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Síndrome de Hikikomori: jóvenes que no salen de sus cuartos

Jóvenes que viven encerrados en sus habitaciones durante meses, absortos por la tecnología y sin ningún contacto social. Conoce este fenómeno que cada vez tiene más casos en el mundo.

Se trata de un trastorno que afecta sobre todo a adolescentes y jóvenes, y que por desgracia cada vez está teniendo más incidencia. El Síndrome de Hikikomori provoca que las personas se recluyan en sus habitaciones y no tengan ningún tipo de actividad social.
La vida la viven desde una habitación de la que no salen y normalmente están refugiados en su mundo virtual. El Síndrome de Hikikomori es una manera de aislamiento social voluntaria que puede aparecer como consecuencia de diversos motivos.
Generalmente, los jóvenes son los que tienen mayor predisposición a sufrirlo, en especial, aquellos que son más introvertidos, tímidos y con mucha sensibilidad. Podríamos decir que se trata de un proceso gradual, ya que poco a poco van aislándose cada vez más tiempo, dejando de quedar con amigos y descuidando sus estudios o trabajos.
Llegan incluso a cambiar sus rutinas diarias, durmiendo por el día, comiendo por la tarde y “viviendo” por la noche, dedicando las horas a jugar a videojuegos o a ver la televisión. Suelen también descuidar sus hábitos de higiene y en algunos casos dejan de comunicarse con sus familiares, llegando a comportamientos violentos y/o a sentimientos depresivos desencadenados por el aislamiento.
El término hikikomori fue acuñado por Tamaki Saito, un psiquiatra que lo utilizó por primera vez en su libro Aislamiento social: una interminable adolescencia (1998).

Síntomas de alerta

  • No quiere ir al colegio o centro de estudios (y es probable que allí sufra acoso escolar).
  • No tiene amigos y puede que haya pasado por algún desengaño amoroso.
  • Tiene nulas habilidades sociales.
  • Tiene una personalidad depresiva y con baja autoestima.
  • No tolera la frustración.
  • Padece insomnio y seguramente cambie los ritmos habituales de sueño (duerme por el día y hace sus cosas durante la noche).

¿Por qué puede producirse?

Lo que debemos tener presente es que la aparición de este problema no se debe a una sola causa, seguramente se haya creado por la unión de multitud de motivos.
Según los especialistas, la tecnología podría ser uno de los factores desencadenantes de este fenómeno, ya que los jóvenes, al vivir inmensos en Internet de manera obsesiva pueden llegar a perder el contacto con la vida real.
Otros también apuntan a causas familiares, ya que el joven puede verse presionado por su familia, además de que puede que haya una mala comunicación familiar en su casa. Unidos a estos últimos motivos también podrían entrar en juego los sociales, ya que la propia sociedad también puede presionar a los jóvenes a no sentirse aceptados. Por otro lado, pero también en relación, encontramos los factores económicos, ya que, debido a los horarios laborales, muchos son los padres que podrían no poder pasar tiempo con sus hijos a menudo.

¿Cómo puede afectar a una persona?

Aunque sea una reclusión voluntaria, los efectos que pueden recaer sobre la salud pueden ser enormes, tanto física, como mentalmente.
No hacer ningún tipo de actividad física (y seguramente llevar una alimentación poco equilibrada) puede acabar desarrollando problemas en las articulaciones, anemias, e incluso, otro tipo de molestias por permanecer demasiado tiempo sin moverse.
Pero sobre todo aparecen efectos en el plano psicológico, ya que el no mantener contacto con nadie hace que las habilidades sociales desaparezcan casi por completo. Además de otras complicaciones internas como tener sentimientos continuos de culpabilidad e inseguridad al ser conscientes del comportamiento que se está llevando.

El fenómeno se extiende más allá de Japón

Se trata de un fenómeno nacido en el país nipón, ya que está asociado a su cultura estricta y más individualista. No obstante, ya cuenta con otros tantos casos en el mundo, aunque es distinto según cada sociedad. De hecho, en los últimos años, también han aparecido casos en España, bajo el nombre de “Síndrome de la puerta cerrada”.
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