Ser Padres

Trucos para ayudar a los niños a dejar de morderse las uñas

Desgraciadamente, los remedios caseros no son la fórmula tan eficaz que las abuelas dicen que son, pero sí se puede revertir la situación mediante la comunicación con el niño para saber a qué se debe el mal hábito que ha adquirido.

Autor: Rubén García
Ver a tu hijo morderse las uñas de forma reiterada es como cuando se rasca la cabeza y ha venido en la agenda del cole el sello “Ojo, piojo”. Te entran unas ganas locas de gritar porque sabes que tienes un reto mayúsculo por delante. Y lo sabes todavía más si tú mismo te has comido las uñas alguna vez en la vida porque eres consciente de lo difícil que es cambiar un hábito tan irracional como este.
Saber las razones de por qué se las muerde no siempre lleva a encontrar la solución, pero desde luego es el primer paso que hay que dar para intentar ponerle remedio. Especialmente si el motivo es el estrés, la angustia, la agresividad o la ansiedad, porque entonces el problema “menor” es el de que el niño se coma las uñas.
En otras muchas ocasiones no se debe a algo así que un niño se muerda las uñas, sino a que tiene una personalidad muy introvertida, es hipersensible o simplemente a que ha empezado a hacerlo por imitación y ha cogido la manía. Sea lo que sea, es bueno comunicarte con él y tratar de encontrar cuál es el quiz de la cuestión.

Cuándo empieza este hábito

Este hábito compulsivo, que tiene un nombre clínico, onicofagia, puede aparecer muy pronto, desde los 3 años de edad. Pero no importa tanto la edad a la que aparezca, sino la rapidez con la que se le intente poner solución. De lo contrario, a medida que lo siga haciendo de forma sostenida en el tiempo, además de que será más difícil de dejar para el niño, también puede provocarse graves heridas en los dedos de sus manos, incluso deformidades que por mucho que luego deje de morderse las uñas nunca desaparecerán del todo.

Consejos para que deje de morderse las uñas

El primer consejo para atacar el problema es, como hemos dicho antes, hablar con él. Con franqueza. Para que os explique, si lo sabe, por qué se las come, y para que entienda las consecuencias negativas que un hábito como la onicofagia puede causar. Si entiende que lo que está haciendo es perjudicial para su salud, hay más opciones de revertir la situación con cierta rapidez. Para nada hay que afrontarlo con agresividad o imponiendo castigos. Todo lo contrario, desde el diálogo y la calma.
Para dejar de masticar las uñas de forma compulsiva se pueden aplicar algunos remedios caseros. Hay quien opta por poner algún producto en las uñas que tenga un sabor desagradable y otros porque se acostumbren a tener siempre las manos ocupadas. Por ejemplo, con una pelota antiestrés.
Otros se decantan por poner una tirita de colores o alguna otra señal que le recuerde al niño que lo que va a hacer está mal. Se suelen marcar aquellas uñas que más sufren este mal hábito. Pero nada de esto funcionará si no se sabe a qué se debe que el niño haya adquirido el hábito de comerse las uñas.
En general, además de la comunicación fluida y permanente para encontrar la raíz del problema y poder atacarlo, lo más efectivo para que el niño deje de morderse es acompañarle durante todo el proceso para que no se olvide de que está luchando por cambiar un hábito que tiene interiorizado.
Esto, unido a crear un clima proclive para que, si sufre ansiedad o estrés el pequeño, el problema no se agrave, es lo más eficaz. Y es que no hay nada para que un niño esté tranquilo como una rutina estable que incluya actividad fisica diaria -puede ser la solución si es nervioso y no se mueve mucho- y horarios que no sean caóticos junto a un ambiente saludable en lo que respecta a la convivencia en el hogar y el colegio.
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