Desarrollo infantil

¡Mi hijo muerde! Cómo actuar ante los mordiscos en niños

Mi niño muerde y en la escuela ya ha mordido a varios niños: ¿cómo frenarlo? Consejos para gestionar este tipo de cosas desde la escuela y en casa. ¿Es un proceso temporal? ¿Tiene alguna causa?

mordisco

En la etapa de los 0-3 años, los niños buscan diferentes formas de comunicación y relación, no solo con los adultos, sino con sus iguales, y dado que hay una ausencia de lenguaje oral, sus formas de expresión suelen ser el llanto, los gritos, algunos gestos y por supuesto el contacto físico. Es por ello que es bastante habitual que algunos pequeños pasen fases en las que empujan, arañan, tiran del pelo o incluso muerden.

Hay factores que pueden afectar a la aparición de estas conductas o que pueden ser el punto de inflexión para su emersión. El nacimiento de hermanos, la perdida de algún familiar, o simplemente una mudanza o unas reformas en casa pueden desestabilizar sus rutinas y fomentar problemas en el sueño o la alimentación, rabietas o comportamientos poco adecuados en la relación.

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Es importante tener en cuenta y entender que no suele ser una conducta que pretenda hacer daño al otro, sino más bien una manera de llamar la atención, jugar, quererse posicionar en el grupo o simplemente un impulso repentino.

Son conductas que en general desaparecen con el tiempo, aunque la duración varía mucho según los casos. No es necesario alarmarse, pero sí plantearse una serie de medidas para que las agresiones vayan disminuyendo en frecuencia e intensidad y de este modo evitar sustos mayores.

Es importante que los padres no usemos juegos de peleas o mordisquitos, pues confundimos a los más pequeños, y es bastante complicado para ellos saber cuándo está bien y cuando mal jugar así o con quién hacerlo. Además, aunque nosotros podemos controlar la fuerza o la intensidad cuando interactuamos con ellos, hay que entender que para ellos es imposible y lo que comenzó siendo un juego con otro niño se convierte en un gran mordisco que deja herida.

Si los niños muerden en casa -a nosotros mismos o a otros niños- es importante mostrarles nuestro desagrado ante esta conducta, aunque hay que tener en cuenta que hay que atender antes a la persona agredida que al agresor, puesto que si se trata de una llamada de atención, el hecho de que nos enfademos, regañemos o castiguemos, está consiguiendo su objetivo, que dejemos lo que estemos haciendo para recriminar su actitud.

Hay que explicar y dar estrategias de comunicación a los niños, de esta manera reduciremos la frustración que se puede producir cuando no se sienten entendidos o escuchados. Igualmente necesario es trabajar la inteligencia emocional y la empatía, plantearles que un mordisco duele y pone triste al otro. Preguntarles si a ellos les gusta que les muerdan, ayuda a que se hagan poco a poco más conscientes de la situación.

Cuando nuestros hijos muerden en la escuela infantil, solemos sentirnos avergonzados. Es difícil aceptar que sea nuestro hijo quien hace daño a otro, sobre todo cuando ocurre de forma recurrente y comienzan a aparecer quejas de otras familias. Es muy importante tanto la actitud que toma el centro educativo a la hora de gestionar la actitud del niño como la de transmitir la información a las familias implicadas.

Como padres hay que entender que, en edades tan tempranas, unas veces son nuestros hijos los que hacen daño y en otras ocasiones les harán daño a ellos, tenemos que ser pacientes y comprensivos, evitar etiquetar y buscar y ofrecer recursos, lo que un día nos parece muy grave a la semana siguiente es una minucia.

 

Escrito por Raquel Fernández Ortas, coordinadora pedagógica de la Escuela Infantil Nemomarlin Alcobendas

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