Salud del niño

Dolor por gases en niños: síntomas y qué hacer

Los gases suelen ser una molestia tremendamente común en niños pequeños y mayores, al igual que ocurre con los adultos. El aire que se trata mientras se habla cuando se come, o el llanto entre los más pequeños suelen ser dos de las causas más comunes, así como el consumo de algunos alimentos.

El dolor de estómago suele ser un síntoma muy común en muchos niños/as. Y sus causas, en realidad, pueden ser tremendamente variadas. En la mayoría de las ocasiones los motivos tienden a ser poco importantes, y a las pocas horas el dolor o las molestias desaparecen. Es lo que ocurre, por ejemplo, con los gases.

Los gases intestinales se caracterizan por ser una molestia digestiva bastante común en niños y en adultos. Y en la mayoría de los casos no es motivo de preocupación, a no ser que el pequeño experimente algo más allá que una pequeña molestia, y le generen muchísimo dolor.

Aún cuando el gas puede ocasionar dolor y bastantes molestias, no debemos olvidarnos que a menudo es algo normal, sobre todo en los recién nacidos y en los bebés pequeños, lo que puede hacer que identificar cuál pueda ser el problema que esté ocasionando los síntomas sea enormemente complicado, especialmente si tenemos en cuenta que todavía no son del todo capaces para expresar qué les duele y dónde.

¿Cuáles son las causas del dolor por gases en los niños?

En los recién nacidos y bebés pequeños, los cólicos suelen ser un problema tremendamente común, que alarma y aterra a muchos padres. Aunque es cierto que todos los bebés lloran (se convierte en la única forma que tienen de comunicar sus necesidades), cuando tienen cólicos el llanto comienza de forma repentina y sin razón aparente.

No se trata de una enfermedad ni de un diagnóstico médico, sino de un término general para el llanto excesivo en bebés, que de otra manera estarían sanos. Esto significa que, por lo general, los médicos tienden a diagnosticar la presencia del cólico infantil cuando el bebé llora al menos tres horas al día, se produce al menos tres días a la semana, y persiste durante al menos tres semanas seguidas.

Por suerte, los cólicos de los bebés no duran para siempre. De hecho, aunque la mayoría de los episodios empiezan cuando el bebé tiene entre 2 a 3 semanas de edad (un poco más tarde si es prematuro), suele alcanzar su punto máximo alrededor de las 6-7 semanas, para luego empezar a disminuir entre las semanas 10 y 12. Así, alrededor de los 3 meses de edad, o un poco más tarde cuando el bebé es prematuro, la mayoría de los pequeños con cólicos parecen estar milagrosamente curados. 

Aunque lo habitual es que el cólico pueda detenerse de forma repentina, o acabar gradualmente, con días buenos y otros malos, hasta que desaparecen por completo. 

Cuando el niño es más grande, el dolor por gases tiende a tener otras causas. Como ya te hemos mencionado, tener gases intestinales es algo absolutamente común y cotidiano. Independientemente de la edad que tengamos, los eliminamos eructando o pasándolo al otro extremo. sin embargo, cuando el gas no pasa fácilmente o no puede ser expulsado con normalidad, a menudo es cuando surge el dolor, así como malestar estomacal, calambres abdominales y esa incómoda y molesta hinchazón.

Es cierto que los niños son particularmente susceptibles a las molestias causadas por los gases, particularmente a medida que sus delicados sistemas digestivos se desarrollan y aprender a mover el gas a través de sus vías digestivas de forma efectiva. 

El gas presente naturalmente en el tracto digestivo proviene de dos fuentes principales: el aire que tragamos y el causado por la descomposición normal de los alimentos no digeridos. La aerofagia (deglución de aire) se convierte en una causa común de la presencia de aire en el estómago. Cada vez que comemos y bebemos, es normal tragar pequeñas cantidades de aire, sobre todo cuando hablamos mientras comemos. Pero comer o beber rápidamente puede ocasionar que la cantidad ingerida de aire sea todavía mayor. 

El llanto también tiende a introducir más aire en el estómago. Como te hemos comentado, el llanto se convierte en la principal herramienta de comunicación de los bebés y niños pequeños, y puede indicar que tienen hambre, sienten calor o frío, están incómodos, necesitan un cambio de pañal o se sienten solos. La dentición también puede provocar el llanto, ya que las encías duelen a menudo, y la producción de saliva adicional contiene una serie de enzimas que pueden causar malestar estomacal. A su vez, todo ello generalmente causa más llanto, lo que puede hacer que los pequeños estén más irritables, por lo que el ciclo continúa.

La descomposición de los alimentos no digeridos también suele ser una causa habitual. Los carbohidratos complejos, como el azúcar, la fibra y los almidones que encontramos en muchos alimentos, así como la celulosa suelen no digerirse normalmente en el tracto digestivo superior, debido principalmente a la ausencia o escasez de algunas enzimas en el cuerpo humano. Esto significa que la comida no digerida luego pasa del intestino delgado al intestino grueso, donde las bacterias inofensivas y normales descomponen la comida, produciendo hidrógeno, dióxido de carbono y, en algunas personas, metano.

Las cantidades de estos gases dependen en gran medida de las diferentes bacterias presentes en el colon, y que digieren o fermentan los alimentos que no han sido absorbidos en el tracto gastrointestinal antes de llegar al colon. Aún cuando el gas es en realidad un subproducto totalmente normal de la digestión, puede causar hinchazón y dolor, especialmente en los niños. 

¿Qué síntomas se producen?

Hinchazón y malestar estomacal

El gas tiende a flotar, y las bolsas de gas pueden quedar atrapadas tanto en el intestino superior como en el inferior. Podríamos decir que el gas actúa de la misma manera que lo haría un corcho, deteniendo o impidiendo el flujo normal de los jugos gástricos, haciendo que la presión se acumule.

Esta presión causa una hinchazón abdominal dolorosa, y si se forman en el estómago, también puede hacer que el estómago se distienda y duela.

Hipo y eructos

Los eructos es la forma en que la mayor parte del aire que hemos tragado sale del estómago. A su vez, también puede surgir el hipo, que ocurre cuando el diafragma se irrita, ya sea por la presencia de una irritación en la garganta o en el estómago, cuando el niño o el bebé se siente excitado o nervioso, o cuando come demasiado rápido.

Así, si un niño presenta eructos o hipo mientras come, puede ser una señal de que posiblemente esté tragando demasiada cantidad de aire durante la alimentación. En estos casos, comer más despacio y con calma puede ayudar, así como masticar bien los alimentos. Las pajitas también se pueden convertir en un inconveniente, por lo que lo ideal es evitarlos.

Reflujo

La acumulación de gases en el estómago también puede originar presión que hace que el contenido del estómago regrese al esófago. Es lo que comúnmente se conoce como reflujo. Aunque es cierto que los niños pueden presentar reflujo a cualquier edad, suele ser más común en niños menores de 1 año.

El reflujo puede llegar a ser bastante doloroso, y a menudo se presenta como una sensación de ardor, el cual se siente en el estómago o en el pecho. 

¿Qué podemos hacer?

En general, aunque los alimentos suelen tener la culpa de que los niños tengan gases, no se debe restringir en la dieta del niño algún alimento a menos que haya sido el pediatra quien lo haya indicado. A veces, es posible ayudar a tratar los gases y los dolores por gases siguiendo algunas de las pautas que te proponemos a continuación:

  • Evitando aquellos alimentos que estamos seguros de que están causando gases en el niño.
  • Evitando las bebidas carbonatadas.
  • Evitando los jugos de frutas con elevado contenido en sorbitol (como el jugo de pera, manzana, ciruela y uva).
  • Evitando aquellos alimentos que tengan edulcorantes artificiales, como los dulces, chicles y las bebidas sin azúcar. 
  • Si se tiene intolerancia a la lactosa, optar por bebidas vegetales, en lugar de la leche de vaca.

En este sentido, evitar los alimentos que suelen causar gases suele ser el mejor tratamiento para aquellos niños con gases excesivos. Entre los tratamientos médicos que se suelen recomendar, la simeticona se convierte en una opción popular para muchos padres, el cual suele tener bastante éxito.

Christian Pérez

Christian Pérez

CEO y Editor de Contenidos en Gaia Media Magazines, especializado en maternidad, salud, ciencia y nutrición.

Continúa leyendo