Precauciones

Consejos de seguridad para evitar sustos de los niños con las ventanas de casa

Hay dos tipos de medidas que se pueden tomar: de índole educativa para que los peques aprendan el riesgo que conllevan, y funcionales, instalando algún elemento de seguridad o disuasorio.

Los accidentes son una de las principales causas de mortalidad infantil y también uno de los motivos más habituales que obligan a los niños a recibir atención médica de urgencia.

Hablamos largo y tendido de cómo adecuar el hogar a la autonomía de los niños y su necesidad de experimentar con lo que tienen alrededor, del peligro de las piscinas cuando llega el verano y de la trascendencia que tiene la prevención al montar en bicicleta, patinete o coche, pero no son los únicos peligros. 

En casa, sin ir más lejos, se infravalora el riesgo que conlleva no asegurar las ventanas y puertas de salida a balcones y terrazas exteriores. 

Sobre todo en los niños más pequeños, menores de tres años, la curiosidad domina su forma de actuar, a menudo irracional, incapaces de valorar si lo que van a hacer entraña peligro para su salud. A esta curiosidad esencial para su desarrollo que no se debe coartar hay que añadir la falta de conocimiento y control que tienen sobre su propio cuerpo. Ambos factores son decisivos en los accidentes relacionados con las ventanas, balcones y terrazas. 

Qué debemos hacer para evitar accidentes

Para evitar caídas y sustos relacionados con la altura en casa, hay dos tipos de medidas que se pueden tomar: las primeras son de índole educativa y las segundas, funcionales. 

Entre las primeras hay que destacar la importancia de dar ejemplo a los peques no asomándonos en su presencia a las ventanas que dan directamente a la calle cuando están en altura. Inmediatamente querrán imitarnos y el peligro no es que lo hagan en nuestra presencia, es que tengan la misma idea cuando no estéis presentes en la misma habitación.  Somos su modelo a seguir para todo, también en lo que respecto a hábitos que a priori no parecen importantes pero sí lo son. 

Además, es fundamental la comunicación. Explicadles una y otra vez por qué no deben asomarse y por qué es un riesgo. No se trata de meterles miedo para que no lo hagan, sino de que poco a poco entiendan que los actos tienen consecuencias y que hay riesgos que o bien no merece la pena tomar o bien debemos ser conscientes de ello cuando hacemos algo que los conlleva. 

Por último, hay que tener en cuenta tanto la separación de los barrotes en las barandillas si hablamos de espacios exteriores en altura y, sobre todo, los elementos decorativos que dejamos cerca de ventanas y balcones porque pueden utilizarlos para escalar y encaramarse en un despiste de los adultos. Los pueden arrastrar, pero siempre es más peligroso que los tengan a mano, al lado de las ventanas. Pasa lo mismo con sofás, cunas o cambiadores: siempre hay que dejarlos retirados de las ventanas.

Medidas extra

Por otro lado, se pueden tomar medidas de carácter funcional, si bien todas ellas requieren una inversión económica, mayor o menor dependiendo de la opción que elijáis. En las terrazas, por ejemplo, se puede colocar o bien un cierre de vidrio que permita tenerla cerrada de forma habitual y abrirla solo cuando podáis supervisar lo que se hace en ellas, o bien una malla o red metálica que haga las veces de elemento disuasorio: restan las ganas de asomarse y además pueden evitar que una caída vaya a mayores. Son muy útiles también cuando hay gatos en casa, por ejemplo, y estas se pueden colocar también en las ventanas, no así el cerramiento de cristal. 

En las ventanas también son un elemento disuasorio las mosquiteras. No tienen como función principal evitar caídas porque no pueden pararlas debido a su delicadeza pero sí pueden reducir notablemente las ganas de los niños de asomarse por la ventana en un momento dado.

Sí las evitan porque es su cometido principal los bloqueos de las ventanas. Se pueden aplicar en la guía de las mismas, dejando como máximo unos 10 centímetros de apertura,o bien con llave, que se instalan en las ventanas correderas. Cuando son ventanas de hoja también se pueden bloquear con una especie de adhesivos que se colocan en las hojas de vidrio dejando también una opción  de apertura reducida, que evite que alguien pequeño quepa por el hueco que queda abierto. 

Por último, también podéis recurrir a las rejas. Otrora se ponían fijas para evitar caídas y, en zonas accesibles desde la calle, también robos, pero complican mucho una evacuación en caso de emergencia, de ahí que sean más recomendables las rejas que no son permanentes. Se pueden desinstalar fácilmente y cumplen con lo que se las pide: evitar caídas

Rubén

Rubén García Díaz

Papá de dos niñas y periodista, la mejor combinación para que broten dudas, curiosidades, consejos efectivos (también otros que no lo son tanto) y experiencias satisfactorias que compartir en este espacio privilegiado para ello.

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