemplo, si se trata de una analítica sanguínea rutinaria, al igual que un análisis de glucosa o de colesterol, en la mayoría de las ocasiones deberá acudir al centro médico sin haber comido nada durante toda la noche.

No obstante, esto no será necesario cuando la prueba consiste en un análisis genético. Eso sí, debe ser el pediatra siempre quien indique si debe estar o no en ayunas, según cada caso concreto.

A la hora de obtener la muestra, el procedimiento que se sigue es igual al que se realiza con un adulto: la persona que tomará la muestra colocará un compresor en forma de tira de goma en el brazo, con el que conseguirá que las venas se llenen de sangre, haciendo con ello que la extracción sea muchísimo más sencilla.

Una vez ha localizado el mejor punto, la piel es desinfectada con un poco de alcohol. Acto seguido se avisa al niño para que esté preparado, habitualmente se le indica que mire hacia otro lugar, que haga caso al papá o a la mamá o que sople, y se realiza la punción.

¿Qué pueden hacer los padres?

Es imprescindible que el papá y la mamá mantenga la calma durante la prueba, y se concentre lo máximo posible en distraer al pequeño, en lugar de observar lo que esté haciendo la persona que va a recoger la muestra, dado que esto hará que el niño también esté pendiente de ello.

En el momento de llevarse a cabo la prueba, la distracción generalmente se convierte en una herramienta bastante útil para cualquier niño, en especial cuando tiene entre 12 meses y 8-9 años. Aunque la mejor manera de distraerlo dependerá directamente de la edad que tenga el pequeño:

  • Niños pequeños de 12 meses a 2 años de edad. Una opción tremendamente útil es distraer al niño con algún juguete que haga ruido y se mueva. Los juguetes luminosos o las burbujas funcionan también muy bien. A esta edad es ideal que seas tú quien sostenga al pequeño. Le proporcionará seguridad.
  • Niños de 3 a 5 años de edad. Lo más recomendable es dejar que el pequeño lleve al centro médico o al hospital su juguete favorito. De hecho, es ideal que lo sujete mientras se le extrae sangre. Como en el caso anterior, los juguetes que producen luz y sonido también pueden ser de mucha ayuda. Nuevamente, a esta edad sigue siendo aconsejable que el papá o la mamá sostengan con seguridad al pequeño.
  • Niños de 6 a 12 años de edad. Cuando tu hijo es todavía algo pequeño, los juguetes que hacen ruido y se iluminan pueden ser aún de bastante ayuda. Un libro o su peluche favorito también. Pero cuando el niño es un poco más mayor, un videojuego portátil o la imaginación (como contarle chistes) puede ayudar.
Christian Pérez

Christian Pérez

CEO y Editor de Contenidos en Gaia Media Magazines, especializado en maternidad, salud, ciencia y nutrición.

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