La culpa

El sentimiento de culpa en los padres: ¿cuáles son los motivos más frecuentes?

La culpa, ese sentimiento que tantas veces aparece en las madres y padres que tan difícil es de calmar. ¿Cuáles son los motivos más frecuentes de esa culpabilidad y cómo se puede lidiar con ella?

madre culpa
Foto Istock

La culpabilidad es una emoción derivada del miedo. Aparece cuando hay una incongruencia entre lo que se hace y lo que uno cree que se debería hacer o ser. Se puede identificar fácilmente dado que suele ir acompañada de la palabra “debería”. Es un sentimiento muy frecuente que surge a lo largo de la crianza de los hijos. Muchos padres detectan una voz interior que observa, evalúa y juzga sus actuaciones. Sería algo así como una “súper-mamá” o un “súper-papá” que resalta constantemente cómo deberías ser como padre y qué estás haciendo mal. Este tipo de voces o diálogos internos alimentan la inseguridad, más aún en padres primerizos, y suelen ser el desencadenante de la culpabilidad

Hay que tener en cuenta que el grado de culpabilidad está muy relacionado con la atención que se le presta a esa voz. Además, este sentimiento de culpa lleva a los padres a aplicar prácticas parentales como el “levantar castigos” o ser incapaces de establecer límites debido a esa emoción, lo que a la larga puede ser muy contraproducente para el desarrollo comportamental del hijo. Por tanto, hay que tratar de gestionarla lo mejor posible.

La culpabilidad en las madres

El sentimiento de culpa suele ser más frecuente en mujeres que en hombres. Esto se debe a que la parentalidad, social y culturalmente, se asocia más al rol de la mujer. Las mujeres tienen más interiorizada a esa “súper-mamá” y las normas que ello implica: los hijos deben ser tu mayor prioridad, ser madre es lo que da sentido a tu vida, los hijos son la clave de la felicidad, no eres una mujer completa si no tienes hijos.

Los motivos más comunes del sentimiento de culpa en las madres y los padres

La forma más sencilla de gestionar la culpabilidad es poder dialogar con esa voz interior. Muchas veces, la “súper-mamá” o el “súper-papá” te hace responsable de cosas que no están bajo tu control y prioriza la parentalidad frente a cualquier situación o la necesidad que puedas tener . Entonces, ¿qué hacer en los casos más frecuentes en los que sentimos culpabilidad?

-  Si no pasamos demasiado tiempo con nuestros hijos. Dedicar tiempo al ocio personal es una manera de cuidar la salud mental y el bienestar psicológico, que tiene un impacto muy grande en la manera que tenemos de relacionarnos con nuestros hijos. Padres sanos indican una crianza sana.

-  Si les gritamos. La mayoría de nuestras reacciones son inconscientes. Es complicado gestionar nuestras emociones constantemente. No podemos ser los padres perfectos las 24 horas de cada día de la semana, pero sí podemos saber pedir disculpas, rectificar nuestros errores y, probablemente, será un aprendizaje mucho más valioso para tus hijos.

-  Si no podemos darles el pecho. Ten en mente que no poder dar el pecho no te hace peor madre. Tanto si ha sido una decisión o un impedimento fisiológico, con la leche artificial tu bebé estará igualmente bien alimentado.

- Si les tenemos que llevar a la guardería con pocos meses. La parentalidad es una parte de tu vida, pero no es el 100 %. Además, lo más probable es que la decisión de dejar a tu hijo en edades tempranas en la guardería se deba a motivos laborales ajenos a tus deseos. La mujer tiene derecho a tener varias identidades, ser mujer trabajadora, ser madre, ser mujer con vida social, y la maternidad no termina con todas esas identidades.

- Si me sorprendo pensando qué fácil era la vida sin hijos. No equivale a no querer a mis hijos ni a arrepentirse de tenerlos. Las emociones usualmente etiquetadas como negativas forman parte de toda relación interpersonal, incluida la relación con nuestros hijos. Tenemos derecho a sentirnos cansados, frustrados, enfadados, a tener miedo. Y esto no significa que el amor que sentimos sea menor, significa que en toda relación ambos tipos de emociones pueden expresarse.

¿Nuestros hijos se sienten mal?

Puede que en el corto plazo sí, pero eso no implica que sea “malo”. Igual que les enseñamos a leer o escribir desde edades muy tempranas, muchas veces dejamos de lado enseñarles a gestionar sus emociones. Una de las formas más útiles y prácticas para que nuestros hijos aprendan a lidiar con su propia culpabilidad o frustraciones a través de los padres, el llamado aprendizaje vicario (o a través de los otros). Es una forma muy valiosa de darse cuenta, que no siempre se puede hacer todo y aprender de la gestión que hemos hecho de la situación, ya sea para imitarla o no.

¿Cómo gestionar este sentimiento de culpa?

El primer paso es identificar cuándo es la culpa quien está hablando o tomando las riendas de la situación. Tras ello, lo mejor es hablar directamente con esa voz y hacer entender a esa “súper-mamá” o “súper-papá” que agradeces que te recuerde tus responsabilidades y que te mantenga alerta; pero que en este momento no es de ayuda. No temas explicarle todo por lo que estás pasando, tus miedos e inseguridades y, ante la duda, prioriza tus necesidades antes que las de tus hijos. Es exactamente igual que si estuvieras en un avión y se despresuriza la cabina. La mascarilla primero te la pones tú y luego ayudas a los demás. Si no, todos saldréis perjudicados. Si este sentimiento te está afectando demasiado, el psicólogo, además, puede ayudarte a entender mejor cuáles son las causas de esa culpabilidad y darte herramientas para gestionarla.

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