Sigue el crecimiento del bebé

¿Qué es una ecografía morfológica y para qué sirve?

Es la prueba que se realiza durante el segundo trimestre del período de gestación, que se suele llamar de esta manera porque una de sus prioridades es analizar si el crecimiento del feto es el correcto.

Ecografía morfológica
Ecografía morfológica (Foto: iStock)

A veces lleva a error el hecho de que el lenguaje popular y el clínico vayan por distinto camino. Es normal. No solo pasa con los embarazos, sino que ocurre en todo lo que tenga que ver con la salud. Solo hay que pensar en el esfuerzo que hace cualquier médico para explicar de una forma “terrenal” aquello que es difícil de comprender desde el punto de vista médico para una persona no experta. Y ocurre con las situaciones más complicadas, pero también con otras tan sencillas y cotidianas como la segunda ecografía rutinaria del embarazo, la que tiene lugar alrededor de la semana 20 de la gestación, justo a la mitad. Poca gente sabe que también se le conoce como ecografía morfológica. 

El motivo no es otro que su gran objetivo, analizar qué tal está siendo el desarrollo y crecimiento del feto en cuanto a su forma y sus proporciones. Es un momento clave del embarazo porque la mayoría de las estructuras ya están completas y por lo tanto se pueden descartar malformaciones, por ejemplo, de ahí que se utilice este adjetivo para referirse a esta prueba que tiene lugar en todos los embarazos.

En qué consiste

La ecografía no tiene nada de especial; se asemeja muchísimo a la primera, que tiene lugar alrededor de la semana doce, al final del primer trimestre de gestación. Es una ecografía abdominal, por lo que los futuros papás pueden ver a su pequeño en el monitor que utiliza como guía visual el ginecólogo. Suele durar lo mismo, no más de media hora en los casos en los que se alarga más, aunque muchas veces no se prolonga más de diez o quince minutos, y ni siquiera es necesario acudir a la cita en ayunas. 

Por supuesto, no conlleva riesgos para la salud ni del feto ni de la mamá y tampoco es dolorosa para esta, que el único inconveniente que puede sentir al someterse a la prueba es el escalofrío que da al entrar su piel en contacto con el gel frío que utiliza el personal médico para poder llevarla a cabo. Nada más. Bueno, sí sentirá algo más probablemente, pero no será malo, sino placentero: los movimientos, bruscos o no, del feto en su interior si está despierto al hacer la eco y ya tiene el tamaño y la fuerza suficiente para hacerse notar. 

Si no existen anomalías, el profesional médico citará a la mamá para la tercera y última ecografía de control a finales del tercer trimestre, sobre la semana 36, tras haberle anunciado el sexo de su bebé si estos desean saberlo. Pero si detecta alguna posible malformación o cualquier otro atisbo de que algo no va como debería, la citará para una segunda prueba más exhaustiva. Puede ser una ecografía en profundidad o exámenes médicos como la amniocentesis o la funiculocentesis

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